18 de agosto de 2009

El nido del ángel

Entrevista publicada en La Nueva Prensa y en esferapública el 13 de agosto de 2009.

Más de diez artistas, críticos y curadores responden semanalmente un único cuestionario sobre arte, política y vida. Francesca Bellini le hace estas preguntas al artista Mauricio Cruz Arango.


1. ¿Para qué sirve el arte?

Para lo mismo que sirvió ir a la luna. Lo que no impide que alguien pueda ponerse a vender su ‘servicio’ para capitalizar la mediación. Pienso que cualquier definición, cualquier proyección posterior o inmediata, limita su campo de acción.

2. ¿El arte y la política deberían mezclarse?

La política del arte es mezclarse. Si toda actividad humana es social (incluyendo los ‘antisociales’), la pregunta carece de sentido. Entre políticos y artistas, lo que cuenta son las excepciones.

3. ¿Ha llegado la hora en que los políticos sean reemplazados por los artistas?

¿De dónde proviene la idea de que los artistas (a priori) sean mejores que los políticos? Será porque el arte, todavía, es una palabra con estatus. Otra cosa, como parece que está sucediendo, es que intercambien papeles estratégicamente para ganarse los favores del público.

McLuhan, en 1970, observó: “Confrontados con el nuevo ambiente de la radio, el negro americano creó el jazz –una forma de arte que integraba todas las culturas del mundo. El establecimiento no se dio cuenta de esto y comenzó a ‘integrar’ al negro.”

4. ¿Cree usted que el arte es una forma válida de activismo?

Mientras que los ‘activistas’ buscan transmitir a los otros artistas una culpa por no corresponder a una situación específica, es decir, por no ‘servir para algo’, las nuevas tecnologías permiten un tipo de actividad y cubrimiento con sutiles y profundas consecuencias sociales sin necesidad de ampararse en una particular ideología. La diversidad es la regla.

5. ¿Debe haber ética en el arte?

La exigencia que el arte supone es ya suficiente. Lo demás es parcial, doctrinario. Por lo general, el tonito moral que se está utilizando sirve apenas para maquillar ‘socialmente’ carencias evidentes de talento.

6. ¿Qué no es ético en el arte?

Meter gato por liebre. Apoyarse ortopédicamente en la ilusión ‘conceptual’ del espectáculo. Un efecto puramente mediático que no logra instalarse en la siquis realmente. Una seducción sin consecuencias.

7. ¿El arte es una forma de lucha?

El arte es, ante todo, una lucha contra las dificultades que el arte mismo supone. Después viene aquello de si uno lo enfoca o no hacia otros propósitos. Mi posición en este caso depende de aquello que tenga entre manos. Por ejemplo, ¿qué diferencia habría entre investigar ciertas funciones del lenguaje, escribir observaciones sobre la cultura norteamericana, o cubrir una superficie con pintura de acuerdo a una particular estrategia? Todo esto, para mí, son problemas.

8. ¿Se considera un artista político o un artista crítico?

La crítica es una actitud espontánea y natural puesto que todo acto de conciencia, al ser reflexivo, la incorpora. Toda situación supone decisiones, es decir, crítica: que si esta coma aquí, que si este color o elemento allá, que qué medias me pongo... Sin embargo, más que ‘criticar’ sistemáticamente (postergando neuróticamente el ejercicio creativo) me interesa más poder hacer ver, mostrar algo.

9. ¿Para qué hace su obra?

Para explorar relaciones posibles entre imágenes, palabras, ideas y cosas. Para intentar resolver, artística y plásticamente, el enigma que se va presentando.

10. ¿Para quién hace su obra?

No lo sé. Lo que que sí tengo claro es que yo soy el primer espectador calificado. De todos modos esto es algo bastante gratuito pues pienso que, en últimas, es la obra quien genera y convoca el público adecuado.

11. ¿A qué artistas admira?

Mi lista (en Facebook) es esta: Fidias, Carpaccio, Durero, Van Eyck, Giorgione, Le Nôtre (jardinero), Jean Goujon, Velázquez, el Greco, Hokusai, Ingres, Grandville, Géricault, Van Gogh, de Chirico, Munch, Magritte, Giacometti, Duchamp, Johns, Cage, Guston, Walker Evans (fotógrafo), Reinhardt, Cragg, Cattelan, David Lynch (cineasta)... A los que habría que añadir: Winsor Mcay, R. F. Outcault (The Yellow Kid), Chris Ware, Jean-Jacques Sempé, Chester Gould (Dick Tracy), Richard Mcguire, David Carson...

Como podrán darse cuenta, en este ejercicio de ‘crítica’ todavía no he incluido a ningún colombiano.

12. ¿A quién censuraría si pudiera?

Al entrometido arribista que capitaliza el trabajo legítimo de otros. Un espectro vampiresco verdaderamente muy amplio.

13. ¿Qué le molesta del mundo en el que vivimos?

El fanatismo. Los lugares comunes. La actualidad ignorante. Las inflaciones mediáticas. La vulgaridad descarada y triunfante.

14. ¿Tenemos esperanzas de salir del atolladero?

Ninguna. El 'atolladero', como usted lo llama, es el caldo de cultivo de todas las cosas. Paradójicamente, el ‘mierdero’ es el nido del ángel.

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9 de febrero de 2009

Duchamp y Matisse

Por Ulf Linde

Publicado en la revista Gradiva #9, Año IV, octubre de 1990
(traducción del francés: mauricio cruz)


Sobre el color de Matisse -color en el sentido acostumbrado de calidad del color- uno no tiene ningún asidero. Es transparente, tenue tal vez, pero una vez que usted abandona sus cuadros, verá que lo han capturado. ... Matisse me interesa enormemente.
Marcel Duchamp
*

A la luz del escepticismo con el cual consideraba todo arte "que apele a los sentidos", la admiración de Duchamp por Matisse parece casi inexplicable; ¿dónde podría uno encontrar una pintura más dificil de explicar a un ciego que aquella de Matisse?

Las líneas que he citado como encabezamiento pueden también parecer intrigantes desde otro punto de vista. ¿El color de Matisse no impresiona, precisamente, sobre el momento? Sin embargo Duchamp percibe toda su intensidad después -"cuando usted abandona sus cuadros... ". Dice que el color de Matisse es tenue, pero no dice nada del rojo, el azul, el verde, tan intensos... ¿En qué sentido, entonces, puede pretender que sea difícil tener un asidero sobre esta simplicidad de tono? ¿Habrá respondido a su entrevistador con un ápice de ironía?

De ninguna manera. Muy probablemente Duchamp cumplió aquello de lo cual dijo que ningún espectador calificado podría abstenerse, es decir, que "el espectador establece el contacto de la obra con el mundo exterior descifrando e interpretando sus calificaciones profundas".[1] En cuanto a lo que es el color de Matisse -azul por ejemplo- no le preocupa, lo que sí le interesa, es lo que ese color significa: habiendo establecido un contacto entre el color y "el mundo exterior", sabe, por haberlo sentido, que esa relación -término que Matisse prefería a cualquier otro- subsiste aún después de haber abandonado lo que se ha visto.

Un prejuicio ampliamente difundido quiere hacer creer que las palabras serían a priori más "abstractas" que los elementos constitutivos de una pintura, que las manchas de color por ejemplo. Sin embargo, muchos de los que poseen la experiencia requerida para permitirse tal comparación, han podido convencerse de que los buenos poemas pueden hacer surgir "visiones interiores" mucho más precisas que las malas pinturas.

Courons vers l'horizon, iI est tard, courons vite,
Pour attraper au moins un oblique rayon!

(Corramos hacia el horizonte, se hace tarde, corramos rápido,
Para atrapar al menos un oblicuo rayo!).

¿Cuántos paisajes pintados tienen la capacidad de hacer ver tan claramente como estas líneas de Baudelaire? De acuerdo, podría señalarse que un paisaje pintado, incluso si es un pegote, ofrece un número mayor de indicaciones: aquello, es un arbusto; y aquello, un arroyo, etc. ¡Podríamos extender la lista! Pero si se trata de una mala pintura esta serie de constataciones no va más allá de lo que se obtendría de un léxico con las palabras arbusto, arroyo, etc. Lo que significaría, en últimas, que los elementos de una mala pintura -así como las palabras de un léxico- no representan más que conceptos. (Este criterio negativo es igualmente aplicable a una pintura "abstracta" por ejemplo en la que un cuadrado verde no representa más que el concepto "cuadrado verde".)

Pero en realidad no se trata tan sólo de malas pinturas. Lo esencial es el acto mental por el cual se determina el sentido de un signo, sea éste escrito o pintado, estableciendo "el contacto de la obra" con... un concepto. Para el nominalista que fue Duchamp, este acto era netamente insuficiente. Las indicaciones acerca de lo que es el objeto representado en el cuadro, sobre lo que es el color que uno ve... todo aquello no podrá dar nada más que clasificaciones. Sería perfectamente posible construir un aparato que se encargara de tales clasificaciones sin lograr jamás registrar "la misteriosa perplejidad" que es para Duchamp lo propio del arte: "la víctima de un 'eco estético' se encuentra en una situación comparable a aquella de un enamorado o un creyente que abandonando su ego exigente se somete perdidamente a una deleitable y misteriosa perplejidad", según dijo. En nuestro contexto, no sobra resaltar hasta qué punto esta anotación se asemeja a aquello que Duchamp decía de Matisse: "... una vez que usted abandona sus cuadros, verá que ellos lo han capturado".

Si las palabras "un oblicuo rayo" se leyeran en un manual de óptica, representarían cualquier rayo oblicuo, es decir, una idea general, un concepto. Serían pues incapaces de suscitar "un eco estético", en el sentido en que lo entiende Duchamp. Y ya que este eco se percibe en la lectura de Baudelaire; encontramos ahí sin embargo las mismas palabras sólo que esta vez despiertan una visión interior única, que surge de lo más profundo que cada cual lleva en sí: precisamente la experiencia de la cual Duchamp ha dicho un día que era "la explosión solitaria de un individuo entregado a sí mismo".[2]

Pero esta "explosión poética" no se produce sobre la retina. En cambio, puede ser provocada por una impresión visual, por una pintura, así como por un poema. Un color negro, sobre un cuadro de Matisse, puede muy bien generar una fuerte visión interior -un "eco"- de una intensa claridad, y un rojo de cadmio luminoso, un "eco" ensombrecido. La poesía, "la explosión solitaria", no coincide con la sensación visual -aquella de un "azul" por ejemplo- que pueda designarse por una palabra, un término conceptual. Para quien ha vivido esta irracional revelación, ese milagro que produce el color de Matisse, no le es difícil comprender en qué sentido Duchamp pretendía que uno no tenía asidero sobre el; ya que es de una inatrapable, de una indefinible precisión: exacto, sin tener que conformarse a un sistema. Tampoco es difícil comprender porqué podía decir: "El más grande de todos es Matisse".
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N. T.
[1] El acto creativo
Session on the Creative Act. Convention of the American Federation of Arts. Houston, Texas, April 1957. Participants: Professor Seitz, Princeton University. Professor Arnheim, Sarah Lawrence College. Gregory Bateson, anthropologist. Marcel Duchamp, mere artist.
[2]
Colegio -Ha de ir el artista a la Universidad?
Texto de una alocución (en inglés) pronunciada por Marcel Duchamp a raíz de un coloquio organizado en Hofstra el 13 de mayo de 1960.
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* Leyendo la entrevista concedida por Duchamp a la revista Art and Decoration, New York, 1915 (recién desempacado de Paris a su temprana celebridad 'americana') me encuentro con la frase que introduce este texto, evidentemente más completa:

Redon est une des sources où Matisse s'est abreuvé, consciemment ou no. La couleur de Matisse n'a pas la solidité de celle de Cézanne, mail il ne faut pas le regarder de la même façon. Il n'y a rien que vous puissiez saisir dans la couleur de Matisse, pas dans le sens ancien de la qualité de la couleur. Elle est transparente, fin, peut être, mais quand vous vous éloignez de ses peintures vous vous apercevez qu'elles se sont emparées de vous.

2 de julio de 2008

Por el lugar de los jardines

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -Dic 1 de 1995















Como dice Derek Clifford en su clásico libro A History of Garden Design: "Hubo una época en el siglo XVI en Italia, en el XVII en Francia, y en el XVIII en Inglaterra, en donde fue considerado un arte muy importante, tal vez el más importante, uno en el que todos los otros se encontraban. Pintores, arquitectos, escultores, poetas y filósofos ofrecían sus mentes a la comprensión de su naturaleza y el perfeccionamiento de su práctica."

Los jardines, sea cual sea su escala y concepción, están construidos sobre la idea del Paraiso, de ahi que su referencia sea necesariamente original, anterior. Sin embargo, el tema constante es que los jardines reflejan la ‘naturaleza’ esencial de la sociedad a la cual pertenecen. Privilegiado punto de encuentro entre naturaleza y cultura.
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Los encuadres:

1. Representaciones medievales del Paraiso como EDÉN. Puede apreciarse el cerramiento del espacio: uno con una puerta roja custodiada y el otro con una muralla. Se trata del Hortus Conclusus o 'huerto encerrado' representando la intimidad protegida de ese espacio perfecto. Asimismo, se muestra la idea de los cuatro rios o direcciones cardinales que brotan del centro, coincidiendo con la figura de la fuente de agua viva. El la Kabala, el PARDES es el dominio del conocimiento superior, las cuatro consonantes (PRDS -Paraiso) corresponden a los cuatro grandes rios.

2. En este tapiz turco con la imagen del árbol central o ‘Árbol de Vida’, puede apreciarse el territorio ornamental adjudicado al Paraiso. La alfombra es entonces (con árbol o sin él) un espacio simbólico que se lleva consigo a manera de un jardín portátil. Como subraya Abû Ya’ q’ û Sejestani, JANNAT (el paraiso) recubre el término persa que significa “un jardín flanqueado por árboles frutales, plantas olorosas y corrientes de agua viva. ... Igualmente, los altos dones infusos de la inteligencia y del alma son el jardín de la clara percepción interior. Alá es el jardinero.”

3. La otra variante del paraiso terrestre es esta representación de una ciudad utópica: la Jerusalem Celeste, imagen de una totalidad cultural, reintegrada. La fuente en el centro la relaciona, genéticamente, con el jardín. Sin embargo, aqui la Cultura toma la iniciativa sobre la expresividad y exotismo del ‘desorden’ natural, ya que los jardines han sido por lo general una proyección del control humano. Una imagen elocuente del poder.

4. El ejemplo característico del jardín italiano es el de Villa d’Este en Tívoli. La ocupación del espacio en un territorio enfáticamente escalonado y la diversidad de los juegos de agua -como la sorprendente Fuente del Órgano y las Cento Fontane- asi como los grupos escultóricos lo convierten en un complejo e imbricado ‘texto’ material. No en vano fueron los romanos quienes llevaron el jardín a los más complejos refinamientos mezclando audázmente arquitecturas, estatuas, escaleras, fuentes, grutas y toda clase de estanques, cascadas y fuentes sometidas ingeniosamente tanto a la ley de la gravedad como a la expresión de una voluntad imperiosa. Fue directamente del Islam que los italianos aprendieron el arte de los juegos de agua, así como el arabesco ornamental copiado -según dicen- por Leonardo a partir de encuadernaciones islámicas.

5. Versalles, con el trazado extendido y rigurosamente geométrico de sus múltiples perpectivas que le corresponde al ‘jardín formal francés’, se abre más decididamente hacia el horizonte proyectándose desde las arquitecturas formidables del palacio de Luis XIV, el Rey Sol. El jardinero Real, André Le-Nôtre, fue uno de los más extraordinarios de todos los tiempos, adjudicándole a este arte una amplitud y un refinamiento en acuerdo perfecto con la tradición heredada de su padre y abuelo, ambos jardineros. En palabras de B. Jeanel, “un jardín no puede juzgarse más que cuando logra expresar, escondido en la armonia de sus arreglos, la suma de conocimientos que sostienen los nuevos imperativos éticos del poder”.

6. El jardín inglés, en cambio, reaccionando de modo radical a este tratamiento ‘controlado’, se dispone en amplios ordenamientos camuflados en los accidentes y ritmos naturales. En Stowe, el más influyente jardín de la época -diseñado sucesivamente por Bridgeman, Kent y Brown en la primera mitad del siglo XVIII- los estanques, caminos y masas de vegetación son intencionalmente irregulares. ‘Capability’ Brown, el así llamado maestro que convirtió los jardines en lo que hoy se conoce como ‘paisajismo’, llevó este planteamiento a sus últimas consecuencias: el paisaje parece natural pero todo es puesto ahí artificialmente en un despliegue escenográfico de pura transparencia. Como si los ingleses hubieran descubierto que su idea de jardín no era muy diferente a su propio paisaje, haciendo de esa constatación el acto de fe que pusiera sus jardines naturales en capacidad de competir con lo que en otros paises fuera un esfuerzo organizado de la imaginación. Como dijo Whistler, equívocamente, “decirle al pintor que es necesario tomar la naturaleza tal y como es, equivale a invitar al pianista a sentarse en el teclado.”

7. En Persia, como en Japón, la significación del jardín asume un sentido no sólamente cósmico sino también metafísico. En el jardín Zen japonés (de piedras o arbustos tallados, distribuidos sutilmente sobre un fondo o lecho de arena rastrillada) la disposición de estos materiales desnudos y simples parece invocar otra cosa a partir de su mera presencia. El vacio, noción principal de la mentalidad oriental, resulta en esta caso ‘substancial’ en cuanto no se trata sólamente de una serie de objetos-en-el-espacio como del arreglo estratégico de una dimensión de intervalos sensibles entre las cosas.
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No deja de ser extraño que la historia del arte desconozca en sus registros actuales el elevado y muy complejo arte del diseño de jardines. Tal vez esto se deba, entre otros factores, a que estamos frente a una forma de expresión que supone unos excedentes de energía y una concepción del tiempo extendido y constante que épocas tan atareadas como las nuestras no están en capacidad de atender.

Si el jardín ha sido un lujo y un placer, “una ensoñación del mundo que –al mismo tiempo- nos transporta fuera de él”, es posible que ahora, cuando el desequilibrio es ya una señal ambiental, sea precisamente esta actividad la que podria interesarnos. No ya como un lujo agregado, en el sentido histórico, tradicional, sino como una pura cuestión de supervivencia: el arte de la recuperación de lo natural.
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5 de junio de 2008

El cuestionario Proust reciclado

Re-edición de un artículo publicado en la Revista Estrategia económica y financiera -Septiembre 15 de 1995.

Manuscrito autógrafo de M. Proust, hacia 1885. Album inglés encuadernado
y titulado: Confessions. An album to record thoughts and feeling.














Si bien las preguntas que conforman este cuestionario -un juego doméstico de origen inglés- no son ocurrencia del escritor Marcel Proust (1871-1922), lo que lo erigió en prototipo fueron sobre todo las respuestas sensibles y agudas que dio, primero a los 14, revelando un refinado y directo perfil femenino en un adolescente educado, y luego a los 20 introduciendo diferencias sutiles y netas en su psicología personal. Desde entonces son muchas las personas, y los personajes, que se han ensayado en esta oportunidad de retrato. Equivalente portátil del psicoanálisis freudiano que surgió ‘a caballo’ (últimos caballos) entre el XIX y el XX. El mismo período sobre el que se extiende la vida de Proust.


Sin embargo, a pesar del valor documental de los sentimientos y aspiraciones de la época registrada en estas ‘detectivescas’ preguntas, se siente que carecen (como otros habrán ya notado) del mobiliario cultural al que estamos habituados. Lo que se propone, entonces, es una actualización comentada a partir de las preguntas adaptadas por Proust y una que otra question agregada.
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LAS PREGUNTAS (tomadas de los dos cuestionarios) más 13 sugerencias

[1] ¿Cuál sería para mí el colmo de la miseria? (Quel serait mon plus grand malheur?) Siguiendo la inclinación de sus “hábitos introspectivos anormalmente desarrollados”, la pregunta nos enfrenta con sencillez despiadada a uno de aquellos fantasmas que gobiernan los terrores humanos. En contraste,

[2] ¿Dónde quisiera vivir? (Le pays où je désirerais vivre) reacciona a la miserable situación anterior con ensoñadora y turística compensación geográfica. Igualmente,

[3] Mi sueño de felicidad (What is your idea of earthly happiness? -en el original inglés; Mon rêve de bonheur -versión Proust) no hace más que deslizarse por el tobogán del deseo señalado por el punto ‘de fuga’ de la proyección anterior.

Por esenciales, estas tres preguntas conservan vigencia. Todas interrogan la misteriosa y atávica incomodidad que percibimos con frecuencia, o a ratos, en la vida. La tercera, en cambio, si nos atenemos a la precisión (‘terrenal’) del inglés, permite suponer la posibilidad hipotética de una felicidad ‘extra-terrestre’. Pues, como dice la doctrina científica, a falta de “cielo” buenos son planetas.

[4] ¿Cuáles faltas me inspiran mayor indulgencia? (Fautes qui m’inspirent le plus d’indulgence) tiene en cambio el mérito de resumir en un espíritu más tolerante y más práctico (más aterrizado) la intimidación patriarcal de los Diez Mandamientos. Mientras que la siguiente, más selectiva,

[5] Mis héroes de novela favoritos (Mes héros dans la fiction) pone al descubierto la ansiedad del escritor por la supervivencia literaria de sus personajes (la propia). Lo que podríamos hoy complementar por un “reparto estelar” más cinético, acorde con nuestra idea de lo legendario y lo mítico:

+ Mis superhéroes favoritos (suponiendo que los actores, haciéndo de héroes, adquieran virtudes bajo el efecto hipnotizante que el espectáculo produce en nuestra mente). Pregunta que incluye, en la misma medida, a nuestros héroes de historieta dibujados en cómics.

[6] Mis personajes históricos favoritos (Who are your favorite characters in history?) es una que viene enmarcada en dorado (bastante europea) y que tendrá validez mientras quede memoria -o hasta que el personaje en cuestión sobreviva al desgaste infligido por los medios masivos. La adolescente respuesta de Proust: “Una mezcla de Socrates, Pericles, Mahoma, Plinio el jóven y Augustin Thierry”, revela de todos modos afinidades combinatorias con el mito moderno de Frankenstein.

[7] Mis heroínas favoritas en la vida real (Mes heroïnes favorites dans la vie réelle) resulta ser una forma moderna de galantería al momento de sacarlas del reino intocable de la imaginación hacia el campo de pruebas de la vida real. “Una mujer de genio llevando una vida corriente” (A woman of genius leading an ordinary life), como anticipó la famosa respuesta de Proust, a los 14! -y que en la segunda versión dejó sin contestar. La que a propósito de logros sociales deriva en:

+ Lo qué pienso de la liberación femenina

[8] Mis heroínas favoritas en la ficción (Mes héroïnes favorites dans la fiction) retoma con inocultable adicción la sublimación fantasiosa ante el encanto de siempre. Labor continuada por la industria del espectáculo y la publicidad con recursos formales aún más explícitos; todo con el fin de orientarnos hacia algo más ‘concreto’:

+ Las actrices y modelos que prefiero

Responder las que siguen:

[9] Mis pintores favoritos (Mes peintres favoris) y

[10] Mis compositores preferidos (Mes compositeurs préférés) supone la existencia de un fondo tradicional, cultivado. Notando de paso que la pintura (Picasso) dejó hace rato de ser popular, mientras que la música lo es cada vez más gracias a su capacidad de comunicación instantánea y a las tecnologías implicadas en su conducta tribal. Así, televisión (-) pintura (+) imágenes en movimiento y sonido (=) culturas de consumo veloz. [Tal vez, cuando la lentitud se convierta en un arte, la pintura tomará su revancha]. Resumiendo, y para introducir la noción multimedia, preguntamos:

+ Los artistas que más me interesan

Por su parte,

[11] La cualidad favorita en el hombre (La qualité que je désire chez un homme) y

]12] La cualidad favorita en la mujer (La qualité que je désire chez une femme), admiten todavía una cierta curiosidad heterosexual a pesar de todos los intentos -desafortunada o afortunadamente fallidos- de resolver la diferencia.

[13] La ocupación que más me gusta (Mon occupation préférée) y

[14] Aquello que quisiera ser (Ce que je voudrais être) enfrentan una actividad y un deseo a ver qué tan grande resulta la brecha entre un presente satisfecho y un futuro por ver. Por otra parte, si consideramos algunos detalles del lenguaje empleado (las diferencias entre el qué, el aquello, o el quién), el cambio de “quién quisiera ser” por “aquello que quisiera ser”, supone posibilidades que desbordan las identidades humanas hacia una serie de “encuentros cercanos de cualquier tipo”. Legión de criaturas, entidades, u objetos en los cuales podríamos encontrar alguna oportunidad de evasión.

Mientras tanto, ante la estadística escasa de que esto pudiera llegar a suceder, la pregunta podría convertirse en

+ Aquello que quisiera tener. Ser y/o tener, única pregunta del cuestionario hamletiano... Y toda la oferta tangible y medible que los ardides pragmáticos del “american dream” nos puede ofrecer.

[15] El rasgo principal de mi carácter (Le principal trait de mon caractère) resulta en cambio introspectiva en el sentido de que apunta socráticamente a la intención principal del cuestionario: conocerse. Como dijo Proust, “las personas enfermas se sienten más cercanas a sus almas.”...

Lo que no tiene mucho que ver con la solución adrenalínica que subyace en el ‘espíritu’ competitivo. ¿Hay alguien acaso más feliz que un comentarista deportivo?


Ante esto,

[17] Mi color preferido (La couleur que je préfère), así como

[18] La flor que más me gusta (La fleur que j'aime –agregada por Proust al cuestionario original), son preguntas clásicas, de reinado de belleza, certificando ambas la necesidad imperiosa y visual del bálsamo estético. En todo caso -y esperando que el invisible poder terapéutico de las ‘esencias florales’ le añada complejidad a la pregunta por la flor- resulta un tanto extraño que Proust, aislado en su legendaria habitación forrada en corcho, pretendiera también poner a raya el impetuoso reclamo olfativo. Agregamos entonces (por aquello del sugestivo olor que desprenden las almendras en las madeleines[1]) la pregunta que falta:

+ El aroma que más me impresiona, ofreciendo así mismo un espectro más amplio.

La que sigue, más zoológica,

[19] El pájaro que prefiero (L'oiseau que je préfère), y entendiendo que existen culturas de elevada conciencia ornitóloga –sensibilizadas en el entrenamiento perceptivo de las acuarelas y la poesía- nos resulta igualmente parcial. Sobre todo si tenemos en cuenta la variedad (cada vez menor) de la fauna no antropoidea y el juego de analogías insólitas que puede suscitar. De ahí que nos atrevamos a sugerir una opción admirativa más amplia sobre tan increíble repertorio:

+ Los animales más sorprendentes

De allí, el escritor en Proust -casi todo- retorna a la familiar

[20] Mis autores favoritos en prosa (Mes auteurs favoris en prose) y a su inevitable pendant

[21] Mis poetas preferidos (Mes poètes préférés), suponiendo la sobrevivencia de esa especie también en peligro: el lector. Un par de preguntas que podrían plantearse más polémicamente, ya sea indagando por el estatus actual de la poesía,

+ Aquello que me resulta poético,

o por el arte de los directores de cine,

+ Los directores de cine que prefiero.

Continuando con este registro ejemplar,

[22] Mis héroes en la vida real (Mes héros dans la vie réelle), y su variante en género y lugar,

[23] Mis heroinas en la historia (Mes héroïnes dans l'histoire), ponen de manifiesto los tres espacios imaginarios en Proust: la historia, la ficción, y la vida real. Precisando que la idea popular del ‘héroe’ actual difiere significativamente del héroe antiguo en cuanto los de ahora -aparte del heroismo fugaz, de noticiero, o héroe del día anticipado por Warhol[2]- son más pragmáticos y bastante más instrumentados. Como si la tecnología implicada en el adiestramiento normal mercenario (Rambo X, Terminator), otorgara un ‘valor’ agregado. La pregunta entonces sería:

+ ¿Qué pienso de los héroes?

[24] Mis nombres favoritos (Mes noms favoris), aparte de la desapercibida proyección cabalística de los padres fascinados ante el nuevo retoño, esta pregunta nos hace pensar en las ocupaciones creativas del dandy, el crítico, el ocioso. Labor bautismal que mantiene esta pregunta vigente, tal cual.

[25] Lo que detesto por encima de todo (Ce que je déteste par-dessus tout) no debería por su parte ignorar la función terapéutica que podría tener una respuesta directa, diríjase o no a sí mismo -Muy advertidos de que la fijación en gustos y disgustos construye laboriosamente su jaula.

[26] Personajes históricos que más desprecio (Personnages historiques que je méprise le plus) continúa con el mismo veneno tardío -decir ‘Hitler’, aunque sea verdadero, no es muy original. Siguiendo con la tónica,

[27] El hecho militar que más admiro (Le fait militaire que j'admire le plus), una como para coleccionistas de soldaditos de plomo, resulta más bien napoleónica. Hoy por hoy podría indagarse por alguna proeza tecnológica, incluyendo por ejemplo el debate de si las bombas atómicas de Chirac en el ‘Pacífico’ son afirmaciones científicas o peligrosos rugidos políticos pasados de moda.

+ El hecho humanitario que más admiro ofrecería por su parte un contraste valioso a la ferocidad ancestral que sostiene la belleza estratégica del eventual casus belli o ‘motivos de guerra’. De ahí que a


[28] La reforma que más admiro? (La réforme que j'estime le plus) podría agregarse la variante inventiva como factor no-ideológico de reformas profundas. Ejemplo: la reciente aplicación de códigos genéticos al lenguaje del computador con el objeto de producir vida artificial (!)

+ La invención más sorprendente

Las que siguen pretenden tentar nuevamente la posibilidad personal, ensoñadora:

[29] El don natural que quisiera tener (Le don de la nature que je voudrais avoir) y

[30] Cómo quisiera morir (Comment j'aimerais mourir) representan inquietudes naturales que, según los avances imaginables de la bioquímica, podrían conducir hacia un tipo de prótesis biónicas o drogas metafísicas (el ‘cielo’ en un frasquito) para ayudar a mitigar seriamente ya sean limitaciones precisas o casos terminales.

La penúltima,

[31] Estado presente de mi espíritu (État présent de mon esprit) es una pregunta muy útil para aterrizar de las dimensiones históricas y ficticias a una “realidad” que permanece por siempre, queramos o no, entre comillas.

Para terminar, Proust contesta la muy medieval

[32] Mi divisa (Ma devise) al estilo de los torneos en donde la reluciente armadura y su emblema distinguen al caballero en la decisiva batalla contra él mismo. Respuesta que podría inclinarse hoy en día hacia otro tipo de ‘divisas’:

+ Mi slogan, que es como se llama en el torneo económico actual a esta declaración.
...

Notas

1. The Proust connection
http://en.wikipedia.org/wiki/Madeleine_(cake)
Madeleines are perhaps most famous outside France for their association with involuntary memory in the Marcel Proust novel À la recherche du temps perdu (Remembrance of Things Past in the first translation, more recently translated as In Search of Lost Time), in which the narrator experiences an awakening upon tasting a madeleine with limeflower tea:

“She sent out for one of those short, plump little cakes called petites madeleines, which look as though they had been moulded in the fluted scallop of a pilgrim's shell. And soon, mechanically, weary after a dull day with the prospect of a depressing morrow, I raised to my lips a spoonful of the tea in which I had soaked a morsel of the cake. No sooner had the warm liquid, and the crumbs with it, touched my palate than a shudder ran through my whole body, and I stopped, intent upon the extraordinary changes that were taking place…at once the vicissitudes of life had become indifferent to me, its disasters innocuous, its brevity illusory…”
— Remembrance of Things Past, Volume 1: Swann's Way.

2. Warhol predijo con certeza el fenómeno de la fama fugaz instantánea cuando dijo que “todo el mundo será famoso al menos durante 15 minutos”, lo que no hemos hecho más que confirmar.
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Vínculos

Acerca de:
http://fr.wikipedia.org/wiki/Questionnaire_de_Proust

Las respuestas de Proust:
The Infamous Proust Questionnaire
http://www.chick.net/proust/question.html

Para contestarlo uno mismo: [versión de 26 preguntas]
http://pagesperso-orange.fr/chabrieres/proustquestionnaire.html

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4 de junio de 2008

Arqueologías del presente

Reseña publicada en revista ESTRATEGIA económica y financiera -Septiembre 15 de 1995

(una pregunta a partir de Ensayo General, exposición de arte contemporáneo en la Luis Angel Arango)

Antes, el artista trabajaba pensando que sus obras podían llegar a inscribirse finalmente en el espacio prestigioso del museo después de haber pasado por algunas colecciones privadas, acumulando prestigio a través del tiempo, gradualmente, como en esas pinturas chinas que se van adornando con los sellos de sus diferentes propietarios en una especie de curriculum explícito alrededor de la imagen. Ahora, el artista trabaja directamente para el museo en un acto inmediato de valoración, prescindiendo de los juicios de tiempo que el museo, en cuanto depósito de valores o tradición, suponía. Los filtros de la crítica, sobran.

Desde que se puso de moda la instalación (especie de escenografía ampliada a partir del collage con cosas de lo más heterogéneas), el problema de los espacios contextuales del arte y sus maniobras de valoración se ha hecho cada vez más evidente. Una instalación no es solamente aquello que se instala sino también, con frecuencia, el acto temporal en que se inscribe su puesta en escena teatral. También es usual que las obras, en ausencia del artista, vengan acompañadas de un verdadero manual de instrucciones con los detalles precisos relativos al montaje y a su correcta manipulación; sobre todo cuando las propiedades de los objetos y los materiales que intervienen poseen un carácter insólito y precario, altamente vulnerable -como coleccionar, por ejemplo, dos metros cuadrados de pólen o una laja de mármol cubierta hasta los bordes de leche (piezas de Wolfgang Laib) sin que el polvo contribuya o que el viento irrespete o evapore su tenue perímetro.

Pero como esto no ha de ser un obstáculo a las necesidades expresivas del artista, la instalación, cuando no aparece inicialmente destinada al espacio público y/o a su posterior destrucción (quedando sólo el registro o documento) está siendo pensada necesariamente en relación con la institución o el espacio artístico que maternalmente la acoge; lo que significa que es un tipo de obra concebida, de antemano, para esos lugares. Además, si no es el mismo museo de arte, ¿quién las compra? –No es difícil suponer que la disponibilidad del coleccionista privado pueda verse limitada en cuanto a las minucias de su ubicación y los detalles técnicos de su conservación definitiva.

La pregunta, entonces, sería: si los museos de arte contemporáneo, por principio, coleccionan el presente, ¿no es este un tipo de ‘negociación’ que compromete al artista y a la institución en un juego inmediato, meramente contextual, en una evidente y paradójica arqueología del presente?
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25 de septiembre de 2007

Glenn Gould entrevista a Glenn Gould a propósito de Glenn Gould

Un par de textos traducidos del francés y publicados en la revista Gradiva, Año III, Nos. 7-8, en septiembre de 1988

1 (Gould)
“Yo soy un escritor canadiense y un hombre de comunicación que toca el piano en sus ratos libres”. Curiosa manera en uno de los más grandes pianistas de todos los tiempos de descentrar su ‘oficio’ con respecto a su persona. Desertor de las salas de concierto a los 32 años y en pleno apogeo de su fama, Glenn Gould se retira definitivamente al estudio de grabación. Con respecto a esta decisión, que tantas polémicas ha despertado, él pensaba –dentro de un espíritu esencialmente contrapuntístico- que la tecnología se interponía positivamente entre “la fragilidad de la naturaleza y la visión de una realización ideal”. De este modo, su pluralismo en la ejecución asigna una nueva función al intérprete, el cual, captando la obra en su estructura, traspone la realidad de un modelo sobre su propia concepción. Gould es también de aquellos artistas que no temen proponer la singularidad de su pensamiento autocrático; dice que en el mundo del arte no debería existir ‘demanda’ sino tan sólo un concepto de oferta... Lo que en su caso viene a ser una pura “ofrenda musical”. MC
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"En este texto, bastante revelador del genio de su autor, Glenn Gould se pone a sí mismo en escena: en el, vemos aparecer por alusión y con humor evidente el personaje de leyenda con sus fobias: el horror del contacto físico y los apretones de mano, la hipocondría; y, más profundamente, el teórico de una humanidad depurada, el moralista austero y convencido que ha sabido, haciendo caso omiso de la búsqueda estéril de los honores y placeres mundanos, lograr acordar su vida y su fe: “el último de los puritanos”.

Este texto fue publicado por varias revistas americanas, dentro de las cuales el High Fidelity Magazine de febrero de 1974." (...)
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* La auto-entrevista continúa en testa[ferro]
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2 (Watteau, por Philippe Sollers)
"Ahí están esas mujeres, netas, frágiles, inalcanzables, como saliendo de un sueño y disponiéndose a entrar al sueño mismo, inclinadas, dándose vuelta, indicando la salida o el círculo, el porvenir inútil, el pasado anulado sin cesar; acompañadas de sus propios reflejos centelleantes, no acaban de surgir y van ya a desvanecerse, como la breve melodía que les sirve de escala. Sólo están ellas, y los hombres no figuran más que como gestos en forma de caballeros. No hay más, en últimas, que el pintor y el nacimiento de los fenómenos. Dios sonríe. Ese era su plan." (...)
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* Este texto puede leerse igualmente en testa[ferro]
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13 de agosto de 2007

Obra en Diálogo

Exposición Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, 1988

Presentación del catálogo

En alguna ocasión, al abrir un grueso diccionario (valga la redundancia) me encontré con que las palabras del margen izquierdo, escritas en Griego, se ‘explicaban’ en las de la derecha, escritas en Inglés. En ese momento, al no conocer ninguno de los dos idiomas, el libro se convirtió inmediatamente, y a pesar de todo su despliegue didáctico, en un curioso objeto cuyas posibilidades no tenian mucho que ver con aquellas para las cuales habia sido concebido.

De modo similar, a quien se le ocurriera echar una ojeada a este catálogo (deliciosamente bilingüe) se encontraría con que, ignorando tanto el Español como el Alemán, todo aquello que estamos tratando de decir con palabras se resuelve en imágenes. Así, no pudiendo establecer diferencias ni semejanzas a priori, trataría todo el asunto con la mayor desprevención realizando el ‘diálogo’ que propone la exposición en un ámbito curioso: usaría lo que de lenguaje tiene el arte y tomaría como términos del mismo cualquier imagen frente a cualquier otra. Encontraría, tal vez, que las coincidencias difieren y las diferencias coinciden en un raro acuerdo complementario, y que lo internacional se ‘localiza’, hoy por hoy, en cualquier parte. Podría descubrir, también, que los artistas suelen dialogar con ellos mismos y decirse, incluso, lo que no saben. En un caso tal, repito, el espectador encontraría, gracias a las facultades de esa ignorancia idiomática, el procedimiento adecuado para entablar un diálogo sensible y desprevenido con las obras expuestas.

MCA
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Sobre algunas de las obras

Cuatro Temas Desiertos (rojo)
Gouache sobre papel. Paris, 1985

En “Cuatro Temas Desiertos” (3 versiones en rojo, negro, arena) el problema clásico compositivo de figuras-en-un-espacio aparece manejado de modo harto literal. La selección de una serie de siluetas que actúan como formas vacías -en disponibilidad permanente de ser ocupadas por un contenido pictórico- dió como resultado una temática cuyos ingredientes (cráneo-botella-estrella-camello) se articulan en un orden básicamente narrativo, es decir, en un paisaje desértico.

La yuxtaposición de elementos sobre un mismo espacio era algo que había visto en algunas obras de Johns y Picabia. En mi caso, la coincidencia de estas figuras en un orden narrativo simultáneo o la anulación de su discurso lineal en una imagen total, unificada, sintetizaba en una especie de super-símbolo o ‘monograma’ visual mis intereses ya habituales a propósito de las relaciones entre palabra e imagen.

La ‘historia’ que contaban me hizo pensar en la pieza musical The lonely desert man sees the tents of the happy tribes (escena igualmente ilustrativa compuesta por Percy Grainger, compositor australiano), mientras que su resultado me dejaba, literalmente, frente al espejo emocional del período en que fueron realizadas.

MCA
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31 de julio de 2007

¿Quién le teme al Ministerio de Cultura?

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -Junio 31 de 1995

La respuesta a la creación inminente de este ministerio ha suscitado toda clase de reacciones: El Estado dice SI y la Cultura, representada por algunos insignes intelectuales, dice NO. La gente, por su parte, no sabe qué pensar ante esta curiosa disyuntiva en donde las opiniones se presentan contrarias a lo que podria esperarse. Lo que sí resulta claro es la desconfianza recíproca: mientras los representantes de la cultura reaccionan negativamente ante la iniciativa política, éstos, para protegerse, legislan apresuradamente para que el ineludible debate no entorpezca la voluntad oficial.

Se ha dicho ya que el «país cultural» no existe frente al «país politico», de ahí la suspicacia de muchos intelectuales y gentes pensantes. Por eso sorprende la formulación de una Ley General de la Cultura, simultáneamente rotunda e improvisada, cuando lo que se usaba era la creación de una serie de institutos que asumian más puntualmente las necesidades que se iban presentando. Pero también es cierto que si consideramos el crescendo gradual y no demasiado conciente de lo cultural en Colombia (que va desde una noción de las ciencias sociales traida por los refugiados de guerra europeos hasta la creación de Colcultura en el 68) la idea de una categoría ministerial podría tener una cierta lógica en cuanto gesto de legitimación del pensamiento creativo en este país, incorporándolo como valor constitutivo de la nacionalidad.
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Cada cultura es cada cultura, pero el proceso de globalización producido y sostenido en gran parte por los medios masivos hace que todo se confronte y se influya en una amplia conducta de reciprocidades. La presencia de una cultura GLOBAL -que no necesariamente coincide con la de masas- las contiene a todas agitándolas bajo un patrimonio genérico sin fronteras, pasado y presente conjugados. Es así como la cultura de masas, tan discutida por su tendencia a los comunes denominadores y su consecuente comercialización, se impone de modo que las culturas locales terminan enfrentadas a otros valores y la vieja dualidad entre cultura culta y cultura popular (determinante de tantos comportamientos sociales) se va difuminando.

El artículo 70 de la Constitución del 91 habla de la cultura como «fundamento de la nacionalidad», una nacionalidad «plural y diversa». Consecuentemente podría pensarse que este fundamento, determinado precisamente por esa pluralidad y diversidad, es algo tan complejo que termina por desafiar la capacidad administrativa del estado. Es bien sabido que la mentalidad política a la que estamos mal acostumbrados carece de criterios suficientemente coherentes y versátiles para habérselas con semejante programa.

Al mismo tiempo, los intelectuales siguen confinados a sus nichos artístico-literarios de siempre, sin que al parecer hayan tenido realmente en cuenta la globalización informativa y sus inevitables consecuencias. Por eso, cuando el SI y el NO de sus respectivos discursos se enfrentan -no digamos en un clima de productividad sino como una cierta incapacidad de interlocución, que es lo que parece que está sucediendo- hay que entender que ambas posiciones se han sido transformando en la óptica de lo contemporáneo.
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Por otra parte, resulta sintomático que ante una falta de referencias más acorde con nuestra condición cultural, se les ocurra que Francia pueda ofrecer un modelo adecuado. Las estrategias que corresponden a su elevada conciencia de identidad cultural (Francia = Cultura) son más el ejemplo de una encrucijada específica que una opción a exportar. Los franceses, al nombre de su «Ministerio de la Cultura», han agregado con sutileza evidente «...y de la Francofonía», extendiendo su territorio fonéticamente más allá de los limites físicos de su nacionalidad. Como el lenguaje de la diplomacia mundial ya no es más el suyo, saben que deben proteger su identidad del avance de una cultura global liderada mediáticamente por los Estados Unidos. De ahí sus politicas de impermeabilización que contrastan con la actitud de los japoneses que mezclan pasados coherentes con situaciones presentes de gran movilidad. Dos estrategias opuestas frente al problema de la supervivencia cultural. No entonces que necesiten 'fundarla', como es nuestro caso, sino proteger sus identidades ante una imparable erosión.

Para cada país «reconocer», «precisar» y «defender» su identidad (como dice la Constitución) parece ser una manera de mantener su capacidad de negociación. En cuanto a las estrategias, El proceso de vasos comunicantes, con sus diversas alturas y diámetros, es un buen ejemplo de estas nivelaciones en donde se intentan preservar ciertas formas mientras se intercambian contenidos. El problema es interactivo y no simplemente un asunto local.

Lo que pone al descubierto la propuesta de un Ministerio de Cultura en Colombia (su mérito involuntario) no es nada sencillo. A partir del momento de su señalización o nominación institucional la cultura aparece categorizada como un problema básico de la nacionalidad. Es decir, que al contrario de la conocida objeción, sí puede crearse «cultura por decreto», pero entendida de otra manera: 'decretar', más que resolver el problema, lo inaugura haciéndolo de este modo conciente.

El acceso a la cultura presupone una capacidad de relacionarse y comprender favorecida por la EDUCACIÓN. Una que permita la formación de criterios desde los cuales abordar las variables. La cultura global no se asimila a una cultura «culta», codificada como “sistema de valores”, sino como una capacidad de relación productiva con aquello que se desconoce. Sin acuerdos, el malentendido prospera con su efecto disolvente. Por eso, cuando se habla de Políticas Culturales, la fusión del 'país político' y el 'país cultural' se evidencia como una necesidad.

Culpar a la clase política siempre ha sido fácil. Lo que es menos obvio es ponerse a considerar si la clase cultural posee la capacidad inventiva que requieren los problemas sociales. Hasta el momento los argumentos políticos sobre la cultura dejan mucho que desear y no pasan de ser ocurrencias de primera mano, generalidades que no justifican un entusiasmo real. Como dicen los chinos «hay que diferenciar para juntar», y en un pais «silvestre» lo indiferenciado, por bueno que sea, no tiene muchas oportunidades de incorporarse a la conciencia como patrimonio y memoria.

Temor al Ministerio? Desconfianza justificada frente a lo político. Miedo a la cultura? En un pais tradicionalmente intimidado, este temor es más dificil de reconocer puesto que la censura y la devaluación del pensamiento creativo es el acuerdo (tácito) que protege nuestra inseguridad intelectual.

Lo que la creación de este ministerio implica -y esto aclara de algun modo las resistencias- es un desafío a la capacidad comunicativa de los colombianos; y no sólo entre nosotros sino con el mundo entero. El fenómeno es extenso, complejo, interministerial: Educación, Comunicaciones, Cultura, Relaciones Exteriores y Medio Ambiente...

Es claro que el hecho de decretar no resuelve el problema. Pero la ventaja de tener un Ministerio de la Cultura es la de poder reconocerla y cuestionarla sacándola del anonimato.
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30 de mayo de 2007

¿Cuál es el arte de los intermediarios?

Pregunta publicada en Gaceta #6, revista de Colcultura, 1990












En esa ocasión, la diapositiva que complementaba la pregunta (un Tiranosauros Rex intimidando de algún modo a un grupo de visitantes a una exposición de arte o un museo) se extravió, razón por la que publicaron sólamente lo que la pregunta permite expresar.
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Y aquí, curiosamente, lo que me encontré hace algunos dias en las calles de Boston:
















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24 de mayo de 2007

Notas al Salón Regional #8 (Estación de la Sabana)

Texto inédito a punto de publicarse en el Magazin Dominical de El Espectador en 1997 debido a una 'autocensura' momentánea.

María Elvira Escallón, In Vitro, 1997













El tema, la Memoria


El curador, figura que vino a complementar la figura interpuesta y no siempre eficaz del crítico de arte, es básicamente un mediador. Su función principal es la de diseñar dispositivos comunicativos entre el arte y el público.

Ahora: asignarle precisamente este tema al Salón, a última hora, forzando artificialmente las obras en un sentido que no corresponde a la espontaneidad natural de sus desarrollos internos, obedece a un acto de emulación muy colombiano, tomado, como se sabe, directamente de la pasada Bienal de La Habana, así como a una estrategia temática, muchas veces discutible, sugerida por los manejos curatoriales internacionales. En este sentido, la orientación asumida en este octavo Salón Regional (que más parece "Nacional" en sus pretensiones escénicas) carece de la precisión que podría llevar a un conocimiento más concreto y profundo de la situación.

Con la intención no basta. El sentido de lo histórico, la necesidad de un fondo significativo que permita la relación de los diferentes aspectos y la exposición de ideas de base que generen comprensión resulta sencillamente insuficiente. Las personas invitadas, así como un gran porcentaje de las obras seleccionadas, terminaron más bien ilustrando el orden de realidad que corresponde a un tipo de memoria inmediata, típica de un consenso de primera página. Especie de "periodismo estético" dispuesto en escenografías y discursos del lugar común o señalamientos de lo ya señalado, camuflando obviedades apocalípticas en simple artesanía ritual.


El lugar, Estación de la Sabana

¿Qué será lo que significan todas esas discusiones tan de moda de Arte y Ciudad, de "arte y cultura ciudadana"; esa necesidad de primacía de lo común sobre lo artísticamente comunicativo?

Cuestión escenográfica, como toda instalación. Un recurso de contexto inmediato así utilicen la Jiménez y sus pasadas glorias arquitectónicas republicanas. La estación simétrica (con todo y águila) como en un escudo, con sus columnas enfrentando verticalmente desapacibles e infinitos corredores burocráticos y algunos trenes viejos dando la inevitable nota museográfica. Una verdadera máquina del tiempo o pura nostalgia bogotana de película europea en donde la exitante cercanía del Cartucho y San Victorino favorecería, en el mejor de los casos, el encuentro casual (lleno de afinidades imprevistas) entre artistas "marginales" y gente "peligrosa". Pero no, del caldo subconciente no se sirve un hueso...

Todo ese fervor artístico ciudadano, socialización mediática de la conciencia colectiva (ninguna magia, todos antropólogos) esquiva racional y cautelosamente el problema de fondo: la relación conflictiva entre el lenguaje poético con que el arte manifiesta, y la exterioridad funcional, divergente, de las urgencias sociales. En la 'esquizociedad', así dividida, el arte es apenas un pretexto, una cuota de "cultura", y su servicio, una ilustración.

¿"Recuperación - entonces- del patrimonio arquitectónico de la capital"? Digamos más bien utilería dispuesta al teatro de lo institucional. Si de pertinencias y obviedades se trata, ¿porqué no hacer el próximo Salón Nacional en el Matadero Distrital? El crímen perfecto.


Los criterios, (taxonomías)

1- Dispositivo de memoria - "...el artista abandona el papel protagónico de la autoría planteando como punto de encuentro y motor de múltiples significados el objeto artístico...Cuando no hay original, se desvanece la idea de copia, y es así como aparece la obra como un dispositivo generador de memoria, memoria comprendida no sólo como capacidad de recuerdo y evocación, sino también como capacidad de olvido... Llaves que dan acceso al presente". Suburbia 22.

Leído entre líneas, uno podría pensar que la tercera parte de la exposición consiste en "readymades". Llamarlas "dispositivo generador de memoria" es orientarlas en una dirección contradictoria al readymade ya que en éste se trata más bien de una operación cuya indiferencia estética no involucra ningún tipo de nostalgia, produciendo un raro olvido, y sí, en cambio, mucha posibilidad. Hé aquí la paradigmática idea del siglo, aquella de que "el espectador hace la obra", el problema de quién es realmente el "autor": yo, tú, él, nosotros; o ninguno de los anteriores. Y como las estadísticas demuestran que el público nunca hace nada -sobre todo cuando el artista tampoco- todo queda en manos del crítico. Porque en este juego, el crítico (el jurado) es siempre el autor del artista, ya que el público, como siempre, no es más que el testigo del acto notarial en que consisten las premiaciones.

2- El individuo recordado - "Fuera de los límites de la historia personal no hay rastro histórico posible; es más, si aparece, es para ilustrar el entorno natural de lo íntimo... la comunicación se da sólo en caso de que el espectador se interese o se reconozca con la obra... estas obras comparten entre sí un carácter profundamente psicológico, y en algunos casos mítico". Suburbia 22.

Esta segunda sección, retrato del artista moderno en cuanto aparece volcado sobre sí mismo (haga acuarelas, video, cerámica o performance), nos lo presenta un tanto confinado entre los barrotes de su exhibiciónismo psicológico corrigiendo de algún modo el pasado "salón de autistas nacionales" con una repartición taxonómica en géneros y especies como en cualquier zoológico o museo de historia natural.

3- El documento como recurso estético - "...El recurso documental como soporte y contenedor... punto de encuentro y transmisor de significados, comunes en este caso. Es lo social, lo ecológico, lo político, lo urbano, el mundo, la información... pensando en que la denuncia hay alguien que la tendrá que atender". Suburbia 22.

¿Significados comunes? -si el arte pudiera evitarlos!-: maniqueismo político de los setenta reciclado en salsa ecológico-terrorista de los noventa. En cuanto a denunciar, artísticamente hablando, y toda esa cuestión del "contenido", ya bien lo dijo Johns, el pintor: "Un mensaje es aquello que no podemos evitar decir, no aquello que nos habíamos propuesto decir."

Así, a pesar de que esta clasificación termina por reflejar actitudes de todos modos significativas en cuanto recoge y dispone sugerencias propias del folclor contemporáneo, sabemos que las taxonomías, según la conocida historia de Borges, podrían determinarse a partir de cualquier particularidad: los que usan mucho el piso, los que prefieren las esquinas o lo translúcido de las ventanas; aquellos que dejan todo casi intacto; los que participan, los que no; los que prefieren el amarillo...


Los premios del jurado
(Eduardo Serrano -crítico, Miguel Angel Rojas -artista, Ibis Fernández -Curadora para Colombia de la Bienal de La Habana).

La relación que el primero hace del Salón (Semana, nov. 24 a dic. 1), revela la candidez de sus aproximaciones al arte moderno en general y al contemporáneo en particular. Conjuga, como si nada, una visión bucólico-sabanera experta en quietos y confortables bodegones (la que le hace añorar so pretexto de memoria el "esplendor pretérito", los "tiempos idos", la "remembranza y nostalgia" del viejo Bogotá) con una admiración sin objeciones por lo que considera las audacias, "los argumentos de punta, impensables hace apenas un lustro", del "ímpetu y frescura de los principiantes", mientras machaca el lugar común de que "La pintura y la escultura continúan la decadencia ya evidente en eventos anteriores", como si hubiese en todo esto un misterioso y triunfal argumento.

De los premios (María Elvira Escallón, In vitro), sabemos que en una perfecta ilustración de principios (la 'memoria') "protegió con un vidrio el deterioro del edificio y lo volvió infinito con la colocación de un espejo en la pared del fondo"... De Carlos Blanco, Alas en espacio urbano nocturno, dice: "acudió a la iconografía religiosa como estrategia para acercarse a comunidades marginales que pueden beneficiarse con su cruzada artístico-social". ¿Cruzada artístico-social? La cuestión no pasa de ser una obvia estrategia "light", un puro juego de autopromoción a partir de artefactos publicitarios levemente angelicales. Sin embargo, el jurado -con algunas disidencias por el lado cubano y quién sabe qué opinión por cuenta del artista- dictaminó "brillantez de planteamientos, adecuados no sólo al tema del Salón sino a las inquietudes de la sociedad contemporánea".
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Por otra parte: no les parece que lo de las "adecuaciones" del arte es precisamente un asunto del cual, para bien o para mal, las famosas audacias del arte moderno intentaron liberarlo? En cuanto a lo de "las inquietudes..." no hace más que confirmar la necesidad estadística, meramente consensual, de las democracias actuales. Como si en el arte no contara para nada el principio de excepción ni su diferencia fuese el aporte a todas las nivelaciones del sentido común a que los medios masivos nos han ido acostumbrando. Por eso mismo, los argumentos en que se basa cualquier selección, las claridades de porqué esto y no lo otro, son tal vez la mínima función demostrativa que se le exige a un jurado. Pues si la gente pudiera informarse, algo entendería.

En la próxima Documenta, a modo de compensación (y no por considerarla ejemplar, sino por subrayar un aspecto), proponen juiciosamente atender "el sentido de las trayectorias individuales más que la última obra", la de Salón, estableciendo con esto "un filtro para el todo vale" pues "la cuestión del criterio es fundamental". Por eso, la idea de una exposición temática como herramienta reflexiva (poder sacar conclusiones a posteriori en medio de la diversidad) no puede cumplirse sin una estrategia en que intervenga el criterio y no sólo una memoria asumida en registro emotivo. Que lo que tenga que ser dicho y mostrado venga mucho más de la calidad intrínseca de las obras, del orden del discurso propio al arte, que de la tentación expresiva de los organizadores.

En todo caso, queda claro que ante los dos énfasis principales que definen la mayoría de las políticas culturales (Creación y Patrimonio), la tendencia conservadora que ya nos conocemos opta tímidamente por la segunda haciéndose pasar por la primera.
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12 de abril de 2007

¿Qué tuvo que ver la cámara fotográfica con los comienzos del arte moderno?

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -Sep 30 de 1995















Generalmente la invención de la fotografía se ve como un hecho alterno, como una casual coincidencia que incide indirectamente en la gestación del Arte Moderno, el cual, según un cierto consenso, comienza con el Impresionismo hacia la segunda mitad del siglo XIX. Entre otros factores determinantes, se habla del auge gradual del género paisajístico, de la influencia del grabado japonés, de las consideraciones científicas acerca del color y del principio "democrático" de la luz como resultado de un cruce complejo entre los experimentos de Newton y la Revolución Francesa.

De todas maneras el Arte Moderno comenzó perdiendo la memoria. Según Manet, esta estrategia de olvido consistía en "aislar la sensación", es decir, que había que quedarse solamente con ella como quien acoge el presente como un don absoluto, inmediato. La historia del arte introduce así una purga necesaria a todas las convenciones perceptivas heredadas. Los grandes temas, con sus textos e ideas de fondo, van siendo desalojados junto con sus recursos más representativos (ni dibujo, ni modelado, ni perspectiva, ni claroscuro). La superficie del lienzo termina entonces por ofrecer un vacío disponible, listo a ser impresionado por la imagen casual de una visualidad más depurada: una "recuperación de la visión natural" a partir de "vibraciones coloreadas", como dijo escuetamente el poeta Laforgue.

Proust, por su parte, comprendió profundamente la novedad específica del Impresionismo. En Elstir (personaje de En busca del tiempo perdido) pone rasgos de Monet el más representativo de los artistas del movimiento (aunque algunos suponen que su modelo fue Whistler): "...podía ver que el encanto de cada una de sus obras consistía en una especie de metamorfosis de las cosas representadas, análoga a la que en poesía se llama metáfora, y que si Dios había creado las cosas nombrándolas, Elstir las recreaba al arrebatarles su nombre y asignarles otro... La obra de Elstir estaba hecha de esos raros momentos en que se ve la naturaleza tal como es, poéticamente (...) Superficies y volúmenes son en realidad independientes de los nombres de los objetos que nuestra memoria les impone cuando los hemos reconocido... Elstir se esforzaba en arrancar lo que sabía a lo que acababa de sentir. Su esfuerzo había consistido a menudo en disolver ese agregado de razonamientos que nosotros llamamos visión." Una visión entonces, pero sin memoria, desvestida de lenguaje.

La sensación, por directa, se ofrece en tiempo presente. El pintor impresionista sale a buscarla al aire libre en un gesto que es una "exposición" a la experiencia imprevista, por fuera del estudio y sus modelos estáticos. Su apertura aleatoria ya no tiene un tema sino que acecha un motivo. Al igual que el fotógrafo, no sabe qué imágenes van a quedar impresas en su «rollo». La analogía es tal que podemos decir que hace fotografismos instantáneos, a mano -mientras su ojo se convierte en el "ojo más avanzado" gracias a la especialización otorgada por la cámara.

Manet, L'asperge, 1880. Musée d'Orsay
Pero el asunto no termina allí. Esa desprevención ante el tema significa que cualquier cosa -ante la luz- daría lo mismo: la imagen no tiene ya un filtro jerárquico, una discriminación cultural ante lo que merece ser pintado. Un caso flagrante, ejemplar, podría ser la tela de Manet donde aparece un espárrago. Allí no logramos saber si se trata de una pintura que nos presenta sencillamente un espárrago, o de un simple espárrago que nos pone frente a una pintura... Sea como sea, la autonomía de lo pictórico se afirma por encima del tema. Como decir que el arte abstracto está a un paso de proponerse como una pintura sin objeto, válida por sí misma como forma de lenguaje.

Y la cámara? Qué es una cámara fotográfica? Pues, primero que todo, un "ojo": un ojo mecánico, una prolongación del sentido visual -como enseña McLuhan-, un dispositivo que potencia la mirada. La cámara es el ojo pero separado del cuerpo, la visión liberada de su lastre material. De ahí que se transforme en investigador soberano, autónomo y flotante; dispuesto a escudriñar el mundo en su totalidad voyeurista.

Pero más allá de las intimidaciones y censuras que conlleva el ser-mirado, el ojo mecánico mira, produciendo una afirmación insólita del individuo. La apropiación fotográfica de la realidad inmediata es tan grande que termina por imponer su criterio sobre la imagen clásica, ideal. La fotografía ayuda a desidealizar, mejor, a "desilusionar" la imagen pictórica tradicional haciendo que las venus mitológicas se conviertan en mujeres desnudas e impidiendo que los ángeles puedan ser pintados porque, como decía Courbet, padre del Realismo, "nunca los he visto".

Al marcar el final de este imaginario convencional, colectivo, la fotografía favorece en cambio la introspección individual que venía consolidándose en el Romanticismo. La "cruda realidad" se pone en el lugar de la imaginación, de ahí que los retratos ya no puedan mentir bellamente. Lo que se cancela como fábula increíble es reemplazado por una realidad sensorial, subjetiva. De este modo la pintura -que consideraba en un principio a la fotografia como mortal enemigo- queda liberada de todo servilismo reproductivo, evidenciando en su lugar la invención y los misterios psicológicos del proceso creativo.

Técnicamente, la fotografía es una forma de grabado instantáneo que gracias a su inmediatez "elimina los procedimientos sintácticos de la pluma y el lápiz". Lo que significa que el automatismo, al suplantar el trabajo manual, termina cuestionando la "artisticidad" del oficio en general. Por eso desde la aparición de la fotografía se introduce (tal vez por primera vez) la discusión característica del arte moderno de si algo "es arte o no es arte". Un dilema cuya importancia radica en el desplazamiento de la manualidad al pensamiento de manera más contundente a la que estábamos acostumbrados. Efectivamente, como bien lo dijo Proust, la cámara ayudó a "disolver ese agregado de razonamientos que nosotros llamamos visión."

La invención fotográfica logró entonces, con sus implicaciones, introducirse subrepticia y eficazmente en las condiciones de la vida moderna. Si estuvo al origen del llamado arte moderno reconfigurando y catalizando profundamente nuestro paisaje simbólico, qué pensar de la aceleración que instalaron los medios electrónicos que le siguieron, desde el telégrafo hasta la televisión?

Sencillamente, el ejercicio del arte ha dejado de ser una actividad especializada.

Nota:
Sobre el espárrago de Manet, pueden leer aqui (en francés) la anécdota correspondiente.
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Nadar se movía
Publicado en este mismo número de la revista ESTRATEGIA

La exposición Quédese quieto! que presenta el Museo Nacional, está precedida de una serie de eventos alrededor de la figura pintoresca de Gaspar Félix Tournachon "Nadar" (1820-1910).

Nadar es un personaje sintomático que desborda con sus múltiples actividades la noción convencional del artista. Su carácter dinámico y aventurero comienza a ser percibido por encima del prototipo romántico "bohemio", terminando por representar a cabalidad el entusiasmo del hombre moderno ante toda novedad radical, tecnológica. Caricaturista, escritor, publicista, editor, así como su papel en tanto que pionero y promotor de la "navegación aérea" fotografiando a Paris desde su globo (como lo muestra la conocida litografía de Daumier) así lo demuestra.

Su primera exposición retrospectiva tuvo lugar en 1965 en la Biblioteca Nacional de Francia. Luego, en el 94 el Museo d’Orsay (antígua estación de tren parisina convertida en museo del siglo XIX) va a consagrarle otra, seguida, un año más tarde, de la más reciente en el Metropolitan Museum de Nueva York en abril de este año (1995). Lo que quiere decir que casi 100 años más tarde es cuando comienza a considerarse seriamente su contribución personal asi como el estatus que ocupa el discutido "arte" de la fotografía.

La exposición que presenta el Museo Nacional adopta sobre todo el aspecto del Nadar retratista, articulándolo (pedagógicamente) con sus influencias en la fotografía colombiana del siglo pasado en documentos de gran fuerza plástica e ilustrativa. Una muestra precisa e interesante montada con claridad museológica a pesar de su economía espacial. En las fotografías y documentos exhibidos no sólo accedemos al personaje desde su aspecto más conocido como iniciador del arte del retrato -con sus principios de encuadre, iluminación y expresión: el ABC de este método en el estudio de los personajes retratados- sino que constatamos el increible abanico de actividades en que se ocupó durante los 90 años de vida.

En todo esto, una de las cosas que sugiere la muestra es cómo la fotografía ayudó a catalizar y refinar la capacidad introspectiva a partir de las sutilezas del retrato, abonando indirectamente el camino que llevaría al psicoanálisis a partir de sus capacidades intrínsecas de observación, penetración y desciframiento. Es claro que la fotografía -un arte subliminal, imaginario- no es para nada inocente.
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11 de abril de 2007

Sobre Formalismo y “Maestros Colombianos”

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -Enero 30 de 1996















¿Qué tendría uno que decir de los “maestros colombianos”?
Primero, que es una gente que comenzó a trabajar por los años 40-50, que es cuando comienza el arte moderno en este país y que por lo tanto representa lo que se llama 'arte actual' en un sentido más o menos inmediato. Artistas que aparecen casi al mismo tiempo (10 o 15 años más tarde) que los artistas norteamericanos que conformarían el famoso contingente del Expresionismo Abstracto, una de las primeras propuestas del arte moderno de este lado del mundo, junto con el muralismo mexicano.

Es la época, también, en la que el desplazamiento de París a Nueva York como capital cultural se comienza a percibir más nítidamente. América se ve como un continente disponible que da pié a una licencia exótica, muchas veces pintoresca, a la que muchos de sus artistas no van a resistirse. Incluso los pioneros de la pintura norteamericana como Pollock, Guston, y otros, van a nutrirse de lo que México, magnetizado por la pasión surrealista, ofrece como fermento popular. Allí, el muralismo con sus dimensiones sociales les atrae no sólo ideológicamente sino en cuanto despliega un lenguaje pictórico espacial, sobre grandes superficies. Espacialidad característica de la pintura norteamericana que reproduce las condiciones psicológicas de una dimensión eminentemente desértica, desarraigada en muchos aspectos pero también proyectada y dispuesta a todo tipo de experimentaciones. Como si lo difuso y complejo de sus referencias culturales terminara por liberar un orden espacial diferente, en contraste con el intenso valor temporal, cronológico, del arte europeo y su carga de memoria autoconciente.

El clima de principios de siglo en Europa y Norteamérica se caracteriza por un impulso radical hacia la innovación, factor que estimula y orienta la producción artística en otros países. Frente a esto, los llamados “maestros colombianos” -bien sea que procedan, se queden o se hayan desplazado hacia estas latitudes- poseen una sensibilidad de base que los relaciona instintivamente con esos planteamientos. Sin embargo, como consecuencia a su marginalidad histórica, al no estar involucrados directamente en los frentes de creación, poseen ese tácito respeto por la tradición y el prestigio de la cultura europea así como una ambición modernista tipificada sobretodo por la figura emblemática de Picasso. Su aproximación, entonces, no es tanto intelectual (en el sentido de una compenetración vivencial con el entramado general de las ideas) como externa, es decir, estilística y formal, descuidando de algún modo la elaboración interior que corresponde a cada resultado. Lo que hace que los maestros colombianos comiencen a ser modernos sin que les haya tocado participar del desarrollo creativo que hace que cualquier frente innovador, vanguardista, se inscriba en la lógica propia de sus transformaciones.

Obregón, Crucifixión
Muchos artistas de ese momento parecen inevitablemente seducidos por la versatilidad y la solidez formal picassiana, por las anécdotas de la aventura cubista emprendida con Braque, en donde el logro de la fragmentación (prototípica) induce todo tipo de juegos formales. De ahí que los artistas colombianos tuvieran que asumir el hecho cumplido de manera necesariamente pasiva, pues la dimensión contextual que el cubismo sugería quedó, con notables excepciones (como es el caso de Obregón, el primer Grau y Ramirez-Villamizar), por fuera de sus posibilidades intuitivas. Como resultado, comenzaron a aparecer una gran cantidad de variaciones geometrizantes aplicadas a cualquier ocurrencia con el pretexto inocente de modernidad, pero descargadas del poder conceptual, generativo.

Este fenómeno produjo entonces una gran cantidad de obras construidas alrededor de bases exiguas y difusas. La pérdida de lo específico en la aventura pictórica (algo difícil de formular racionalmente pero que garantiza la pertinencia de los asuntos creativos) encontró en el universo aparentemente infinito de las mezclas un sustituto engañoso de la diversidad. En Colombia, por ejemplo, algunos maridajes de indigenismo retórico con técnicas de pincelada puntillista cubrieron varios metros cuadrados de edificios públicos bajo el pretexto de recuperaciones históricas necesarias. En otras ocasiones, la 'modernidad', aderezada a menudo por el buen gusto y un sentido sólido de la construcción, se presentó en su versión más exhuberante y coloreada. Como si los ejercicios de estilo fueran la demostración más evidente de que se pertenece a una época.

Obregón, Grau, Botero, Ramirez-Villamizar,
Wiedeman, Villegas.

Y no es que no haya habido talento, disposición y aciertos en los maestros colombianos. Muchos demostraron la vena artística que lo hizo posible, incluso por encima de artistas europeos a quienes favoreció estar en 'el lugar adecuado'. Obregón, Botero, Grau, Manzur, Ramirez Villamizar, Roda, los Cárdenas, B.González, L. Caballero, C. Rojas, B. Salcedo, y todos los que debería citar entre estas dos generaciones, están siendo ya en su mayoría editados en libros y publicaciones, expuestos en retrospectiva con todo lo que supone haber sido aceptados y reconocidos en el medio cultural colombiano.

Espacio en donde, curiosamente, el reconocimiento va generalmente acompañado de una efusión apologética, de una disolución de la crítica en aras de una aceptación consagratoria, indiscutible. Como si el logro social que eso representa estableciera un acuerdo tácito, de celebración permanente. Y es precisamente ahora, cuando el clima cultural en que fueron realizadas sus obras ha dejado de ser, cuando ya no participan de un tejido activo como el que supo propiciar Marta Traba, cuando estos maestros colombianos (emblemas parroquiales de una cultura que se representa en ellos mismos sin mayor discusión) comienzan a ofrecer sus esforzados estilos e ideas a la consideración de la cultura en la que surgieron.

Ante este curioso fenómeno de consumaciones, una de las observaciones que pueden hacerse es que el arte colombiano, en términos amplios, es y ha sido esencialmente formalista. Así como formalista ha sido, no ya su cultura popular, de insospechada complejidad y riqueza, sino sus modos de relación en lo social.

Grau, Mujer dormida, 1960
Ante estas costumbres y modos, podemos entonces constatar hasta dónde ha calado el efecto adormecedor si tenemos en cuenta que una gran parte de los artistas colombianos comienzan a decaer creativamente a partir del momento en que son reconocidos (el caso palpable de Grau, de Obregón y de Botero). Una consagración idiosincrática -al contrario de lo que supone la aparición de un referente- que indica un acomodo y una domesticación creativa poco deseables. Ante esta evidencia, tal vez sea ese complejo de identidad, esa dificultad de aceptar y aceptarse, tan particular de lo colombiano, el responsable indirecto de este ablandamiento señorial. Un problema relacionado, en últimas, con una cierta mecánica de legitimaciones.

Lo grave es que ante las reconsideraciones que el tiempo comienza a imponer, la crítica, tan ineludible como necesaria en cualquier cultura que pretenda madurez, termina por neutralizar sus oficios intimidada por el mismo mecanismo que impide verificar las consagraciones. Pues el asunto no está tanto en que los maestros colombianos sean o hayan sido buenos, regulares o malos, sino que no disponemos de los hábitos mentales que permitan hacer el balance intensivo para incorporarlos al tejido cultural y recoger la cosecha. Tal parece que los críticos, historiadores y artistas, poseen las limitaciones, capacidades y vicios de las culturas a las que pertenecen.

Sin este requisito esencial de la reflexión que acompaña a la crítica, sin esa disposición natural de confrontar seriamente opiniones, todo evento, todo libro, todo programa, todo Salón, toda exposición retrospectiva por más emocionada y socialmente efervescente que se presente, no pasa de ser un acto fallido, otra formalidad que desperdicia (porque ignora) lo que se celebra. Como si no pudiera llegar a entenderse que una de las funciones y sentido principal de las artes fuera precisamente la de refrescar lo establecido y no la de oficializar las novedades.
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22 de marzo de 2007

Being Digital (de Nicholas Negroponte)

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #702 (27.10.96)

(reseña)
“El autor fundó y dirige desde 1985 el Laboratorio de Medios (Media Lab) del Massachusetts Institute of Technology (MIT)... el mayor y más importante instituto de estudios e investigación interdisciplinaria de futuras formas de comunicación... Su libro ha sido traducido a doce idiomas y es un best-seller en los Estados Unidos y Europa.”

Así y todo, y a pesar de que el asunto de los bits es el punto básico en cuanto unidad irreductible del lenguaje electrónico binario, Being Digital, el libro de Negroponte, una entusiasta y sorprendente relación de las proezas tecnológicas de esos bichos que se mueven a la velocidad de la luz, va produciendo a lo largo de su lectura un fastidio generalizado seguido de una objeción muy precisa: ¿Cómo es que a medida que el confort, esa especie de cielo funcional, avanza, las personas directamente involucradas en su desarrollo van haciéndose cada vez más declaradamente ignorantes y simplistas ?

Si utilizo el plural es porque el caso Negroponte me hace pensar en Spielberg y en toda esa mentalidad norteamericana basada en la política comunicativa de que el lugar común, sea cual sea el asunto, vende más. Personajes como Carl Sagan -monaguillo inocentón de la cruzada científica- respaldan igualmente esa fe en los dividendos de un mundo cada vez más limpio y más blanco, mientras se resisten a reconocer y aceptar el mugre natural de unas condiciones humanas tan fundamentales como pueden ser los bits de información.

En el capítulo titulado En lugar de disecar una rana, construya una, comienza diciendo: “La mayoría de los niños estadounidenses no saben cuál es la diferencia entre los países del Báltico y de los Balcanes, ni quiénes fueron los Visigodos, o en qué época vivió Luis XIV. ¿Y qué ? ¿Se trata acaso de algo tan importante ? ¿Sabía usted que Reno está al oeste de Los Angeles ?”... Detrás del evidente espíritu práctico, y a pesar de las equívocas argumentaciones educativas que expone a continuación, el complejo de inferioridad del estadounidense promedio con respecto a culturas verdaderamente cultas como la francesa o la japonesa, busca evadirse en la positivista filosofía doméstica adoptada como argumento único de fondo: “... jugando con la información, en especial con temas abstractos, el material cobra mayor significado ... Y, !Oh maravilla !, mi hijo, de pronto, supo como sumar mentalmente cifras de tres o más dígitos. La razón era que habían dejado de ser números abstractos, carentes de significado, para convertirse en dólares que estaban relacionados con comprar y hacer cosas.”

Ejemplos de este tipo abundan en su libro entremezclados con sorpresas tecnológicas de primer orden, lo que lo justifica ampliamente en términos didácticos, informativos, pues no se trata en lo más mínimo de minimizar su importancia. Pero si lo que se busca es iniciarse en la trama de las implicaciones de los medios en la vida actual con todos sus matices, recomiendo un regreso a McLuhan en cuanto a imaginación, penetración y calidad humanística. Negroponte, en todo un despliegue -no exento de rústica vanidad- termina necesariamente por afrontar el tabú camuflado en todo tecnócrata: sus predicciones sobre el arte del futuro -ya que el del pasado, para él, posee el mismo estatus de “un determinado vino Chardonnay o una cierta marca de cerveza”. Del mismo modo que para Bill Gates, los "misterios del arte" son el muro invisible con el que se topa finalmente el entusiasmo materialista proyectando ahí mismo la inocencia de un mundo dominical, meramente divertido, en donde “el límite entre el trabajo y el juego se irá diluyendo”, pues, “todo lo que importaba era ser un niño”.

... Si Nicholas, sí: eso es bueno, sano, y deseable. Pero, si seguimos así, ¿qué ejemplo le vamos a dar a nuestros robots ?
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Anexos:

1. Entrevista en la revista Wired con Negroponte.

2. Aventuras de un computador de manivela: The Laptop Crusade. Y también http://www.laptop.org el sitio oficial del proyecto.






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9 de febrero de 2007

Sobre el "state of the arts" o estado de las artes en la Universidad

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -Dic 15 de 1995















Como de algún modo la Universidad representa la valoración de las ideas de la sociedad a la cual pertenece, hablar de ARTE en la UNIVERSIDAD permite una medida precisa de su inscripción cultural.

Inscripción que puede ir de lo perfectamente obvio a lo tácitamente irrelevante; todo porque la actividad que el arte supone se percibe como portadora de una 'diferencia' incalculable frente al sentido funcional que justifica plenamente las otras disciplinas. Una actividad prestigiosa, es cierto, más bien suntuaria, que en general no se asimila más allá de un gracioso ornamento del saber y no como un fundamento del mismo.

Si se piensa en la idea popular que se tiene de la Historia del Arte, ésta consiste en un compendio increíble de estilos (cuando se piensa en la antigüedad) y en una desafiante sucesión de movimientos (cuando de arte moderno se trata). En cuanto se relaciona estrechamente con la idea de VALOR -un Arte con mayúscula- la primera se postula prácticamente por fuera del alcance de la crítica, como un hecho cumplido. La segunda, en cambio, propone el artista moderno como una especie de héroe en solitario (sin iglesia y sin monarca, sin una mitología de base como lenguaje colectivo) cuya única opción consiste en imponer sus percepciones sobre la capacidad de asimilación de sus contemporáneos. Es así como del personaje Leonardo pasamos al caso Van Gogh en lo que tienen de más característico.
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Por otra parte, hay una simple constatación en darse cuenta que la historia del arte es también la historia de sus redefiniciones; una negociación, un ajuste constante al imperativo social que prevalece. En este sentido, la historia de los últimos siglos nos muestra como el entendimiento de lo que era el arte cambió, pasando de unas artes mecánicas correspondientes al régimen artesanal corporativo, a un régimen profesional de artes liberales en donde el artista individual adopta gradualmente un estatus más intelectual. Llegando luego a disponer, a comienzos del siglo XX, de una insospechada diversificación de materiales y medios, sobre todo a partir del collage en el Cubismo. Todo esto con la consecuencia de que el oficio tradicional normativo determinado por los paradigmas de la Pintura y la Escultura se haya ido articulando alrededor de lo que podríamos llamar, paradójicamente, un oficio posible.

Lewis Carroll - La Caza del Snark
(fragmento)

En esta perspectiva, al no ser ya el oficio normativo quien califica el hecho artístico, lo que termina por subsistir detrás de cada proceso creativo no puede ser más que un PENSAMIENTO ARTÍSTICO que se erige como nuevo paradigma o común denominador a todos los oficios posibles. Especie de ciencia-poética-intuitiva que se constituye como una forma particular de pensamiento (a la par del filosófico y el científico) en donde la mente se enfatiza en relación a las “manualidades” y las técnicas surgen con las ideas que corresponden a los medios.
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Según McLuhan, “el artista es la única persona en la cultura cuya tarea es volver a entrenar y poner al día la sensibilidad. Su tarea ha sido la de informar sobre la naturaleza del fondo al explorar las formas de sensibilidad que cada nuevo fondo o modo de cultura ponen disponibles, mucho antes que el hombre corriente sospeche que algo ha cambiado (…) como mediador cultural el rol del artista es mantener a la comunidad en relación consciente con el fondo cambiante y oculto de sus objetivos preferidos.”

Sin embargo, esta disposición comunicativa asumida por el arte no ha logrado representarse con claridad suficiente en la figura institucional de la Universidad. Si bien ha habido un reconocimiento tangencial al peso de sus imágenes y su impacto significativo en el tejido cultural, está todavía por considerarse seriamente la función integradora de sus formas simbólicas al momento de interceptar, en cuanto mediador interdisciplinario, las otras disciplinas.

A partir de la fragmentación que suponen los modelos especializados en la repartición del trabajo, los programas educativos han padecido una asimetría sintomática en su estructuración general. El resultado es un desequilibrio notable entre lo personal intuitivo y lo impersonal racional; es decir, un énfasis de éste último en un ambiente cada vez más complejo y veloz. Estrategia educativa que no sirve para refinar la capacidad de adaptación que se requiere en condiciones fluctuantes cuando lo que se necesita es una disposición más inmediata y abierta, capaz de confrontar creativamente situaciones diversas.
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Tony Cragg - Loco, 1988
Desde comienzos del siglo XIX, paralelamente al desarrollo acelerado de las tecnologías, el arte ha ido atendiendo el fondo subliminal de estas transformaciones. Si la sociedad no 'entiende' el arte es porque está hablando un lenguaje para el cual la inmediatez de conciencia que promueve la educación convencional no capacita. Al no poder reconocerse en las imágenes que el arte de su época le ofrece, se evidencia una forma de resistencia, señal de que existe una profunda división con respecto a sí misma. Una diferencia en donde la interioridad como archivo total, depositaria de una tradición espiritual o suma de conocimiento inconsciente, comienza a quedarse por fuera de su alcance con el desarraigo y confusión de identidad consiguientes.

En su ensayo de 1919, Tradición y Talento Individual, T. S. Eliot consideró la totalidad del lenguaje y la cultura como un fondo unificado con el que tenía que relacionarse el individuo. Según McLuhan, Eliot resaltó el punto de vista de que “toda forma de arte, desde Homero hasta el presente, formaba un órden simultáneo y que la nueva experiencia motivaba, renovaba y recuperaba este orden en forma perpetua”. Su enfoque simbolista del lenguaje, el arte y la comunicación –continúa diciendo- está muy bien indicado en su celebrada definición del sentido histórico en la poesía: “Los monumentos existentes –las grandes obras- forman un orden ideal entre sí que se ve modificado por la introducción de las nuevas (realmente nuevas) obras de arte entre ellos. El orden existente está completo antes de que llegue el nuevo trabajo; ya que para que el órden persista después de sobrevenir la novedad, todo el orden existente debe ser alterado, aunque sea muy levemente; y asi se ajustan las relaciones, proporciones y valores de cada obra de arte en relación con el todo. Y esto es conformidad entre lo viejo y lo nuevo.”

Cada obra “realmente nueva” lo que hace es proponer un ajuste de sentido que convierte, de algún modo, los objetos en procesos, dinamizando la información hacia un reciclaje de combinaciones productivas. La idea de Eliot, al tiempo que extiende en todas direcciones el poder de lo creativo, posee el mérito de recuperar la conexión con el pasado de modo que lo individual se dimensiona en un juego amplio de reciprocidades.

En The Book of Tea, Okakuro Kakuzo dice: “El presente es la infinitud en movimiento, la legítima esfera de lo relativo. La relatividad busca ajuste: el ajuste es arte. El arte de la vida yace en un constante reajuste a lo que nos rodea.”

Lo universal, esa universitaria palabra (tan interdisciplinaria en su sentido más íntimo) podría de pronto encontrar, gracias a las aplicaciones de un pensamiento artístico inclusivo (y no excluyente como propone la novedosa tradición de la ruptura), el cumplimiento de una expresión que habla de la excelencia en términos de the state of the arts -es decir, del “estado de las artes” en la universidad como señal de que la cosa funciona.
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Notas:

1. Algunas de las ideas aquí expresadas se continúan en un segundo artículo publicado en este mismo blog bajo el nombre de Implicaciones de un Oficio Estallado. También hay un anexo en inglés, De Duve's Three Paradigms donde se confrontan 3 modelos educativos para programas de arte.

2. Como un complemento indirecto, mi traducción de The Agenbite of Outwit -texto seminal de las ideas de McLuhan.

3. También puede encontrarse aqui un comentario crítico del ensayo de Eliot.

4. El artículo Fron YouTube to YouNiversity publicado recientemente en el weblog oficial de Henry Jenkins, profesor de MIT, actualiza y desarrolla aspectos pertinentes.

The modern university should work not by defining fields of study but by removing obstacles so that knowledge can circulate and be reconfigured in new ways. For media studies, that means taking down walls that separate the study of different media, that block off full collaboration between students, that make it difficult to combine theory and practice, and that isolate academic research from the larger public conversations about media change.
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29 de enero de 2007

Roma, New York, http://www.planetitaly.com

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #698 (29.06.96)















Lectura de tres momentos diferentes en donde
una imagen se resignifica de acuerdo al entorno


I
Si uno pudiera volar sobre la historia como si se tratara de un territorio real, podría ver cómo el Renacimiento aparecería allá abajo sobre el azul Mediterráneo extendiéndose como un halo desde las ciudades italianas hacia el resto del continente europeo. De la imagen general podríamos acercanos gradualmente a Roma como una paloma que sobrevuela la ciudad en busca de la Santa Sede, dirigiéndose hacia el centro absoluto de la cristiandad como cualquier Espíritu Santo que desciende.

Artísticamente hablando, si de centro se trata, digamos que el lugar no podría ser otro que la Capilla Sixtina; objeto indiscutible de peregrinaciones culturales junto con la Monalisa en el Louvre. Una vez allí, la paloma entraría volando por alguna ventana entreabierta al lugar donde aparece, arriba, en medio de la bóveda alucinada, la escena de Miguel Angel tal vez más conocida: La Creación de Adán. Imagen cuya carga significativa reside en un espacio vacío al centro de la composición: allí donde las manos de un Adán confortablemente reclinado y un Dios Padre raudo y volátil se presentan separadas apenas por un intervalo brevísimo entre los índices respectivos -como si una chizpa invisible se hiciera responsable, en ese mismo punto, de la totalidad del problema creativo.

Como decir que toda esa amplia idea del arte religioso con sus innumerables y descomunales proezas flotantes, figuras, colores y aureolas, termina girando alrededor de un pequeño espacio vacio; haciendo de la representación, en todo su despliegue, el glorioso marco barroco de lo irrepresentable.

II
Cuatrocientos cuarenta y dos años más tarde, la célebre escena reaparece simplificada hacia su máxima eficacia. Pintada con aerosol a manera de un graffitti sobre unos vagones del metro de Nueva York, la imagen ha sufrido -literalmente- una profunda transformación. El cambio de contexto, haciéndola pasar del techo sacrosanto de la Sixtina a las profundidades abismales del subway, implica un desplazamiento de la vertical a lo horizontal, de las claras regiones celestes a las densas oscuridades de la materia, invirtiendo de este modo el principio trascendente: en lugar de subir, descendemos. Del ave pasamos a la serpiente.

Las manos en esta versión aparecen estigmatizadas, como si se hubieran tatuado sobre el flanco de un dragón metálico. El mágico intervalo que señalaba su distancia funciona ahora mecánicamente instalado sobre unas puertas que al abrirse y cerrarse activan, en intermitencia, el resultado del gesto creativo: engendrando y devorando millares de seres que brotan y desaparecen, como conejos del oscuro cubilete de un mago industrial, cuantitaivo.

El gesto tiene firma, declaración gráfica, sello: Freedom -subrayado significativamente con alas y aureola. Y no por un artista conocido, sino por un grupo de grafiteros que rondan las profundidades del subconciente urbano, colectivo. Agregando además dos preguntas en sencilla e inquietante secuencia: ¿Qué es arte? –¿Por qué es arte?

La pregunta no es nueva. Es una inquietud que ocupa el arte moderno desde sus comienzos, hacia la segunda mitad del diecinueve. Lo extraordinario en cambio de esta puesta en escena es la precisión con que articulan los diferentes elementos: la imagen reciclada, el lugar y el soporte en relación al público, las implicaciones del texto, la firma... Toda una estrategia condensada de comunicación intuitiva.

III
Wired es una conocida revista sobre tecnología y cultura electrónica. En una de sus páginas, Miguel Angel regresa esta vez camuflado bajo otro tratamiento. Adán ocupa la escena protagónicamente frente a un Dios padre menos creible y presente. De todos modos el famoso intervalo permanece, más no intacto; en su lugar, la aguja de una cúpula (San Pedro en Roma) intercepta el espacio vacio como sutil complemento. En clara disposición de satélite el “pararayos” celeste convierte sus descargas en mensajes, en frecuencias; el aviso de la RAI italiana aparece cruzado por una dirección electrónica.

El lugar de la imagen (capilla o vagón) es ahora una revista, una invitación en pantalla. El emblema renacentista que representa el “acto creativo” transita entonces entre diferentes circunstancias históricas manteniendo su carácter esencial pero diferenciado nítidamente en los soportes que cada época le ofrece. ¿Un simple cambio de medio? Las preguntas en las paredes del metro actualizan enfáticamente el problema de la intencionalidad y el contexto.

La imagen no miente. Del techo de la Sixtina descendió a las profundidades del Metro para subir enseguida aligerada informáticamente (como en cualquier resurrección) indicando de paso todo un proceso histórico verificable. El “intervalo” enigmático entre los dedos humanos pasó de lo suscitativo que caracteriza al relámpago arcaico a la chizpa del motor en las entrañas de la máquina, y luego a la pantalla vibrante, al espacio ubicuo y doméstico de los monitores conectados a la red. De la Biblia pasamos al espacio virtual, cibernético. ¿Cómo vendrá la próxima imagen?
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Anexos:

a)
Caja de cereal con E.T.
Correspondiendo a la invasión imaginaria del marciano y en substitución de la tradicional figura barbuda del Padre, Spielberg, que es judio, interpreta la angustia moderna producida por su desaparición con una “creación” sacada de su propio bolsillo: el macroencefálico, enano amistoso E.T. (modelado a partir de los rostros de Albert Einstein y el poeta Carl Sandburg). Criatura extraterrestre dotada igualmente de sorprendentes virtudes en la punta del dedo, pero cuya capacidad creativa no le alcanzó para superar el verdadero problema: “Tiene miedo. Está completamente sólo. Y a 3.000.000 años luz de su hogar”, como se anunció originalmente la película en 1982.

Einstein + Sandburg = E.T.
El asunto de a qué o a quién se parece el personaje celeste (en términos de la biografía de Spielberg, la imagen ausente del padre) se resuelve en una amalgama curiosa: 60% de talento poético (Sandburg), 25% de genio científico (Einstein) y un 15% de sapo evolucionista (a la Darwin), en donde el aspecto científico queda significativamente relegado ante la capacidad emotiva de la poesía. En todo caso un producto final 100% estandarizado de acuerdo a su reconocido olfato intuitivo.

b)
Las Guerras de la Evolución,
Time Magazine, aug 15, 2005

Imagen que ilustra perfectamente el dilema candente entre Evolucionistas y Creacionistas. En el ángulo superior derecho, el Dios de la Sixtina señala la frente del chimpancé pensativo sin que logre todavía decidirse si lo hace por cuenta propia (papá Darwin) o por efecto del índice que ilumina creativamente los meandros gelatinosos del pariente selvático.

Como dice el artículo, "La presión por enseñar Diseño Inteligente plantea la pregunta: 'debe Dios tener un lugar en las clases de ciencia?'"

c)
Fotograma de Frankenstein, dirigida
por Kenneth Branagh, 1994

La imagen moderna habilitada por la metáfora científica intuida por Mary Shelley a comienzos del XIX, nos muestra el mismo intervalo, ya no enmarcado por la totalidad bíblica de la historia, sino como un índice subliminal en medio de un experimento realizado en montañas alpinas: El doctor Víctor Frankenstein, después de haber logrado (como Benjamin Franklin) arrebatarle al cielo una pequeña descarga, le pregunta a su novia cómo se siente, y ella, recibiendo de sus dedos el cosquilleo de la chizpa, responde emocionada: “¡Viva!” -Compensación a la pérdida de la madre del obstinado doctor mientras lo daba a luz en el preciso momento en que un árbol caía abatido por un rayo.

d)
Una "tacada" crea figuras
Una ocurrencia espontánea como ésta -un montaje para un concurso de Photoshop donde vemos a Adán a punto de ejecutar una tacada- logra poner en juego elementos simbólicos con precisión insospechada. Norrit, como firma el concursante, sugiere traviesamente que las “bolas” con que nuestro primer padre está involucrado serían las de Dios.

Aparte de la carambola mitológica que alude a la historia de Saturno castrando a su padre Urano -una manera de interpretar el asunto-, el montaje de Adán comenta indirectamente un objeto que hice en Paris en 1983: un marco dorado cuyo espacio central se ha cancelado por completo sobre el cual aparecen, incrustadas, las tres bolas del billar. Las connotaciones del título, Coup-de-queue (golpe de taco; donde queue significa, en francés: taco o billón, cola, miembro viril), así como la forma simultáneamente apretada y receptiva del marco, juegan, entre otras, con la asimilación a los poderes del 'pincel' en 'la pintura'. Es decir, cuando es a Adán a quien le toca.

e)
Y otro reciente avatar:
The New Nokia E 90 Communicator has been recently released in Asia. This phone has more memory, processing power, and features than the average laptop from a few years ago. Steven Ambrose lives with the E 90 and tries to decide what it really is, and what it means for all of us. ... "Simply put I love this phone, more than that, I really use this phone and even better, I think the phone loves me."
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24 de enero de 2007

Piezas de 4 dimensiones

Exposición Michael Scheiner
Galería Diners, Bogotá -agosto/septiembre de 1997


Objetos translúcidos. Supuestos matraces, destiladores, probetas, filtros, retortas... Artefactos miméticos dotados de una funcionalidad sugestiva, muy a la manera de los aparatos didácticos que aparecen en las enciclopedias y en los libros de recreaciones científicas del XIX.

En Cámara de aislamiento, una de las 15 piezas expuestas -especie de útero para descargas electrolíticas imaginarias- un alambre de cobre pende al interior de una cápsula vertical, depositando por gravedad una granulación calcinada sobre la concavidad de la forma. En Fuego, las formas ramificadas, al tiempo que aluden a su correspondiente estructura llameante, remiten a la cornamenta de un ciervo o a las divergencias arbóreas del sistema circulatorio. Mientras que Planeando nos presenta un mapa de vidrio quebrado, acuoso y rectangular sobre un fondo de plomo como una carretera de asfalto señalizada por tachuelas -espacio "accidentado" construido entre la distancia abstracta de un mapa y la presencia inmediata, palpable, de un parabrisas destrozado... Un lenguaje construido dialécticamente en la relación transparencia/opacidad, donde la lámina de plomo ofrece en su densidad material la diferencia necesaria a la transparencia del vidrio: dos materiales opuestos cuya plasticidad natural les permite adoptar toda clase de registros y requerimientos. Cuestión de escala, también, como en Oferta y Demanda en donde, si atendemos al título, se fractalizan relaciones de interdependencia económica y vegetativa apoyándose irónicamente en la figura del “pez grande que devora al más chico”, pero que sigue igualmente funcionando a partir de su escueta y suficiente presencia sobre un campo amplio de asociaciones.

Scheiner -Pequeña Gota
En todos los casos -sobre todo en aquellos donde se exhibe una gran sencillez formal- las esculturas de Michael Scheiner pueden llegar a ser simbólica y psicológicamente bastante complejas. En Pequeña Gota (campana, frasco, falda, seno, cúpula), la superficie espejeante replica el contorno transparente de la superficie desde adentro como si fuera un gran recipiente colmado de mercurio. Lo que resulta ser una lámina, una cáscara de estaño previamente moldeada en yeso. Mucho más cerca se observan diminutas perforaciones que conectan sutilmente ambas superficies (de un lado el agujero real, del otro su reflejo). El contenedor, su silueta envolvente, la plenitud de los reflejos circundantes y el observador incorporado, podrían remitir, siguiendo un amplio juego de analogías, a la contundente figura de la Madona del Parto de Piero della Francesca y las connotaciones hiperbólicas de su maternidad. Como si esta referencia secreta pudiera llegar a confrontarse simultáneamente con la naturalidad desprevenida de una doméstica campana de vidrio protegiendo un imaginario queso blanco.

Jasper Johns, Subway, 1965
Estudio de Modelo podría verse también como un autoretrato construido a partir de dos enigmáticas “islas montañosas” (los codos del artista) que emergen apenas sobre una plataforma. Aquí la idea del iceberg, la relación entre el lado oculto y la parte manifiesta se invierte paradójicamente: el “modelo” habitual, la identidad corporal en cuanto visibilidad representable, se oculta en la menos reconocible de sus formas. Relieve intimista que recuerda aquel de Jasper Johns (Subway, 1965) en donde una rodilla masculina HIS y otra femenina HER se rozan equívocamente (son dos personas o una?) en medio de la intimidad desprevenida ofrecida por el Metro.

Scheiner
Por otra parte, los acabados camufladamente pictóricos al óleo (la opacidad tinturada: el sand-blast coloreado que imita el desgaste o abrasión a que son sometidos los instrumentos en un laboratorio) confieren a las piezas un efecto semejante a los Eroded Landscape de Tony Cragg. Una manera de inscribir sobre la transparencia nativa del vidrio una densidad particular, una pátina "alquímica", un registro de fuego corrosivo y sulfuroso, análogo al de las piezas de cerámica, donde se lee un proceso ambiental indeleble. Tal vez enfatizando la idea de que pertenecen a un universo eminentemente activo, de gran interacción material. Mucho más inmediato que cualquier alejada dimensión metafísica o alguna proyección "ideal".

Botella de Klein -modelo topológico
Tal vez por eso el vínculo establecido entre interioridad y exterioridad, la reversibilidad circulatoria adentro/afuera característica de la conocida botella de Klein (como sucede en Hemisferio), se percibe insistente en muchas de las obras expuestas. La referencia evidente al modelo matemático, la necesidad “científica” de que la forma adopte y revele la función, se basa en una estructura binaria: el positivo/negativo, el macho/hembra implícito en toda topografía pasional. De ahí que no se trata tan sólo de manipular y producir objetos tridimensionales en el sentido de formas que se cierran sobre sí mismas -como sucede en la escultura habitual donde el trabajo sobre la superficie es lo que informa- sino de "dispositivos" o aparatos cuya transparencia ofrece la posibilidad de imaginar los "contenidos" energéticos que circulan y escapan en un tránsito virtual por la interioridad de las piezas.

Scheiner -obras diversas
Metáforas cristalizadas del cuerpo en lo que tiene de más íntimo y más substancial -no en vano todas proceden del fuego-, las piezas de Michael Scheiner son una colección de órganos vítreos que ejemplifican su funcionamiento enigmático en una lógica propia, mucho más de carácter psicológico y biológico que meramente conceptual. Más que “objetos”, lo que confrontamos son los testigos formales de una operación, los instrumentos de una acción transmutadora que pueden mejor intuirse desde una dimensión temporal.

MCA
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Nota:
Como una excepción a las entradas de este blog, este comentario es inédito. Por alguna razón no logró publicarse coincidiendo con la exhibición.

22 de enero de 2007

Hélène Delprat, su Aventura Inmóvil, y “otra cosa”

Exposición Galería El Museo -Bogotá, 1989

Ex-voto aux ancêtres, 1987
Cuando un pintor europeo dice “Yo pinto. Esa es la historia” (y es lo que ella dice), el sentido de la frase oscila entre un alguien en primera persona que imprime su registro aqui y ahora, y aquella otra persona (genérica, representativa) a través de la cual la historia inscribe, en el mismo lugar, el resultado de todas sus mezclas y sus espectativas. Este doble discurso implica toda la enfática ambivalencia de la modernidad: por un lado, la investidura de su emancipación vanguardista; por el otro, la incalculable irrupción de todos los pasados, de todas las memorias de la “diferencia”.

Figures voilées, 1987
La pintura de Hélène Delprat es de esas que se ubican en el extremo de una polaridad que regresa. Su interés se cierne sobre un cierto tipo de recuperaciones arquetípico-religiosas que busca en los rastros formales de las culturas primitivas las huellas de una coherencia ritual, deseable. A diferencia de otros artistas que asumen esa “interiorización” a partir de elementos más autobiográficos (Beuys, Rothko) o que suscitan los elementos críticos de una confrontación intercultural (Alberola), su repertorio sígnico encuentra cierta afinidad con el graffitti neoyorquino de Basquiat y con el tejido esquemático de R.Penk en Alemania, para no hablar de la muy similar diseminación de signos afro-australianos de J.Brown en los Estados Unidos. De este modo, sin tener que detenernos en los servicios formales del arte de Africa y Oceanía a comienzos de siglo donde se ayudó enormemente a la decodificación de los sistemas representativos de occidente, la tradición pictórica en que se inscribe su trabajo le permite desplegar un gran refinamiento de color y factura. Sin embargo, su ávida reconsideración no parece buscar tan sólo el estímulo para derivaciones formales, puesto que detrás de todo aquel aparato representativo aparece una dimensión nostálgica a propósito del sentido que encierra. Cómo no darse cuenta, entonces, que se trata de una recuperación en términos más amplios?

Qué sentido tendría retomar las historias de una mitología familiar (Diana, Acteón, Ofelia, Narciso), si es precisamente ése el sentido que se quiere eludir? Alberola, que es argelino, firma sus cuadros Acteon Pinxit. De Chirico, por su parte, asume una nostalgia deliberada a comienzos del siglo XX, cuando la mayoria de los artistas europeos buscaban disolver su identidad aligerando así su carga memoriosa. De modo que, por un lado, tenemos la necesidad de un anclaje significativo, congruente, y por el otro, la urgencia de un extrañamiento como recurso para oxigenar estructuras fatigadas de representarse a ellas mismas.

Los títulos que Delprat utiliza para sus exposiciones (Selvas y Lobos, Iniciaciones, Caja Negra, La Aventura Inmóvil...) invocan la dimensión arcaica, animista, de las religiones primitivas donde la amplitud y la ambigüedad de sus “historias” deja el campo abierto a la ceremonia de lo propiamente pictórico. Y es precisamente porque la pintura se asienta fundamentalmente en su materialidad por lo que es solicitada para establecer una toma de contacto con una realidad perdida. No en vano uno de los aspectos más dramáticos en el desarrollo de la civilización occidental es el que haya tenido que construirse sobre el detrimento gradual de “otra cosa” -como quien se apoya, para impulsarse, en una negación. Ahora, cuando es esa misma cultura la que padece la sensación de su propio detrimento, aquella ‘otra cosa” reaparece como una alternativa paradójica. Pero, hay acceso?

Por su parte, Hélène Delprat dice que hay que “pintar o romper un muro”. En otras palabras, lo que la buena pintura siempre ha hecho.

MCA
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21 de enero de 2007

Luis Fernando Rodríguez (El Pollo)

Exposición Generación Intermedia.
Biblioteca Luis Angel Arango, 1998


VERÓNICA PARA UNA SEMANA DE PASIÓN

Corona de sol en lo alto (o en su defecto, un poderoso bombillo al estilo Guernica)


Al centro del ruedo, una muchacha con las manos extendidas aguarda la embestida de un bello rostro doliente. Especie de bailarina gitana a la vereda del camino suplicial soñando en su impecable camisa bordada camino del calvario, que chorrea. Pues sabe que si no se unta no pinta, y aunque no le hayan visto nunca pinceles en la mano, su nombre significa: la imagen verdadera.

Y si la pintura es cuestión de trapos, qué otra figura podría mostrarnos de la ya famosa "faena" nacional, con gente congénita berreando y maldiciendo todavía, como en cualquier 9 de abril. Todos vestidos a la incómoda, insulsa manera política, bajo un lindo sol agropecuario. Atestando la amplitud de las plazas con revolución de sirenas y frases. Extrañamente impávidos al repertorio cotidiano de los atardeceres. Arremetiendo, a fondo, contra las muy inocentes verduras del campo. Esculcando en todo aquello el dividendo y el multiplicando. Hurgando con rabia iracunda las anatomías del dolor ajeno -como quien busca entre tanto amasijo el espejito sangriento de todas las cédulas y sus "identidades".

Pero esas imágenes pasan y no se depositan. La memoria que les corresponde desaparece en la cinta veloz, indiscernible, de los videos y las rotativas. Para eso se requiere otro Tiempo, otro Espectador, otro que coja la muleta y se le mida al ambiente de fondo embadurnando los magentas esenciales con despojos obsesivos. Como decir que cada tela es un retrato, una suma cuidadosa de todas las partes del toro.

MCA
26-04-98
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20 de enero de 2007

Francisco (Kiko) Fernández

I -Reticencias

Exposición Centro Colombo Americano
Bogotá, 1994

“Dígame usted, señor, no es el día igual de largo que de corto? Quiero decir, no tiene la misma longitud? Lewis Carroll

Lo que resulta exitante en la situación paradójica planteada por Carroll es esa misma TENSIÓN que percibimos como necesaria al destello de su solución imaginaria. No lo uno o lo otro, sino la intuición de una alianza o de una anulación irrepresentable donde uno de los términos se permitiera (por alusión o "reticencia") el desbordamiento callado del papel en blanco; logrando de este modo el gesto de perfecto equilibrio frente a cualquier escogencia.

Frente al acto o el silencio, en aquel esbozo de tragedia, surge entonces el placer del no sometimiento a la pregunta que divide. El SINSENTIDO, ahí, lejos del cráneo que mide, arroja su aura de artisticidad. El sentido común (su duda implícita) puede entonces redimirse a partir del vértigo impecable de todo posible. Sensación “analfabética” o especie de jardín no plantado, pero que regamos con sólo mirarlo.
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II -Pinturas "de oido"

Exposición Galería Garcés Velázquez, Bogotá, 2005










Cuando Francisco (Kiko) Fernández dice que decidió “despojar la imagen de toda referencia externa para buscar una obra que no tuviera nada que ver con la representación”, no está necesariamente sugiriendo que su pintura es abstracta. Cuando dice, en cambio, que le llamó la atención “trabajar con las posibilidades que puede brindar la serialidad” y que “a traves de articular las imágenes se puede generar una organización que posibilite variantes, reordenaciones, que renueve significados y desintegre lecturas”, está declarando (en cinético) el sentido probable de sus curiosas pinturas.

Curiosas porque más allá de la evidencia que ofrecen al ojo las aplanadas superficies, su pintura, a mi modo de ver, no corresponde exclusivamente a un planteamiento visual.

Los patrones rítmicos que determinan sus pinceladas matemáticas (trazos rectos que se describen a sí mismos como “veladuras”), asi como la multiplicidad de transparencias cruzadas que generan, terminan produciendo, más que un objeto, el efecto atmosférico de una ‘cortina’ tejida sobre un campo de luz. Como si en lugar de mostrarnos directamente la figura en la imagen tuvieramos que intuirla desplazada, sumergida extrañamente en el fondo luminoso del cuadro. Interceptando con las veladuras la posibilidad de un evento visual ‘detrás del vidrio’; de aquello que pudiera aparecer representado en pintura, capturado.

[¿Será que en la velocidad ambiental en la cual se sumerge el objeto, el deseo prescinde del tacto y la necesidad de atrapar se virtualiza?]

Kiko, el sujeto que pinta (y su mano) desaparece también, camuflado, en la impecabilidad ‘tecnológica’ del procedimiento. Antes que proyectarse sobre el registro inmediato y material, impregnando los rastros del trabajo con cualquier ‘temperatura’, el artista reproduce la particularidad emotiva del espacio mental en que se desenvuelve. No ya el telón de fondo, escenográfico, para una figura central, definida; sino más bien la inquietud temporal, electrizada, que corresponde a su calculada, inteligente y muy personal coreografía.

En este sentido, podemos suponer que las pinturas seriales de Francisco Fernández podrían muy bien representar una imagen acústica; la ‘partitura’ de un lenguaje de ritmo donde lo visual y su imagen, como referencia afectiva, se ven sutilmente desplazados por la eficacia estructural de un tejido sonoro. Especie de capullo resonante donde un enjambre de ‘frecuencias moduladas’ ejerce el efecto cuasi-amniótico de un hipnotismo ritual, contemporáneo.
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(English version)

Painting ‘for the ear’


When Francisco (Kiko) Fernández says that he decided to “strip the image of all external references so as to find an oeuvre that would have nothing to do with representation,” he is not necessarily suggesting that his painting is an abstract one. Instead, when he says that he was interested in “working with the possibilities offered by serial rendering,” and that “the articulation of images may generate an organization that allows for variants, reorderings, renovation of meanings and disintegration of readings,” he is declaring the probable meaning of his curious paintings.

‘Curious’ because, beyond the visual evidence of their flat surfaces, his paintings -to my mind- do not correspond exclusively to a visual statement.

The rhythmic patrons that determine his mathematical brushstrokes (unswerving traces that describe themselves as “transparencies”), as do the multiple intersecting effects generated by the brushstrokes, end up producing -more than an object- the atmospheric effect of a ‘curtain’ woven over a field of light. Instead of directly showing us a figure on the surface, the paradoxical brushstrokes suggest her displacement into the luminous background of the canvas, while intercepting what could appear represented or ‘captured’ in painting, thus effacing the possibility of a visual event ‘behind the glass.’

[Could it be that in the atmospheric speed in which contemporary objects are submerged, desire dispenses with touch and the need of ‘capturing’ becomes virtualized?]

Kiko, the subject that paints, also disappears, as does his hand, camouflaged in the impecable ‘technology’ of the process. Rather than proyecting himself onto the immediate and material register or impregnating the traces with any personal ‘temperature,’ the artist reproduces the emotional particularity of the mental space in which he moves. It is not so much the scenic, background curtain for a centrally defined figure, but rather a temporal and electrified disquiet that corresponds to his precise, intelligent, and very personal choreography.

In this sense, we may suppose that the serial paintings of Francisco Fernández could well represent an acoustic image: the ‘score’ of a rhythmic language where visuality and its image, as an affective reference, are subtly displaced by the structural efficiency of a sonorous embroidery. A type of resounding cocoon where a swarm of ‘modulated frequencies’ exerts the quasi-amniotic effect of a hypnotic, contemporary ambiance.

(Traducción: Patricia Zalamea)
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15 de enero de 2007

Otro Salón (en Medellín)

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #723 (23.03.97)















Cuando la necesidad y las ganas de hacer algo se presentan bajo el rótulo de Festival Internacional de Arte Ciudad de Medellín; SALON NACIONAL, nuevos valores en el arte, 1997, no es difícil darse cuenta que la energía y una cierta ingenuidad pueden darse al mismo tiempo. Energía (porque la conocemos): pura idiosincrasia en acción. Ingenuidad: porque en un gesto apenas entusiasta (por irreflexivo) termina por ocurrírseles la “idea soberana” de lo que constituye, sin más, un Salón... La obviedad es tal, que la voluntad de actuar autónomamente termina por delatarse paradójicamente en medio del más crédulo convencionalismo reproduciendo la estructura formal de ese espectáculo desueto en que se han convertido los “Salones Nacionales”, vengan de donde vengan.

Los equívocos folletos que promueven el evento -con su aspecto cívico metropolitano, tipo empresa de energía eléctrica o teléfonía celular-, ostentan, en total consecuencia con la oficialidad que suelen tener los patrocinios, tema y slogan: “Arte y Ciudad” y “La esencia del arte es libertad”. Dos inevitables lugares comunes que ilustran con suficiencia hasta dónde se puede llegar en la asimilación sin resistencias de lo inmediato. Como si el sólo hecho de reproducir la idea genérica de lo que es un Salón bastara para hacer “otro”.

“Difundir la obra de los nuevos creadores de las artes plásticas en Colombia”, más precisamente, “promover nuevos valores”, no deja de ser, a pesar de la buena intención, un propósito bastante discutible. ¿Quién dijo que un valor, un nuevo valor, en arte, aparece de ese modo, “como si nada”, salido de la cornucopia del escudo nacional como un producto de una fábrica, amparado por el mito contemporáneo de que los jóvenes, por el sólo hecho de serlo, tienen la capacidad espontánea de producirlo?... ¿Qué será, en últimas, lo que se entiende por “valor”? Si se trata de la aparición de una nueva figura sobre la escena, figurantes no han de faltar -tampoco pretextos-, pero si consiste en la aparición de un planteamiento singular, significativo, la exigencia es completamente de otro órden.

Pero supongamos por un momento que esto llegara a suceder. Dudo mucho, entonces, que un tal “valor” pueda reconocerse de inmediato. Al no darse el contexto adecuado que permita la apreciación de la nueva obra en el sistema de relaciones que ella misma suscita y genera (como es el caso de nuestro medio cultural), el reconocimiento de hitos creativos, de novedades reales, opera por lo general a posteriori, luego de un tiempo a través del cual pueda percibirse articulada a partir de la personalidad que la produjo y la historia en que se inscribe. De modo que si se está promoviendo un “nuevo valor” lo más probable es que nadie sepa en qué consiste, y, lo que es más curioso, que la obra capaz de representarlo, camuflada en su misma singularidad, no sea notada en absoluto.

Además, una cosa es reconocer eventualmente un nuevo valor, y otra instituirlo. Por eso ningún evento garantiza que lo primero suceda a partir de la simple intencionalidad organizada, del aparataje crítico especializado y del ritual selectivo dispuesto para tal efecto. El que un Salón Nacional pretenda olímpicamente instituir valores a partir de su plataforma oficial de lanzamiento no pasa de ser una hipótesis de trabajo, una “política cultural” que quiere jugar con un poder que no le corresponde. La prueba está en que el tiempo generalmente los desmiente, relativizando con implacable precisión lo que de ese modo pretende.

El arte no opera así (quiero decir, el arte, no el mundo del arte, que son dos cosas distintas). El arte prescinde generalmente de intencionalidad, de voluntad autoconciente con respecto a una realidad inmediata. Su tiempo es un tiempo diferido, alterno, intuitivamente decantado. Sin embargo, el prototipo del artista actual es el de un adolescente de actualidad, en cuanto padece (adolesce) lo inmediato como una barrera con la cual se identifica sin poderla transparentar ni trascender. Tal vez será por eso que sus audacias resultan tan predecibles al no ir más allá de lo ilustrativo y epidérmico, de lo “modal” instaurado en ese mundo del arte en el que se ineludiblemente se involucran. Como si no existiera la posibilidad de otra opción capaz de contextualizar adecuadamente sus propuestas.

La simple estadística demuestra la fragilidad de estas “ocurrencias” respaldadas casi siempre por mecanismos de mediatización o mercadeo. Por decirlo simplemente, lo que de esta manera se promueve no se sostiene en el tiempo. Tanto es así que una simple entrevista personal -quiero decir, una confrontación extensa, a fondo, que verifique el tipo de presencia de la persona en cuestión- podría bastar para poner al descubierto la precariedad de su “invento”.

No hay entonces tal cosa como un nuevo valor manifestado, fácil y evidentemente, en la escena preconcebida del teatro. El principio es otro: La regla del arte es siempre la excepción. No puede invitarse deliberadamente a la precisa y puntual aparición del milagro.

Si hablamos de estas cosas aprovechando la incomodidad, por exceso, de otro Salón Nacional, es para resaltar de algún modo la inercia que inconcientemente acompaña a todos estos intentos fallidos de resucitar (o instaurar) una conducta cultural a punta de eventos que supuestamente la favorecen.

Richard Serra, 1970. Bronx,
Webster Av. 184 Street, NYC.

Para qué otro Salón, entonces, si no es para darle continuidad -aquí o allá- a la contradicción evidente entre viejas ceremonias de consagración, más típicas del diecinueve que otra cosa, y la naturaleza de un arte en busca de otras formas de actividad e inscripción. Para qué insistir si lo único que se obtiene, aparte de la dudosa satisfacción cuantitativa de haber hecho "otra vez" la cosa, es neutralizar el fenómeno artístico en la formaleta de la infraestructura que lo promueve.

Y precisamente porque no resulta evidente, más valdría ponerse a considerar de qué maneras podría el “mundo del arte” extender su territorio más allá de sí mismo, replanteándose sobre otras actividades, interceptándolas ingeniosamente así no sea más que para incorporarles, tal y como corresponde a sus arcaicas funciones, un poco de natural enajenamiento.
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13 de enero de 2007

Eros & Tanathos: Ex-Libris Images as a Cultural Wallpaper

A powerpoint conference at the FISAE Congress XXXI (Fédération International des Societés d'Amateurs d'Ex-libris), Nyon, Switzerland, 23-27 august 2006.

















To see details and download presentation go to: http://www.fisae.org/talksanddeb.htm

*Versión en español, en proceso.
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15 de septiembre de 2006

Cabezas que caen, ojos que vuelan

Una interpretación de El Melómano de Méliès














1.
El arte de la Interpretación* (tres entregas, TV) -Programa
“Estudio”, Canal 3, 1995
2. Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera
-diciembre 31 de 1995

Este texto, resultado de una invitación de Diego Carrizosa a su programa de televisión donde se comentaban películas, terminó convirtiéndose en un juego de desciframiento, o por así decirlo en un arte de la interpretación a partir de un relato con diapositivas repartido en tres sesiones, una cada semana. A finales de ese mismo año escribí una transcripción de esa experiencia para la revista Estrategia. La que ahora publico es la tercera edición.
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“El fluido ensamblaba los telégrafos, corría como una serpiente de fuego sobre las almenas de las torres, brincaba por encima de las flechas de las catedrales”. Grandville (1803-1847), Otros Mundos.

Georges Méliès (1861-1938) mago y cineasta, conocido principalmente como el pionero de los primeros trucos cinematográficos. Más que autor (a la antigua), ‘Geo’ Méliès fue el delirante y prolífico inventor (a la moderna) de películas con títulos del siguiente calibre: Los Rayos X, Fausto en el Infierno, Desdoblamiento Cabalístico, Transmutaciones Imperceptibles, La Bailarina Microscópica, El Hotel Envenenado, Alucinación Farmaceútica, Desventuras de un Aeronauta, El Batallón Elástico, Fotografía Eléctrica a Distancia, Los Caballeros del Cloroformo, y (el extraordinario) La Serpiente de la Calle de la Luna. Nombres que invitan a un espectáculo de revelaciones macabras bajo carpas de circo clandestino o, como dicen los escritores, en “barracas de feria” donde, alternamente a los salones demasiado iluminados de las culturas concientes, se cultiva la lucidez en las venenosas maravillas de lo raro. Nombres impregnados del espíritu fantasioso de aquellas “recreaciones científicas” que antecedieron nuestras domesticaciones televisivas y que continúan impregnando el fondo popular del moderno experimento.

Como en cualquier obra de artista, la imaginación de Méliès parece sin embargo evolucionar alrededor de algunas obsesiones diseminadas a través de una filmografía de más de 500 títulos en donde Cabezas y Diablos reinciden en un repertorio macabro esencial al lenguaje ilusionista de la magia : El Hombre con Cabezas (cuatro cabezas reemplazadas una sobre otra en una sobreimpresión de identidades repentinas); la famosa El Viaje a la Luna (cabezas emergiendo en estrellas -como conejos que brotan del amplio cubilete de la noche. Imagen actualizada en una reciente versión de las Aventuras del Barón de Munchhausen, convertidas en platillos con cabezas volantes); en El Melómano (cabezas como pájaros cantando entre cuerdas telegráficas); Ejecución de un Espia (cayendo en canastos -cruda escena de guillotina cuyo ‘realismo’ produjo la primera censura oficial en la historia del cine); El Terrible Verdugo Turco (con 4 decapitaciones simultáneas); El Hombre con Cabeza de Caucho (la gesticulante cabeza de Méliès se infla desmesuradamente como un globo para terminar explotando), etc.

En cuanto a su obsesión sobre los múltiples quehaceres del diablo, la lista continúa : Magia Diabólica, El Gabinete de Mefistófeles, El Huevo del Hechicero, La Escuela Infernal, La Isla del Diablo, El Diablo en el Convento, El Buen Diablillo, Los Tesoros de Satanás, El Diablo Gigante, El Diablo Negro, Las Hijas del Diablo, El Inquilino Diabólico, Satanás en Prisión, Los Cuatrocientos Trucos del Diablo, Cuadro Diabólico... para citar sólo algunos donde aparece declarado el asunto pero que no agota el repertorio de referencias abracadabrantes de este mago convertido en cineasta después de comprar en 1888 el teatro del famoso ilusionista Robert Houdin. Escenario en el que terminó proyectando sus películas.
(...)

(pulse aqui para ver la película)
En El Melómano (1903), brevísima película muda de apenas 2’ 18’’ sobre un tema musical, el mismo Méliès aparece en medio de un paisaje enmarcado por un par de postes telegráficos gesticulando ceremonialmente como quién presenta un acto teatral. Acto seguido, como si se tratara apenas de quitarse el sombrero, se arranca la cabeza arrojándola hacia las cuerdas del telégrafo donde continúa haciendo muecas aun separada del cuerpo. Las cuerdas, acompañadas por una clave de Sol, forman un pentagrama gigante sobre el cual viene a inscribirse la cabeza voladora como una nota musical en una partitura. De repente, una nueva cabeza emerge de su cuello y luego de desplazarse levemente a la derecha del espectador se la quita para volverla a arrojar... Después de una serie de autodecapitaciones burlescas contradiciendo la ley de ‘gravedad’, unas señoritas se sitúan bajo el pentagrama (cada una con un cartón con el nombre de una nota musical: ut, ut, re, si, ut, re / mi, mi, fa, mi, re, ut / re, ut, si, ut), mientras Méliès, con una batuta, ejecuta visualmente "God Save the King" que es lo que finalmente 'cantan' las cabezas antes de transformarse en golondrinas que se hechan a volar!

La escena es extrañamente frenética y fluida, sorprendente. En su concentrada significación la película transcurre como uno de esos sueños que entendemos mientras estamos dormidos pero que no logramos descifrar a menos que permanezcamos en ese estado intermedio, de duermevela, como espectadores atentos al espectáculo que nosotros mismos proyectamos, y que nos dice que un secreto importante está a punto de ser revelado.
...

1


Decapitaciones y vuelos

Hacia finales del siglo XVIII, en 1783, Joseph Michel y Jacques Étiene Montgolfier se convirtieron en los primeros seres humanos que lograron volar. Ese mismo año los hermanos franceses hicieron una demostración inocente de su invento ante el Rey llevando en el globo, un pato, una oveja y un gallo (seguramente la primera vez que un pato subía sin volar).

Diez años más tarde, en 1793, se llevó a cabo la revolucionaria decapitación de Luis XVI en la guillotina. Treinta años más y ya el asunto era ‘tema’: a un pintor romántico como Géricault le da por ambientar su estudio con 'naturalezas muertas' compuestas literalmente con cabezas de decapitados y fragmentos anatómicos de condenados cuyos horripilantes modelos se hacía llevar (tradicional castigo de ‘dispersión’ a que eran sometidos los que atentaban contra la integridad del Monarca).

Jean Clair en su libro Medusa, dice: "La guillotina invierte los datos tradicionales. Ya no es solamente el instrumento de una de-teologización del universo sino el instrumento de una cosmología negativa. A la jerarquía de las sociedades cerradas, ella opone desde entonces la igualdad de todos frente a la muerte (...) En este simbolismo, la cabeza cortada debería manifestar menos el temor de la pérdida y el duelo del Padre que la aparición de la matriz original, de la Magna Mater, la materia prima de donde nacerá el cuerpo social."

El orden instaurado es otro: la cabeza que mira es ahora mirada, levantada ante el pueblo como una medusa que ya no paraliza.

Publicidad del software Eudora
en la revista Wired

Coronaciones y decapitaciones son las dos caras de un mismo gesto. Méliès, por ejemplo, realizó la muy democrática Si J’etais Roi (Si Yo Fuera Rey); y en Le Sacre d‘Eduard VII (La Coronación de Eduardo VII) recreó y filmó la coronación del Rey, en estudio, antes de que tuviera lugar el evento real. Napoleón, por su parte, en una actitud de moderna e imperiosa autonomía, declinando la imposición de un poder que no procediera de sus manos, se corona con las suyas prescindiendo de al menos una de las cinco secciones rituales en que consisten las coronaciones: el momento en que el nuevo monarca “rinde homenaje a las autoridades temporales y espirituales.” [1] Su arrogancia resulta entonces ‘popular’ de la misma manera que todos los Egos (como en el sanatorio) resultan napoleónicos.

Según Freud, "El rey sobrevivió a la caida de los reyes bajo la forma de un rey interno. El héroe de novelas y ensoñaciones, es su majestad el Ego."

Pero la cabeza del rey Luis cae, produciendo una insospechada y brutal liberación de energía histórica. Como si al romperse el dique monárquico, ese Yo conciente, esa cabeza coronada, unas fuerzas oscuras terminaran proyectándose sobre la escena como un tropel de caballos desbocados. En sólo seis años se anticipó la exitosa "expansión de los gases" del globo Montgolfier a la Declaración de Derechos firmada el 26 de agosto de 1789 -el año en que el señor Guillotin propuso su eficaz invento. Y mientras que algunos "interpretaban el fuerte énfasis en los derechos individuales como una expresión de la doctrina Calvinista de la libertad de conciencia", nosotros sospechamos más bien la inevitable expresión de una "libertad de inconciencia" todavía no formulada.

Novalis en I know Where a Castle Stands, poema utópico, dice: "And finally, freed from its bonds / the sea will engulf the empty tower". ("Finalmente, liberado de sus bordes / el mar se tragará la torre vacía.")


2

Cascos y ruedas

El caballo, junto con el desnudo, siempre ha sido una de las formas favoritas del arte. "Símbolo del psiquismo inconciente o de la psique no humana; asociado al arquetipo de la Madre en cuanto memoria del mundo, el caballo es el animal de las tinieblas y de los poderes mágicos así como de la impetuosidad del deseo".

Géricault nuevamente, un artista interesado por el movimiento, es quien propone este animal en su más sintomática presencia. En el conocido Derby de Epson (1821), una de sus innumerables pinturas ecuestres, cuatro jockeys flotan suspendidos sobre sus cabalgaduras como si jamás hubieran tocado el césped en ese día oscuro, cargado de premoniciones. ¿No tuvo acaso que ver el desarrollo del cine con una apuesta sobre si los cascos de un caballo trotando al límite de su velocidad pudieran verse todos, instantáneamente, separados del suelo?

El experimento fotográfico que Muybridge realizó para comprobarlo en la primavera de 1872, en Sacramento, California, en el rancho de su protector Leland Stanford (magnate de los ferrocarriles), transó de una vez por todas a favor de quienes suponían “un período de tránsito sin soporte ('unsupported transit')”. Es decir, la levitación simultánea de los cascos representada anticipadamente por Géricault. Tal y como celebraba un periódico de la época la novedad de estas revelaciones fotográficas a propósito de la nitidez con que se percibían los radios en las ruedas de los carretines: “...the result was a novelty in photographic art, and a delineation of speed wich the eye cannot catch. At 2:27 the spokes of a sulky are invisible to the eye, as they spin around to fast that, taken separately, they are not distinguishable. The photograph shows each plainly, without blur”.

En febrero de 1804, la primera locomotora había sido puesta en operación en el sur de Gales, y no fue hasta 1825 que Stephenson inauguró la primera línea férrea para carga y pasajeros. El tren aparece entonces en escena y Turner lo pinta por primera vez en su famoso cuadro de 1843 Lluvia, Vapor, Velocidad. Título preciso en su encadenada secuencia de fenómeno atmosférico, energía aplicada y movimiento, describiendo en tres palabras la totalidad del proceso. Como si toda la letra implicada en el manifiesto de las declaraciones verbales viniera a resolverse en una sensación leída en lo más íntimo del cuerpo. Imagen declaradamente dinámica donde la insólita presencia de una máquina vendría a traducir el espíritu implicado en cualquier Revolución. Verdadera "Anunciación industrial", vertiginosa.

Significativamente, el cuadro de Turner fue pintado un año antes de que fuera instalada la primera línea de telégrafo en 1844. Invención que resuena años más tarde en las declaraciones del capitán Nemo (personaje de Julio Verne y creador del Nautilus; bautizado en homenaje al submarino inventado por Fulton 70 años antes) cuando reconoce que en su nave alimentada por pilas "hay un agente poderoso el cual es el alma de mis dispositivos mecánicos. Ese agente es la electricidad". Mientras que Theniel -el ilustrador por excelencia de las Alicias de Carroll- nos muestra a los dioses del vapor y del carbón preguntándose como un par de intrigados Reyes Magos sobre el nacimiento y el futuro de esta nueva criatura y sus impredecibles poderes energéticos.

O sea que de caballos y trenes, de la fuerza animal potenciada en vapor, pasamos a un tipo insólito de energía que, como enseña ejemplarmente Frankenstein, todo lo anima... Y así como el tren aparece ligado a la materialidad de los cuerpos, al evidente transporte de su peso, el "transporte" eléctrico no sólo es mágicamente instantáneo (como la fotografía) sino que resulta inmaterial como el pensamiento cuya sede tradicional es la cabeza.

Tal vez para el mago inconciente, para el Méliès que imagina adoptando divertidamente un sentimiento colectivo, el recuerdo profundamente instalado de la caída, de la decapitación de una cabeza coronada, haya terminado por aligerar de algún modo la carga ancestral, el oprimido lastre psíquico que percibimos en los caballos azarados de la pintura romántica. Cabeza ruidosamente proyectada (como el corcho triunfante del champán -para los que celebran) en un transpaso súbito de cabalgaduras sobre el galope mecánico de tren. Participando de la novedosa velocidad inaugurada y su correspondiente sucesión de imágenes cinéticas en una secuencia de sueños.

Como aquella imagen insólita (en una serie sobre Wagner para la TV) del tren azul-infancia que se hizo construir el alucinado Ludwig II de Baviera, en donde su vagón aparece tocado por una impertinente y melancólica corona dorada que vemos pasar como un veloz cortejo fúnebre, zigzagueando como una serpiente de hierro por entre las ondulaciones del paisaje.


3

Ojos que vuelan...

La velocidad busca el vuelo. La imagen de Nadar fotografiando Paris desde su globo, caricaturizada por Daumier, así lo muestra: si la cámara es el ojo sostenido entre las manos, también es la cabeza que ahora se levanta extendiendo su mirada panorámica 'a vuelo de pájaro', mientras el sombrero de copa (atributo de las cabezas masculinas del siglo diecinueve) vuela libremente 'decapitado' por el viento. Como viene a transformarse en la litografía de Redón, L’Oeil, comme un ballon bizarre se dirige vers l’infini (1882). Donde el ojo se hipertrofia en un globo que arrastra en su ascención la cabeza, colocada sobre un plato, desprendiéndose aún más radicalmente del cuerpo.

Orfeo, Jean Delville
En algunas imágenes de la decapitación de San Juan el Bautista o el desmembramiento de Orfeo, o porqué no, aquella del retrato compasivo que le hace a Cristo la Verónica, la cabeza separada brilla con un resplandor fosfórico. Cabeza-astro en el cuadro enjoyado de Moreau, disuelta en vibraciones de color según el tratamiento simbolista de Redon, o como la puso el poeta Laforgue, sostenida sobre el acantilado en los brazos no muy consistentes de su elocuente Salomé. “Or la, sur un coussin, parmi les débris de la lyre d’ébene, la tête de Jean (comme jadis celle d’Orphée) brillait, enduite de phosphore, lavée, fardée, frisée, faisant rictus a ces vingt-quatre millions d’astres.” ("Y ahora allí, sobre un cojín, entre los restos de la lira de ébano, la cabeza de Juan (como antaño la de Orfeo) brillaba, bañada de fósforo, lavada, maquillada, ajada, haciendo rictus a aquellos ochenta millones de astros."). Como si a la sede del pensamiento se le atribuyera ahora, más que un aura metafísica, el destello electrizado de su actividad.

Mallarmé, en su Cántico del Bautista, sintetiza el momento:
(mi traducción)

El sol que su detención
Sobrenatural exalta
Vuelve a caer enseguida
Incandescente

Yo siento en las vértebras
El desplegarse de tinieblas
Todas en un estremecimiento
Al unísono

Y mi cabeza surgida
Solitario vigía
En los triunfales vuelos
De esta hoz

Como ruptura franca
Tan pronto rechaza o zanja
Los viejos desacuerdos
Con el cuerpo

Que ella ebria de ayunos
Se obstina en seguir
En un turbado brinco
Su pura mirada
(...)


4

Beheadings und telegraphia

New Jersey Transit
De lo teológico pasamos a lo tecnológico. Fenómenos como ubicuidad, telepatía, instantaneidad, desmaterialización, multiplicación, apariciones y levitaciones -como en los trucos de magia- ya no serán milagros religiosos o esotéricos sino que corren por cuenta de los 'efectos especiales' de la ciencia. A la nueva criatura mecánica, a la 'hija nacida sin madre' (fille neé sans mêre, como la llamaban Duchamp y Picabia), a la máquina estimulada por los nuevos poderes de una musa científica lo que le faltaba no era más que el soplo, el principio luminoso, la descarga integral que animara sus entrañas.

Siguiendo los dictados de una lógica poética impecable (1903 fue también el año del vuelo inaugural de los hermanos Wright convirtiendo a los aviadores en los nuevos 'reyes del aire'), las ingrávidas y múltiples cabezas de Méliès terminan por posarse sobre las cuerdas del telégrafo correspondiendo a esa imagen subliminal por todos conocida -y por todos ignorada- de aves sobre una partitura de cuerdas. Lo que sigue es el transporte instantáneo, a la velocidad de la luz, de estas 'reproducciones mecánicas' mientras cantan God Save the King en total correspondencia.

En cuanto a la coronación, ella es la metáfora revolucionaria de todo el proceso: si la cabeza real cae 'políticamente' es para ser levantada 'científicamente' como la popularización tecnológica de su luminosidad. Es así como en virtud de esta progresiva desmaterialización (“unsupported transit”), el antíguo dios de los hogares sale de la chimenea para convertirse en un fantasma ubicuo, electrodoméstico. Lo que sigue es un intenso, doloroso acomodo, en el cual el Lenguaje de los Pájaros, el argot del pentecostés inconciente, es la poética lengua de fuego que se instala una vez hayamos 'perdido la cabeza'.

Como dijo Joyce en una de las palabras trueno (thunderclaps o palabras de cien letras) que premonitoriamente pautan su telegráfico-nocturno-último-libro:

...Ullhodturdenweirmudgaardgringnirurdrmolnirfenrirlu
kkilokkibaugimandodrrerinsurtkrinmgernrackinarockar! Thor's for yo!


-- The hundredlettered name again, last word of perfect language. But you could come near it, we do suppose, strong Shaun O', we foresupposed. How?


MCA, 1995-2006
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Notas:

[1]
Según la doctrina del Derecho Divino de los Reyes -en la cual los soberanos son representantes de Dios “derivando su derecho a gobernar directamente de éste- su poder no está sujeto a limitaciones seculares; ya que sólo él sería responsable ante Dios. En el siglo XVII, esta doctrina estaba respaldada por los Royalistas ingleses contra los Parlamentarios, quienes mantenían que el ejercicio del poder político surgía de la voluntad del pueblo. La controversia, terminada en 1689, siguió a la Gloriosa Revolución en la cual Guillermo III y María II fueron coronados luego de conceder aceptación al Acta de Tolerancia y a la Declararación de los Derechos, los ‘Bill of Rights’. La doctrina del Derecho Divino, asumida plenamente por Luis XIV, fue uno de los elementos que condujeron a la Revolución Francesa”.

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8 de septiembre de 2006

exeomo.com (souvenir)

Portal de la última versión (click en la imagen para ver detalles)








Paisaje-autoretrato a partir de una "deconstrucción" de la cajetilla de cigarrillos Camel. Proyecto de página web realizado en colaboración con Pedro Pablo Ramírez (Peter) en 1998, y que fuera desactivada en el 2000 "motivo viaje"...

El lema, "Bongo, bongo, bongo, no quiero dejar el Congo..." (coro de una canción que tararea Lolita en la película de Stanley Kubrick) alterna en intermitencia con, "es pura basura pretender que el arte no es didáctico, una revelación es siempre didáctica" (Ezra Pound) y, "el espíritu santo habla un mal griego para humillar a los sabios" (Anatole France); de donde puede inferirse la "política" que corresponde al lugar. Por otro lado, a la derecha del paisaje se ve el espejismo de una ciudad enmarcada por un "televisor árabe" en donde aparece la programación (arscom, muzik, mixelánea, ánima, weirdfile, museo a/z, comics, cinema) al cual se llega después de un click que permite atravesar el desierto en menos de un segundo gracias a una de las flechas disponibles en la base de la pirámide. A la extrema izquierda, en cambio, un rostro humano compuesto por 31.000 retratos simultáneos informa sobre el proyecto en que consiste Artes de Comunicación (arscom): un intento de fusionar las dos disciplinas a través de una estrategia de "alfabetización" imaginaria.

Es decir:

Un experimento en forma de Diplomado que se dictó en su primera versión en la Universidad del Rosario de Bogotá en 1999 y que quedó, por así decir, "suspendido" en su segunda edición de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de la misma ciudad en el 2000. En cuanto a forma y contenido, sobrevivió en un plegable de lo más ilustrativo.

Portal de comics (de Grandville a King of the Hill)
Aparte del vínculo arscom (resaltado por un conejo blanco que aparece y se esfuma saltando intermitente sobre el borde superior del televisor) y sus respectivos archivos de Programas y Documentos, del menú general alcanzaron a desarrollarse en alguna medida: mixelánea >un registro de textos publicados -del que emciblog es más o menos la reencarnación; el museo A/Z >que incluimos, resumido, en este mismo blog; comics >un larguero con una historia seleccionada de las historietas de donde salió la entrevista sobre Amarillismo correspondiente a Yellow Kid, el legendario “chico amarillo” al que debe su nombre, y que referimos también en este espacio; y cinema >básicamente una cronografía de algunas películas, un timeline interceptado foto-video-gráficamente, como por ejemplo el tratamiento aplicado a Twin Peaks de David Lynch (el piloto de 1990) encabezado por líneas de diálogo escogidas al azar (random quote generator) cada vez que se visita la página:

Cronografía de Twin Peaks (piloto-1990) en 23 fotovideogramas






...
00:02:49 – Filmografía + declaración en la voz de David Lynch.
00:13:18 -Digresión a la McLuhan sobre la historia y la invención del teléfono desde Bell hasta Matrix, pasando por Carson.
00:13:56 –Totem! Animación fotográfica y texto a propósito de una escultura canadiense en la recepción de un hotel.
00:22:20 –Llamada telefónica de una maestra durante la masacre en 1999 de la escuela Columbine (audio).
00:42:50 –La letra bajo la uña (video). Un verdadero climax forense.
01:42:42 –“… through the darkness of the future past…” (video). Una de las réplicas más enigmáticas de toda la película.
…etcétera.

Por ejemplo, la "digresión" telefónica en la cronología de Twin Peaks









Portal de weirdfile sobre Funeral, pintura de H. Richter

En cuanto a ánima (animaciones) y musik llegaron apenas al nombre, mientras que weirdfile logró por lo menos concebir su portada y declarar su intención: un juego gráfico alterando los nombres de WIRED y LIFE sobre una imagen ‘oscura’ de Gerhard Richter, el conocido pintor alemán. Dos publicaciones 100% norteamericanas enfrentando sus dispositivos retóricos, más precisamente sus arsenales publicitarios (producidos en épocas suficientemente diferentes como para establecer un contraste) con el propósito de detectar fluctuaciones en la idea genérica del american way of life. Si el proyecto todavía reposa en carpetas cargadas de documentos latentes, las páginas de “inicio” que ponían la cara mientras se procesaba algo más concreto pueden consultarse aqui mismo pulsando weirdfile.

sección mediafrase (mensaje en botella)
Pero también -último, más no pequeño detalle- habría que asomarse a la papelera incendiada, a la hoguera al márgen de la ciudad TV. Escondite insospechado de otras dos secciones: revistas > repositorio para una serie de memorias y maquetas de versiones “impresas” relacionadas de algún modo con toda esta fantasmagoría digital. Una de ellas, mediafrase (primer nombre que tuvo este proyecto de página y la anécdota de cómo se vino a llamar: un homenaje ‘en botella’ a Dimiter Manolov), y exeomo año 1 #0 ostentando el equívoco nombre que finalmente se impuso; una carátula completa en todos sus detalles resultado de un ejercicio más bien “hipnopédico” de anticipación editorial.

sección xY/Oy (letras a y b)
Todo esto incinerándose en el subfondo dualista de la otra sección: xY/Oy. Una página concebida en espejo para encarar algunos temas encontrados al azar de la Red, puesto de tal modo que los textos puedan enfrentarse entre sí a medida que suben o bajan las flechas: a/a; b/b; a/b; b/a... como si cada uno pudiera ser el comentario indirecto del otro.
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Museo A/Z

(sección de exeomo.com)










A un cassette encontrado en Chinatown-NYC con la imagen de un cantante oriental travestido en Monalisa y Napoleón como pareja kitsch ideal de occidente, se ha agregado un dial alfabético alrededor de una imagen de kinetoscopio con la imagen en secuencia de un burro pateando tomada de Muybridge.

A cada letra del dial correspondían entradas o “piezas” del museo virtual, así como también un Editorial (republicado más abajo), algunos “biogramas” u hojas-de-vida de las personas que participaron en esa experiencia y una colección de artículos publicados en una revista de economía cuya sección Arte y Sociedad estuvo durante un tiempo a mi cargo.

A continuación, algunas de las entradas en que consistía el Museo:

"Editorial"
Declaración editorial diseñada para exeomo.com y que retoma vigencia en este blog.














(Texto sobre fondo de pantalla TV con imagen de Ingrid Bergman en The Gas Light (1944) de George Cukor)

En una entrevista le dicen a Gombrich (el historiador) que parte de la situación del arte contemporáneo es el resultado inevitable de la expansión de los museos. El dice: "Sí... pero tiene mucho más que ver con el cubrimiento de los medios; todo se convierte en noticia, el arte es noticias."

Art: Skill or mastery. There's no disembodied skill as such; skill is always applied to a particular task. People in the 17th century admired painting and sculptures, but no one talk about art as such. For Leonardo art was a skill, a know-how applied both to his scientific experiments and to painting. There really is no such thing as art. There are only artists.
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(M) -Madre Whistler
Entrada del Museo exeomo















“Composición en Gris y Negro: Retrato de la Madre del Artista”. 1871, óleo sobre lienzo, 144.3 x 162.5 cms. Museé d’Orsay, Paris.


1
Otro avatar interpretativo del célebre cuadro de la madre de J. M. Whistler, el refinado pintor americano. Una de las imágenes de mayor incidencia en el imaginario popular. Montaje a partir de una de las ‘violentas’ películas de Mr. Bean.
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“Hola, soy el doctor Bean –aparentemente... Y mi trabajo consiste en sentarme a mirar cuadros...(aplausos). Entonces, ¿qué he aprendido que pueda decirles de este cuadro? Primero, que es grande; lo que es excelente, porque si fuera microscópico nadie podría verlo –y esto seria una gran pena. ...Segundo, y ya me acerco al final del análisis de esta obra, ¿porqué vale la pena que este hombre gastara 50 millones de dólares americanos en este retrato? La respuesta es que este cuadro cuesta tanto porque es una pintura de la madre de Whistler –lo que he aprendido quedándome con mi amigo David Langley y su familia es que las familias son algo muy importante. Y aunque el señor Whistler sabía que su madre era una vieja horrorosa que parecía tener un cactus en el trasero (risas), se quedó con ella y sacó el tiempo para pintar este increible retrato. No sólo es una pintura, es una cuadro de una vieja vaca loca que él admiraba, y esto es maravilloso. Eso pienso. (aplausos)”


2
“Once you drive one, there’s no turning back.” (Una vez se maneja uno ya no hay vuelta atrás)
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Publicidad para Mercedes Benz en donde se le dá un respiro de actualidad al vilipendiado arquetipo materno.

(continuará)
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(C) Valla o mural Coca-Cola
Uno de los montajes publicitarios concebidos para exeomo









"Si queremos darle jabón a los pobres debemos dar por sentado que estamos dispuestos a darles lujos, si no los hacemos lo suficientemente ricos como para estar limpios, entonces, enfáticamente, tenemos que hacer lo que hicimos con los santos, debemos reverenciarlos por su mugre." G. K. Chesterton
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(N) "Noli Me Tangere"
Marilyn como "persona" exeomo











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(S) Secuencia del "Secabotellas" -un readymade





(hacer click sobre la imagen para detallar el contenido)

a- El secabotellas en dos de sus versiones -tal y como lo encontré en 1983 en el almacén de departamentos del BHV (Bazar del Hotel de Ville) de Paris, sección artículos de cava.

b- Catálogo del BHV (1912) ilustrando los mismos artículos.

c- El “secabotellas” de Marcel Duchamp comprado en 1914 en el mismo BHV y firmado como readymade.

d- Fotografía de Duchamp con las ramas de un árbol utilizadas como secabotellas -Fotografía de Man Ray, 1914?

e- Arbol búdico. La estructura ramificada del secabotellas como dispositivo meditativo.

f- “Spyrogyra”, 1992. Escultura de Tony Cragg. (ver entrevista)

g- “Las camisas de la archiduquesa están secas, archisecas...” Montaje fotográfico. (ver más abajo: The Postcard)

h- El secabotellas en su estado "popular" o ícono generalizado. Publicidad de Absolut vodka por Dan Wolgers, 1999.
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3 de septiembre de 2006

Interpretración: el arte de la gente

Serie "La Mirada Transversal"
Exposición itinerante: Cúcuta, Armenia, Cali.
(relectura de obras de la colección permanente)
Banco de la República, Biblioteca Luis Angel Arango
1997

Curaduría, instalaciones, y catálogo: Mauricio Cruz Arango















Sobre una noción de "cultura"


La idea, según una cierta estrategia museográfica, consiste en someter algunas obras de arte pertenecientes a la Colección Permanente a un juego de desciframiento artístico por parte del público. De esta manera, el planteamiento pedagógico de la exposición descentra la autoridad del conocimiento especializado -tan ajeno como intimidante para el público profano- ubicándolo en una zona de posibilidades imaginativas y asociativas propias del pensamiento creativo. El espectador asume las obras directamente, con plena autonomía, y crea historias, versiones y otras cosas a partir de ellas como si se tratara de una materia prima siempre disponible.

La exposición está planteada a la manera de un juego abierto para el cual se dan algunos ejemplos de tipo escénico que van desde lo sencillo y directo hasta lo aparentemente descabellado. Cada una de las obras propuestas, escogidas a partir de su potencial carga significativa, se presenta inmersa en un campo asociativo generado por algunas de sus particularidades, como si se abriera y se mostrara por dentro, convirtiéndose en una imagen tal vez más explícita. Por así decirlo, cada obra se traduce a un lenguaje de ambientes, objetos, imágenes, sonidos, textos, etc., que funcionan como activadores, como reveladores poéticos que se comportan de acuerdo a las condiciones de indeterminación como principio básico de todo el planteamiento.

Las instalaciones, los "escenografismos" propuestos, son así ejemplos de interpretación artística de cada una de las obras. No tanto ya en el sentido racional-analítico propio del juicio crítico habitual, el cual muchas veces contradice los modos operativos propios del pensamiento artístico, sino como un modo participativo mucho más espontáneo y acorde con los procesos asociativos de tipo analógico. Las obras, una vez "abiertas" hacia algunas de sus escenas posibles (especie de ejemplos que pueden ser tomados como puntos de partida) se ofrecen como adivinanzas destinadas a estimular el inconsciente del espectador.

A partir de este recurso se propone una opción o un modelo comunicativo en términos artísticos a la ya consabida separación entre el ARTE y el PUBLICO. De modo que la posibilidad del ejercicio imaginativo y la exigencia interna de sus precisiones poéticas restituya en algo el sentido participativo implicado en toda forma de arte.

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continúa en testa[ferro]

31 de julio de 2006

indioiglesiaiguana

22 anotaciones para un libro; otro borrador para VALDEZ #3, 1999

" ...los Déarois no les enseñan a hablar, son ellos quienes aprenden el lenguaje de los loros." Jean Monod, Un riche cannibale






En la cartilla escolar La Alegría de Leer #? [supongo que en la 2 porque en las 1-3-4 no las pude encontrar] vi, siendo niño, las vocales ilustradas. Por alguna razón, sólo recuerdo las correspondientes a la i : indio, iglesia, iguana. En mi lectura de la didáctica y muy determinante preparación escolar ("para la muestra un botón"), el indio representaría la dimensión simple y humanizada de la selva, sin que se introduzca una lectura posterior, antropológica -el indio es "nosotros" antes de que fueramos nosotros, una diferencia. En la iglesia, lo que se introduce es una contradicción de sol y sombra, simultáneamente austera y exitante, en conflicto permanente con el cuerpo. El tercer elemento es la iguana, representante necesario del "reino animal" compensando con instinto y variedad la humanidad recalcitrante de las otras figuras.

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continúa en testa[ferro]

25 de julio de 2006

I- Las Vírgenes no levantan los brazos

(primero de 2 artículos sobre algunas mutaciones del desnudo femenino)

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -octubre 23 de 1995
















(click en la imagen para ver detalles)


Imagen 1
Una suposición general dice que el arte del siglo XX comienza con el Cubismo. Ahora, si el primer cuadro de este hermético movimiento es Las Señoritas de Avignon -pintado por Picasso en 1907- es muy precisamente esta pintura, donde aparecen exhibiéndose impávidamente cinco prostitutas, la que inaugura el tono de la época.

En la directa y evidente pose frontal las figuras se presentan dispuestas en una especie de vitrina (muy a la manera de Amsterdam) en donde los cuerpos bidimensionales de estas mujeres aparecen aplanados bajo el efecto fotográfico del “flash” emitido por la mirada del espectador. La declaración fragmentada de estas “señoritas” es una imagen totalmente ajena al ideal tradicional de la venus seductora. Ellas son criaturas origami (como de papel plegado japonés), impasibles, arcaicas, geométricas. La fuerza del arte primitivo reaparece en sus cuerpos con la contundencia de lo que por esencial no puede ser negado, imponiéndose de paso sobre cualquier categoría de censuras o gustos.

Imagen 2
Esta antiquísima mujer de terracota (o tierra cocida) pertenece a los comienzos de la vida rural sedentaria de mediados del 6.000 AC. Su hogar fueron las primeras casas con fuego, es decir, con cocina, que corresponden al nacimiento de la civilización, al desarrollo de los cultivos y a la domesticación de los animales. Son mujeres jóvenes, parturientas, o viejas, del Neolítico (edad de la piedra pulimentada), y la ausencia aparente de lo que hoy llamamos “belleza” se resuelve de algún modo en la plenitud de su presencia, una materialidad que recuerda los misterios del parto y la fecundidad. Su asimilación mitológica a la Diosa Madre se debe entonces a la estrecha asociación con los poderes productivos de la tierra y la naturaleza.

Imágenes 3
Como Las Señoritas…, muchos desnudos femeninos de Picasso aparecen con los brazos levantados. De este modo, el cuerpo queda mucho más expuesto en la sugestiva revelación de las axilas al tiempo que levanta los senos hacia la plena presencia de su forma, mientras los brazos se ocupan del juego seductor que recoge el volúmen del cabello sobre la cabeza. “Pose” novedosa que proviene sobre todo del diecinueve, en donde tuvo gran éxito. Artistas como Ingres y Chassériau la utilizaron con particular insistencia en sus venus y en las odaliscas, mujeres "exóticas" de los harem de medio oriente que comenzaron a habitar la pintura europea por esa misma época.

En El Baño Turco (un apretado conjunto de 25 mujeres entregadas al parsimonioso mantenimiento de sus cuerpos perfumados) Ingres aplica una extrema distorsión a las figuras hasta el punto de incurrir en evidentes anomalías anatómicas. Tensión que observamos igualmente en la intimidad de las esculturas y dibujos de Degas asi como en el erotismo que exudan las piezas de Rodin. Como si la necesidad de este énfasis gestual fuese el resultado, o más bien el síntoma, de una fuerza que busca expresarse más allá de toda imposición civilizadora. Una tensión del mismo orden de la que auscultan los experimentos del médico Charcot en las convulsiones histéricas femeninas; las mismas que indicarían a Freud una ruta hacia el Psicoanálisis.

El Baño Turco es un cuadro importante. Entre otras porque resume la carrera del pintor, quien lo firmó orgulloso en 1863 a los 82 años de edad.

Una historia con acentos edípicos que comienza con la fascinación que La Madona de la Silla ejerciera sobre él. Imagen arquetípica de la maternidad pintada por Rafael hacia 1514 y que Ingres transformó en odalisca seductora a través de audaces etapas sucesivas. Tal y como lo delata la presencia obsesiva del turbante a través de todas las variables y como termina por confirmarlo la mujer que aparece desnuda tocando la cítara en el centro del Baño en una pose similar -de espaldas- a la que ostenta la Vírgen de Rafael. De este modo el obstinado “monsieur Ingres”, ocupándose retrospectivamente del asunto como corresponde al ideal clásico, negocia su deseo entre el pasado y el presente llegando incluso a ofrecerle a Picasso, hacia el futuro, la posibilidad de todo tipo de flexiones expresivas.

En esta búsqueda edípica de los orígenes, Ingres veía un término, una culminación estética en la totalizante imagen circular del pintor italiano. La madre y el hijo representarían un retorno a la integración primitiva del estado paradisíaco. Una compenetración con el mundo natural idéntica en muchos aspectos a la que encontramos en una moneda romana de Adriano (como si fuese el modelo en el que se inspiró Rafael). En ella, una mujer que no es otra que Ceres o Isis, la gran Diosa Madre del mundo primitivo, se nos muestra sentada mientras amamanta a su hijo -Ceres mamosa, seu Isis lactens, Horum filiu, dice la inscripción.

La pintura de Ingres es también circular pero ya no es un nido, una forma de regazo para contener la entrega, sino un orificio a través del cual espiar secretamente el universo de esa feminidad misteriosa, autocontenida. Entendemos también que la imagen de la Madona prototípica del Renacimiento no es más que otro avatar, otra encarnación del principio femenino venido del fondo de los tiempos. Y también, que la transformación de ese principio que va de diosa a madre, de madre a venus, de venus a odalisca, y de ésta a prostituta, apunta -según su propia lógica- a un auscultamiento violento y penetrante a partir de lo que muestran con cruda y prosáica insistencia las mujeres del arte moderno.
(ver artículo siguiente)


Por eso, en esta historia de transformaciones, Las Señoritas de Avignon son un hito significativo de lo que pueda significar ese gesto de “brazos levantados” que otorga a lo femenino el rasgo de una "sublevación" cuyo sentido comienza a intuirse.
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Anexo:

18 de julio de 2006

II- "Del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes"

(avatares del desnudo moderno en 7 escenas)

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -noviembre 3 de 1995















(click en la imagen para ver detalles)

1/ Las Señoritas de Avignon de Picasso es la primera gran pintura del siglo XX. Sin embargo, no es la que inaugura el arte moderno. Éste comienza con El Almuerzo sobre la Hierba pintado por Manet en 1863. En él, dos hombres vestidos comparten su pic-nic con una mujer totalmente desnuda. No obstante, en su desprevenida cotidianidad la escena no parece haber sido imaginada sino vista. Es por eso que, a partir de lo que fuera en su momento una imagen escandalosa, “la historia de la pintura –según Gaëtan Picon- será esencialmente aquella de una percepción y ya no más de un imaginario”.

El cuadro de Manet corresponde a una nueva manera de pintar. El tema, curiosamente, ha sido tomado de un grabado de Marcantonio Raimondi (1520) el cual proviene de un dibujo de Rafael basado a su vez en un dibujo antiguo: un detalle ampliado de El Juicio de Paris en el que éste debe entregar una manzana de oro a la más bella... Las candidatas son Venus, Juno y Minerva. Venus, experta en tentaciones, obtiene el premio no sin antes haber influido en Paris prometiéndole a Helena “la mujer más bella del mundo", no una diosa sino una mortal. De este modo el cuadro de Manet continúa en su aspecto prosaico y realista la eterna historia de la seducción.

2/ En la Olympia, pintada también por Manet en 1863, su modelo (la misma mujer del "almuerzo") aparece en una pose que recuerda las famosas Venus de Ticiano, sólo que el realismo fotográfico que permea el ambiente -con su domesticidad y su tiempo real, el detalle de la sandalia caída, la criada con su sugestivo bouquet y el gato erizado- parecen describir un lugar ya no tan sublime y mitológico.

3/ Diez años más tarde, Cézanne en Una Moderna Olympia pone de manifiesto la naturaleza del lugar. Un cliente (el observador del cuadro incorporado como testigo ocular) contempla la “Venus”. En este sentido, la descripción que hace McLuhan del invento fotográfico como “un burdel sin paredes” se comprende como un efecto de puesta al desnudo, como una desidealización del imaginario de otras épocas; tal y como lo percibe el instinto directo de Cézanne. Es decir, como si el realismo inmediato de la instantánea fotográfica lo tomara por asalto reduciéndolo a su cruda presencia.

4/ Los primeros cuadros de Cézanne muestran temas violentos influidos en gran parte por publicaciones de crónica roja: orgías, raptos, violaciones, avalanchas, crímenes, estrangulaciones... Pinturas descarnadas que tienen el mérito de anticipar la intensa expresividad característica del arte del siglo XX, como si una oculta energía inconciente impusiera la necesidad de su declaración. Necesidad que comienza por ocuparse simbólicamente del cuerpo femenino como de un “oscuro objeto del deseo” al alcance de toda introspección.

5/ No es sino comparar la intocada Venus Anadyomene de Ingres –recién salida de la espuma familiar- con la mujer del Desnudo con Ropajes de Picasso pintado en 1907, cien años más tarde. Esta mujer, anunciando el cubismo, nos entrega una superficie cargada de trazos contundentes y múltiples tensiones. El contraste es mayor en cuanto la pose es idéntica, duplicada en espejo. Venus y Pintura revelan una identidad que habla del acuerdo secreto entre el cuerpo femenino y la “piel” de la superficie pictórica. Sólo que bajo el régimen cubista el cuerpo inmaculado de la Venus ha quedado reducido a fragmentos, pinceladas y estructuras de color.

6/ En 1912, Marcel Duchamp lleva la aventura del cubismo a su posición más radical. Su cubismo visceral desborda el tratamiento puramente geométrico ocupándose en cambio de una “disección” más profunda de figuras y cuerpos. En su pintura El Pasaje de la Vírgen a la Novia asistimos a un extraño desfloramiento, o si se prefiere, a un streap-tease integral en donde el acceso a lo simbólico desnuda literalmente las figuras de toda realidad formal inmediata. El resultado de esta "operación" (en el sentido de la Lección de Anatomia de Rembrandt) arroja una “Novia” escurridiza, difícilmente alcanzable, cuyo lugar no es ya el Ideal sino (según transmutaciones posteriores del cuadro) la muy ciéntífica 4a dimensión. Es asi como el antiguo imaginario de las diosas vuelve a ser rescatado más allá de toda apariencia.

7/ Las pinturas de Wilhelm de Kooning continúan con una cierta tradición del arte moderno que identifica la pintura con “el cuerpo del delito”. Sus “Mujeres” son testimonios desgarrados de una de las vertientes más características del arte norteamericano. En La Visita (1967), cuerpo y pintura se confunden en medio de lo que se llamó la Action Painting, la pintura de acción. Alli el pintor proyecta su extraña y complementaria figura: una dramática Venus, una criatura inestable, abierta y derretida sobre la totalidad de la superficie del lienzo.
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Indicio en imágenes de un "proceso" histórico intuido magistralmente por Thomas de Quincey (1785-1859). Sus libros más conocidos, Memorias de un Comedor de Opio Inglés y Del Asesinato considerado como una de las Bellas Artes, exploran con notable intuición el desarrollo de una época que se quería diferente. Momento crucial en donde el impulso experimental de la ciencia se atrevería a desnudar (crúdamente) los ideales estéticos de la tradición humanista. Una tradición que de Quincey como precursor del género policíaco inventado por Poe anticipa.

En palabras de de Quincey:

"If once a man indulges himself in murder, very soon he comes to think little of robbing; and from robbing he comes next to drinking and Sabbath-breaking, and from that to incivility and procrastination." (from Murder Considered as One of the Fine Arts, 1827)
"Si alguna vez alguien se permite un asesinato, muy pronto comienza a pensar que el robo es poca cosa; y de robar lo que sigue es beber e incumplir con el día sabático, y de ahí, a comportarse como un maleducado y a dejar todo para más tarde." (mi traducción)

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Anexos:

Thomas De Quincey's three essays 'On Murder Considered as One of the Fine Arts' centre on the notorious career of the murderer John Williams, who in 1811 brutally killed seven people in London's East End. De Quincey's response to Williams's attacks turns morality on its head, celebrating and coolly dissecting the art of murder and its perfections. Ranging from gruesomely vivid reportage and brilliantly funny satiric high jinks to penetrating literary and aesthetic criticism, the essays had a remarkable impact on crime, terror, and detective fiction, as well as on the rise of nineteenth-century decadence.
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Given: 1° Art 2° Crime
Modernity, Murder and Mass Culture
In the series:
Critical Inventions
Jean-Michel Rabaté
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Brian De Palma
Y el ensayo en The Rutgers Art Review, Vol 20, 2003 / Case Open and/or Unsolved: Marcel Duchamp and the Black Dahlia Murder, by Jonathan Wallis.
Publicado luego en Toutfait.com como:
Case Open and/or Unsolved:
Étant donnés, the Black Dahlia Murder, and Marcel Duchamp’s Life of Crime.

O, más concretamente, los archivos completos del caso publicados recientemente en el website del FBI.

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Ed Wood, o lo bueno de las películas malas
Reseña publicada en este mismo número de la revista Estrategia

Lo bueno de las películas malas es la inocencia que se necesita para disfrutarlas. Mezclar tranquilamente Drácula, pulpos inflables retorciéndose en pantanos de juguete, grotescos luchadores que recuerdan -no tan vagamente- al jorobado de Notre Dame, travestis y platillos voladores construidos con platos desechables incendiados, es algo que tiene su gracia. El que se ponga a pensar, pierde. Termina por encontrar multitud de absurdidades, impertinencias increibles de gusto y ocasión. Pero si lo que se posee es un entusiasmo lo suficientemente desprevenido, a prueba de juiciosa reflexión, la imaginación va saltando de una cosa a otra con fluidez exorbitante, como si fuera una sola cosa maravillosa y compacta la que estuviera sucediendo.

Ed Wood es un genio de la tontería, del descuido, del mal gusto y de todo lo que pueda resultar disparatado. Calificado como “el peor director de la historia del cine”, Ed, el absorto, ni cuenta se dió de que su deseo anduvo obstinadamente a contrapelo de los estándares de la industria cinematográfica. Sin embargo era capaz de admirar a Orson Wells como a un dios doméstico, personal e intransferible. Por lo demás, solo parecía obedecer a un imperioso impulso ciego particularmente compasivo: protegió siempre a Bela Lugosi (el Drácula “original”), a actores de segunda (sus pares), a vampiresas sin empleo, a productores de tercera rodeándose así del equipo perfecto para servir la imaginación sin objeciones de un director 100% imperfecto.

Hoy, después de todos los perdones que el tiempo concede, y de la consecuente explotación de sus memorias, un director como Tim Burton sale con esta joya retrospectiva que es el homenaje al peor de los directores posibles de la industria del cine. Un blanco y negro impecable, como ya lo quisiera Woody Allen en sus nostalgias neoyorquinas, un casting preciso y transparente, un ritmo calcado de la catastrófica y conmovedora biografía y un sentido sensible de la oportunidad, hacen de esta película una experiencia que contrasta con tanta producción pretensiosa e inocua.

Ed Wood fue un pésimo director, eso resulta evidente. Pero es como si ese extremo nos pusiera en contacto con el lado escondido de una fantasía inobjetable, libre y espontánea en su inocencia y descuido. Uno sale de la sala queriendo ver sus películas, sus fracasos estruendosos, sus originales. Como quien busca encontrar en esas excepciones el reverso liberador de una excelencia esclavizante y sumergirse en el placer dominical que concede la tontería, en el disfrute sin compromiso de una modestia ignorante.

En últimas, es probable que Ed Wood no termine siendo tan malo como parece. Tal vez se descubra como uno de los directores más encantadoramente populares de esa mitología americana, de esa fábrica de falsificaciones minuciosas que es HollyWOOD.
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7 de julio de 2006

Sobre un Museo de Papel

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera - julio 3 de 1995














Los libros de arte ya forman, definitivamente, parte del mobiliario. Su lugar es una isla intermedia entre la enciclopedia y el televisor; entre el libro impreso y la imagen electrónica

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En 1947, en el primero de sus ensayos sobre psicología del arte, André Malraux desarrolla su idea del MUSEO IMAGINARIO. En él establece la íntima relación entre el museo y la reproducción fotográfica, dos medios casi coincidentes en su aparición en los umbrales del siglo XIX. Si la fotografía captura y aisla lo que la mirada selecciona, el museo también separa la obra de su ámbito original convirtiéndola en pieza única que ha de ser confrontada. Por otra parte, Malraux señala que "para el asiático, sobretodo para el de extremo-oriente, contemplación artística y museo son irreconciliables". Una pintura, para ellos, es algo que no se exhibe sino que se muestra ocasionalmente al amateur en situaciones especiales. "A los ojos de Asia, el museo, si no es un lugar de enseñanza, no puede ser más que un concierto absurdo donde se suceden y se mezclan, interminablemente, fragmentos contradictorios"

El museo tiene mucho de botín de guerra clasificado territorialmente. Su prestigio se basa en la posesión. Lo curioso sin embargo de esta depredación admirativa –un acto de reconocimiento- es que al disponer las piezas como unidades separadas obliga necesariamente al pensamiento a una restitución imaginaria. Es por eso, también, que "nuestra relación con el arte, después de un siglo, no ha dejado de intelectualizarse. El museo impone un cuestionamiento de cada una de las expresiones del mundo que reúne, así como sobre aquello que las reune", haciéndolas coicidir en el lugar del que no viaja. Baudelaire, como muchos de sus contemporáneos, nunca estuvo en Italia. Lo que contrasta con el turista de hoy, espécimen social errabundo y divertido, cámara en mano.

Al democratizar la mirada haciendo que cualquier cosa pueda ser vista en-su-instante y lugar, la fotografía desmonta significativa y automáticamente las categorías del orden jerárquico. De ahí en adelante todo se junta con todo compartiendo un espacio común, simultáneo. En consecuencia, "la obra magistral ya no es solamente la que mejor representa una tradición, la más completa o la más perfecta, sino la obra más particular, el punto extremo del estilo, de la especificidad o de la depuración del artista en relación a sí mismo". Una condición que alimenta la idea misma de novedad, tan cara al arte moderno, pues como concluye Malraux: "el cuestionamiento del arte desde el siglo XIX implica el fin de toda estética imperativa".

Gracias a ese “cuestionamiento” toda obra puede ser redescubierta o actualizada desde el presente que la considera y la pone en circulación. "Un tapiz, un vitral, una miniatura, un cuadro y una escultura medievales, objetos bien distintos, reproducidos sobre una misma página se convierten en una familia ... Todos ellos se han convertido en láminas. Qué han perdido? Su cualidad objetual. Qué han ganado? La más grande significación de estilo plástico que puedan asumir ... no son más que talento, instantes del arte ... como si un torrente subterráneo de historia uniera, al arrastrarlas, todas esas obras dispersas ... Ese dominio -que se intelectualiza mientras su inventario y difusión continúan- es, por la primera vez, la herencia del mundo".

Resumiendo: el museo como metáfora de la apropiación fotográfica y la fotografía como aligeramiento de la colección de objetos materiales terminan por coincidir en un cuerpo sintético de gran circulación, el libro de arte.

Harold Rosenberg, reconocido crítico norteamericano, lo dice de este modo: "El arte de los libros de arte tiene una sorprendente ventaja sobre el producto en bruto del estudio: aparece en un contexto de conocimiento." La razón es que los libros cubren un tema, es decir, no sólo lo muestran sino que lo sitúan. Por eso, "mirar pinturas no garantiza un incremento mental equivalente ... La experiencia directa del arte contribuye a una viva sensación de ignorancia".

El libro es un importante dispositivo didáctico para acceder a la “lectura” de las obras. No tanto porque los textos las expliquen sino porque las imágenes mismas comienzan a relacionarse al interior de su propio dominio. Esto quiere decir que en los libros, el arte se reconoce como forma de LENGUAJE. Un lenguaje sacado a flote, evidenciado en su amplia difusión o cobertura por la libre asociación de sus reproducciones fotográficas, de sus "imágenes substitutas". Por eso Rosenberg, reconociendo como Malraux el incremento de ese lenguaje artístico, dice que "una pintura parece pertenecer más al libro que a sus espacios habituales". Argumento que aparece reforzado en la importancia asumida por los catálogos de las grandes exposiciones haciendo que la exposición misma, "con sus despliegues tamaño natural", se parezca más al libro donde las obras se perciben "como imágenes aumentadas de su propia reproducción"; revelando, con cierta ironía, el carácter informativo de la obra sobre su condición de objeto material.

Hay que insistir en que la idea de un "lenguaje", en arte, no supone que las palabras substituyan a las imágenes explicándolas. Unas y otras interactúan en complicidad. La diferencia, históricamente, es que las obras antiguas de algún modo llevaban el texto incorporado a su visualidad (mitologías, historia, narración literaria...) mientras que las modernas lo buscan, interrogándose sobre sí mismas -sobretodo a partir del impresionismo, donde el texto (la memoria) fue desalojado en un intento de purificación perceptiva. De modo que "La pintura como totalidad se convierte en palabra: uno quiere saber lo que la obra dice ... El libro de arte es, entonces, un fenómeno de la moderna conversión del arte en una cultura intelectual abierta a todos ... El hecho es que la relación del arte con la sociedad ha cambiado y de paso el carácter mismo del arte, pasado y presente".

Quién iba a suponer que el invento fotográfico con su magia reproductiva poseía el gérmen de tan profunda y sútil transformación. Sin embargo, a pesar de que sus consecuencias en éste y en otros campos cobra evidencia, todavía parece una moderna herejía decir que el arte "habla" en los libros más que en las obras.
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Los ingredientes no son la cocina (los libros de arte)

Comentario publicado en
este mismo número
de la revista Estrategia
-julio 3 de 1995
Hacer un libro sobre artistas es un tipo de ocurrencia que siempre está en el aire. Como si contar con la presencia de ellos garantizara de antemano el contenido. Socialmente, los artistas son vistos como elementos pintorescos, sin embargo, esto no quiere decir que los libros funcionen. Por alguna razón, casi nunca sucede lo que debiera suceder: que el público acceda a la intimidad de los procesos creativos que ahí se representan. Es decir, a los contenidos.

Los libros son tan objetuales en su aspecto que automáticamente resultan perfectos para mesas de centro. Su apariencia 'lujosa' valora de antemano el asunto, de modo que la aproximación a esos paralelepípedos rectángulos, excesivamente pulcros y distantes, se ve impedida de entrada. Además, parece que no hubieran sido concebidos para otra cosa que funcionar como 'esculturas' que se dejan hojear asépticamente.

Su énfasis formal (del cual el precio es tan sólo la metáfora), en lugar de mediatizar la información, resulta a primera vista sospechoso. Como si no se tuviera en cuenta que, antes que cosa entre cosas, un libro es un artefacto de intermediación más que un fin en sí mismo. Por lo general, caen en el equívoco ingenuo de convertirse en objetos de arte gracias a que en ellos se reproducen obras de arte. En cuanto objetos decorativos, hacen juego con la lámpara en un intento escénico de ambiente 'culto y reflexivo' pero, al contrario del objeto verdadero, carecen de luz propia.

La presencia de buenas obras, si las hay, no garantiza la calidad. El libro como intermediario requiere una concepción estrátegica que logre acomodarse no únicamente al tipo de información sino también al tipo de intención comunicativa. De lo contrario, el libro carece de ideas propias independientes del contenido especifico, y la posibilidad de confrontación, aplicación o formación de criterios resulta estéril, terminando en una forma preciosamente calculada de incomunicación.

Por qué será que en este tipo de publicaciones -mucho más que en otras- el descuido en el manejo conceptual de la información es tan notorio? Por qué será que la presencia o ausencia de algunos artistas 'no altera el producto'? No será que la permanente ausencia de ideas mantiene al público en una permanente e irreflexiva condición de consumidor? No es por nada, pero parece que en nuestro país el pensamiento tiende a percibirse como un comportamiento foráneo; incluso se lo evita cautelosamente como quien teme la confrontación eventual de sus revelaciones. Y el libro, no es para eso?

La aparición de un libro realmente eficaz no es un proyecto sencillo, aunque sí posible. Se requiere, ante todo, voluntad creativa para ir más allá de los inocuos convencionalismos que entorpecen la maduración y confianza de nuestras expresiones culturales. Al no comprometerse creativamente termina por asumir, literalmente, el modelo convencional de 'fotos de artistas, obras y comentarios criticos' sin que se hayan dispuesto en una sintaxis significativa. Por eso, sin un lenguaje editorial adecuado, parece que hubiera de todo cuando en realidad no hay nada. Los ingredientes, definitivamente, no son la cocina.
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3 de julio de 2006

Botero me cae gordo

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera - junio 15 de 1995

(Actualización, 2006)
Lo difícil de querer ser un gran artista del Renacimiento, en esta época, es que toca negociar con los complicados tiempos modernos a partir de ser colombiano. Como puede suponerse, este desafío requiere una calculada posición estratégica.

Botero pudo creer que una mezcla de talento, ganas y una buena dosis de sentido común era suficiente. Afortunadamente se trata de un artista antioqueño, muy trabajador. Hablando de su estilo, explica: «Eso tomó 20 años; no es una cosa que pase de un dia para otro. Sin embargo, como la pasión del arte es la creación, entonces uno sigue trabajando». Aclarando enseguida: «un artista que trabaja para tener éxito pues no es un verdadero artista... La gran recompensa del arte es trabajar todos los dias».

Botero, no hay que dudarlo, es un artista naïf muy avispado. Sabe que para abrirse camino tiene que encontrar la manera de conciliar los datos primarios ofrecidos por su cultura con la idea general que se tiene de la historia del arte. Sabe, también, que esa historia tiene un momento de ruptura difícil de negociar entre el 'gran arte' de la antigüedad y el arte moderno. Su instinto y su gusto lo hacen mirar al Renacimiento, a los primitivos italianos con su goce cromático y su imagineria religiosa; pero sobre todo a Della Francesca, a la eficacia pictórica de su monumentalidad. En cuanto al siglo XX, lo ve más bien representado en las ideas arquetípicas que sobrevuelan la figura de Picasso: voraz, cosmopolita, gran depredador de formas culturales; una forma personalizada del folclor moderno.

Comentando el exotismo que su obra parece poseer, esa diferencia que atrae o irrita al extranjero, Botero dice: «...tal vez eso ha sido para el arte una cosa buena, en el sentido de que hay cantidad de mentiras que se pueden inventar sobre nuestra realidad que a lo mejor no son así, pero el arte siempre esta basado en un mito en cierta forma, entonces es más facil mentir sobre lo que es desconocido que mentir sobre lo que es conocido. Total, que eso es parte de la posibilidad artística que tenemos nosotros».

En sus palabras uno oye, recompuesta, la conocida sentencia de Picasso «el arte es una mentira que nos enseña a comprender la verdad» incorporando astutamente el principio intelectual a sus estrategias de supervivencia. Recurso que percibimos también cuando argumenta sobre la famosa 'fealdad' de sus figuras: «Si uno coge las más bellas figuras del arte y las pusiera en la realidad, serían monstruos: porque el arte deforma siempre. El arte es una deformación porque hay un concepto intelectual detrás de la creación que hace que la realidad sea transformada. La idea de la belleza en el arte no tiene nada que ver con la belleza en la realidad. Por ejemplo, yo nunca he salido con una mujer gorda, jamás».

No es sino oirlo hablar de esa manera tan suya, tan acelerada y concreta, prácticamente sin matices, para darse cuenta que su sencillez es la del espiritu práctico del buen antioqueño: ¿qué es lo que se necesita; a dónde hay que ir; cuáles son los temas que pueden llamar la atención?, etcétera. Todo un programa de eficacia e instinto. Citaciones «cultas», oficio tradicional impecable, y escenas latinoamericanas. Si a esto se le agrega un entusiasmo paisa inmune a toda vacilación reflexiva y un talento plástico innegable, el estilo del pintor se transforma en el fruto deseado.

Botero encontró en los valores convencionales interculturales una especie de patria flotante desde la cual jugar divertida y maliciosamente con todo lo que se le pudiera atravesar. Sus ocurrencias se destacan sobre el fondo de una historia del arte oficial (de fascículo) cuyas ideas legendarias están vendidas de antemano, agregándole a ese fondo de 'valores' genéricos el toque picaresco de una serie de historias locales, ingenuas y grotescamente burlonas que, al tiempo que relativizan los grandes temas con su ironia de contraste, corresponden en toda extensión al clisé latinoamericano: esa imagen de una realidad exhuberante y desmedida que vino a tipificarse internacionalmente como Realismo Mágico. Una noción de filiación surrealista, atávica y tribal; una hipertrofia emotiva y formal análoga al principio de mitificación legendaria que exhibe el talento narrativo de Garcia-Márquez. Una 'inflación', en suma, que como lo expresa Marta Traba procede muy probablemente de la apoteosis como mecanismo de compensación: «La tendencia a la apoteosis es específicamente provinciana. Es el paradigma de las culturas de dominación... La apoteosis es irracional y se apoya en una emotividad a flor de piel, anti-crítica».

No entonces que estas culturas no correspondan a su propia realidad, sino que en su abrumadora evidencia, valga decir de 'realismo', terminan por desconocerse a sí mismas inventando como por arte de magia identidades superpuestas, en permanente sucesión de dizfraz. Como si lo real-natural se diera en exceso, produciendo el efecto contrario: una fantasía enajenada y plural, un espejismo sin referencias estables. Más que realismo mágico habría entonces que hablar de un hiperrealismo narcótico.

Tal y como aparece en una de las singulares xilografías de Alfonso Quijano (artista colombiano de obra penetrante y escasa) donde vemos una mujer grávida y desnuda que reposa incrustada en medio de un paisaje. Una figura yaciente, entre dormida y despierta -víctima de una violencia eventual-, entregada al letargo soporífero que suponen unas flores de borrachero que cuelgan desgonzadas sobre el extraño agujero. Detalle ambiental que recuerda
La Violencia, el emblemático cuadro de Obregón, y que reaparece de modo indirecto en la quietud y en las miradas soterradas de los 'muñecos' de Botero. Cargadas de un mutismo sin tiempo e incapaces de comunicar otra cosa que su mera obsesiva presencia, esas miradas vagas, bovinas, incrustadas como botones cosidos en la plenitud de las cabezas, son el asomo de una interioridad alienada, entre inocente y perversa.

El proceso de estilización prototípica al que han sido sometidos los cuerpos (su firma 'global'), anula toda diferencia haciendo que todo sea igual y dé lo mismo: la colilla, la guanábana, una bandera, un loro, un señor, una teja... Todo reducido a la eficacia plástica de su canon formal. La Madre Teresa, con un lunar, se convierte en la misma putica de Medellín o en la condesa europea, maquilladas todas con una misma piel pictórica. Y es que detrás de los regodeos sensuales de primer plano palpita siempre una cosa oscura, ácida e inquietante que la obra de Beatriz González declara más directamente a través de su refinamiento áspero e irónico. Seguramente una forma de resistencia cultural contra toda normatividad u ortografía. Una destilada rusticidad altanera similar al ingenio caracteristico de la 'fonda antioqueña'. Estableciendo, por afinidad, una sintomática relación con Botero. La que podría radicalizarse en los extremos de una 'moneda nacional' que tendría, como cara: la plenitud exacerbada, femenina y fatal de la fruta; y como sello: el escándalo popular, amarillista y bilioso de las tragedias pasionales y la telenovela.
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Paloma en los Campos Elíseos
En Botero, es precisamente esta necesidad del despliegue formal lo que lo conduce con propiedad a la escultura. Ahi donde su capacidad de transmitir abierta y públicamente encuentra realización y destino. Como si el discurso callejero que la pintura muralista pretende, encontrara en la escultura una versatilidad de ubicación y movimiento, un espacio donde el arte intercepta a la gente desprevenidamente, sin tener que buscarlo. Como pudo verse en los Campos Elíseos donde en medio del frio otoñal (al tiempo que los camiones descargaban las esculturas enormes sobre sus zócalos de piedra) la gente veía sorprendida cómo se instalaba sobre la tradicional reserva francesa una insospechada primavera. Un aire travieso, abierto y licencioso, como un circo que llega con su estravagante espectáculo de prodigios y monstruos.
Gran Torso
Una vez situadas, las monumentales y arcaicas madonas con sus señorcitos endomingados sentados en su regazo, dejaban suponer una profana y sutil duplicación del matriarcado religioso colombo-italiano, mientras que soldados romanos de bronce recreaban el ejército de su propia parada militar invasiva. Las venus reclinadas, más profanas, y a pesar de los volúmenes expuestos y los enjambres de niños montados en sus nalgas, no resultaban demasiado rescatables (es claro que la tradición europea, cuadras mas abajo, en el Louvre, tiene con que competir). La gigantesca paloma,
en cambio, aerodinámica y precolombina como esas figuritas del Museo del Oro, ostentaba frente a las parisinas una naturalidad y un vigor para nada doméstico capaz de devorar de un picotazo a quien las alimente. Pero lo más insólito en este despliegue monumental de humorismo fue tal vez la pieza ubicada estratégicamente en mitad del round-point: a primera vista, un descomunal e hiperbólico torso masculino exhibía su evidente memoria grecolatina con todo y hojita de parra. Sólo que, vista desde una cierta distancia, el monumento ofrecía una segunda lectura: la impávida y severa presencia de un rostro indígena (¿intencional o fortuito?) en donde la gran figura totémica, entre Sioux y San Agustin, se exhibía de modo ejemplar, impertinente, en medio de la prestigiosa avenida europea.
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También es cierto que Botero, con esa compulsión laboral por encima de toda reflexión detenida, puede cometer toda clase de obras. Las buenas, según el adjetivo favorito de Marta Traba, son "espléndidas", rebosantes de irreverencia y plasticidad. Las malas (muchas, sobre todo las últimas, ya sabemos) conviene tratar de ignorarlas.

Botero y Abu Ghraib / Rafael, Liberación de san Pedro, Vaticano (detalle)








A fuerza de repeticiones, que no de invención, y a pesar del oportunismo evidenciado recientemente en sus deplorables denuncias políticas, esos guerrilleros de opereta, esos "Guernica" de caricatura, esos "Desastres de la guerra"... de Irak (80 pinturas como respuesta instantánea a Abu Ghraib!) con que intenta moralizar a través de los medios masivos, incapacita su arte para revelar, decir algo. Lo que precisamente no sucede en todo gran estilo: Ingres, Munch, Guston, etc., en donde la anécdota claudica ante la visión general. Logrando, en cambio, inundar el mercado con falsificaciones de Botero hechas por el mismo Botero en una proliferación que disuelve su imagen en la ubicua multiplicación de una anécdota.

Si atendemos su obra en detalle, tratando de asomarnos a través de la opacidad ofrecida por su éxito, podemos también acceder como en un espejo al fondo intrincado de nuestra nacionalidad. Anacrónico, pintoresco, provinciano y astutamente conservador, son algunos adjetivos que le caben perfectamente a nuestra idiosincracia. Como artista colombiano Botero los representa a cabalidad.
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30 de mayo de 2006

íLLico-Tabú (Calvin Klein)

Publicado en la revista ARTE INTERNACIONAL #19, 1994. Museo de Arte Moderno de Bogotá
















Anuncio a doble página con el que se inaguró la sección "arte-facto" (nombre tomado de íLLiCo-artefactum) como una propuesta para crear un espacio ‘para’ arte más que ‘sobre’ arte.

(En esta primera edición participó también, como artista invitado, Antonio Caro con una receta de un dulce casero).
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22 de mayo de 2006

La Dimensión Ornamental

(asteriscos sobre un papel de colgadura)

Publicado en la revista VALDEZ #5, 2003

“The end of any (musical) piece was basically to decorate time.” F. Zappa.
¿Podría decirse lo mismo de las imágenes; estarán también básicamente destinadas a decorar el espacio? Muchas culturas antiguas estarían de acuerdo. Los indúes, por ejemplo, llegan a postular que la Realidad es apenas uno de los 57 aspectos de la decoración.
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A cada superficie su gramática. Y entre todos los soportes sobre los que aparecen las imágenes (cuadros, paredes, tableros, carteleras, telones, pantallas...) el que interesa particularmente en esta “teoría” es aquel que se extiende indefinida, rítmica y subliminalmente sobre las paredes como papel de colgadura, más precisamente, el típico papel tradicional decorado con viñetas [1].

En su diseño más característico, la repetición de los motivos impresos se desarrolla siguiendo una pauta de estructura romboide. Patrón sugerido por una serie de diagonales entrecruzadas, visibles o invisibles, que terminan contradiciendo, por inclinación, el principio de gravedad implícito en las verticales y horizontales necesarias a los muebles y la arquitectura. Malla liviana que recuerda, sobre todo cuando el motivo es floral, los enrejados utilizados en jardinería para que las plantas trepadoras proliferen “al modo natural”.

Como los jardines, el papel de colgadura es un objeto que resulta de la tensión ancestral entre naturaleza y cultura. Su lógica, como el ornamento en general, se alimenta tanto de planteamientos abstractos de tipo geométrico como de desarrollos orgánicos naturales, bastante más complejos y aleatorios; es decir, de abstracciones sugeridas por la estructura rítmica del comportamiento del universo natural.

Viñeta, Highland Park, 2003
Por analogía entonces, la viñeta vendría a representar el fruto y la flor cultural de estos enrejados agrícolas. Fruto, porque remite al racimo de uvas, al resultado formal de la vid; flor, porque despliega en su sitio (in situ) la presencia contemplativa de su visibilidad. Y así como en los jardines naturales el fruto y la flor son objetos tangibles, al alcance de la mano, en el papel de colgadura la viñeta es imagen.


ANTECEDENTES

(a)
A partir de 1980 la relación figura/fondo y sus múltiples variables me llevó a experimentar con las curiosidades formales de la constelación. La desnudez esencial del cielo estrellado con su régimen de figuras proyectadas sugiere una estética nocturna cuyo principio formal depende del punto. La forma ya no consiste entonces en la línea que demarca su silueta como un contenedor, sino que se propone abierta y sugestiva como en esos juegos en donde hay que encontrar la figura uniendo puntos en una secuencia de números, o como en el billar con su trazado de carambolas factibles. A partir de la constelación como principio pasamos entonces de la forma única cerrada a un sistema de representación de figuras posibles.

(b)
Una cierta puesta en escena que imaginé sobre el escenario del teatro de Dionisios en Atenas terminó por convertirse en la versión más aterrizada de estas proyecciones astrales. La planta de éste, como otros teatros antíguos, consiste en un plano semicircular desde el cual las graderías se abren en abanico ascendente. Sin embargo, lo que me atrajo particularmente de este escenario fue el gran rombo central incrustado en el piso. Sin ser un detalle demasiado evidente (en la fotografía se ve enfatizado), su concisa presencia geométrica resulta de algún modo ejemplar: además de la vagina en cuanto forma original, generadora (figura central en los mandalas del budismo tántrico), la imagen que más se parece al rombo es el ojo uniéndose ambas referencias en una connotación eminentemente voyerista. Además, sus puntas afiladas (como esas típicas manecillas de las brújulas) señalan las cuatro direcciones espaciales en una simplificación gráfica de la “rosa de los vientos”. El rombo, pues, no solo arrojaría las figuras sobre el plano de la escena dándoles nacimiento como un surtidor, sino que replicaría en su ojo único la mirada del público enfatizando de este modo la puesta en escena como un dispositivo óptico total.

Mise-en-scène, Bogotá,1982
A partir de esta sugerencia, y ya que mi interés era más bien compositivo y pictórico que teatral (de ahí que lo pensara en la pared), imaginé una representación en donde los actores, figuras u objetos se ubicaran precisamente en cada uno de los vértices del rombo. El estatismo y la distribución regular de estos cuatro elementos destacándose simultáneamente sobre la escena semicircular, propone una opción al sistema compositivo perspectivista del espacio rectangular de los cuadros: en lugar de ubicar las figuras libremente, como actores en un cubo con posibilidad de desplazamiento lateral, las colocaría en un lugar fijo determinado por cada uno de los vértices del rombo.

Sobre una tabla cortada en semicírculo, reproduje entonces el trazado en relieve del escenario del teatro de Dionisios haciendo que en cada uno de los vértices del rombo un gancho sostuviera un objeto X elegido entre un repertorio de objetos pre-establecidos. Objetos que estarían colgando “en racimo” del gancho central inferior de modo que las 4 figuras pudieran ser reordenadas o sustituidas por otras en una puesta en escena por siempre cambiante -(en el que aparece reproducido, una serigrafía con el mismo tema, los 4 objetos se relacionan con cuestiones de óptica).

El artefacto en cuestión no es ya tanto una escultura, una construcción tridimensional, como un dispositivo visual para considerar las relaciones posibles entre 4 objetos exhibidos simultáneamente. El sistema de representación, el tipo de “perspectiva” y la lógica que corresponden a este soporte, tiene entonces mucho más que ver con el papel de colgadura que con el que se utiliza generalmente en los cuadros. Tanto en el papel de colgadura como en la puesta en escena del teatro de Dionisios, las figuras mantienen su intervalo regular con la diferencia de que en el primero el motivo se repite indefinidamente sobre la pared mientras que en el segundo se reduce a una “muestra” ejemplar representada por 4.

(c)
En los almacenes de departamentos (BHV, Paris, sección jardinería) es posible encontrar el objeto concreto que corresponde al papel de colgadura:

Se trata de un enrejado o Treillage (support naturel, plantes grimpantes) utilizado para que las plantas se adhieran. Curiosa escultura espacial de medidas variables, especie de red extensible/retráctil (como esos percheros de “acordeón”) construida con varillas unidas transversalmente a intervalos regulares.

A partir de esta ‘elástica’ sugerencia, en 1985 construí otro objeto en donde asumía aún más directamente la estructura espacial implicada en las viñeta. Sobre una retícula o treillage fabricada con cuatro reglas de madera numeradas (cada una de 1 metro), incorporé en los puntos de cruce cuatro pequeños bastidores con soles pintados al óleo y sendas rosas (rojas) de plástico atornilladas al centro. Gracias a esta particular disposición, ya que que las reglas les ofrecen el tipo de espacio virtual que corresponde al enrejado, los cuadros se convierten en viñetas abandonando su posición habitual como objetos idependientes que cuelgan de la pared.

Asteriscos sobre un papel de colgadura. Paris, 1985
Con esta construcción, lo que buscaba era obtener una síntesis de los planteamientos del teatro y de la constelación incorporando al mismo tiempo la idea del cuadro. Pero no un cuadro de ésto o de aquello, sino un cuadro/viñeta que representara genéricamente “la imagen”. Para este efecto -ya que la viñeta es la imagen- escogí como símbolo la figura radiante del sol. El sol, respaldado por la rosa como prototipos de visibilidad, supone el consenso folclórico de los floreros y los atardeceres como fenómenos visuales favoritos, es decir, como puros clichés. Ambas figuras se caracterizan por ser objetos que irradian su presencia luminosa-cromática a la manera energizada de un bombillo. El sol porque es punto, una estrella; la rosa, porque el movimiento (nástico) que caracteriza su apertura va eróticamente del punto/botón a la manifestación expansiva de su forma.

La contemplación de estos objetos me sugirió entonces la siguiente serie de notas.


ASTERISCOS
“A point in space is an argument place.” L.Wittgenstein.












* 1/ Así como la viña es el terreno donde se produce la vid (y el vino), la viñeta es el racimo flotante, el objeto virtual que representa la imagen.

“Quien dice forma dice modo, quien dice figura dice imagen: la forma es natural, la figura es poética... La forma es lo contrario de esencia, la figura es lo contrario de realidad”. Chuang-Tzu

* 2/ Estas figuras aparecen ahí donde dos líneas se cruzan, engarzándose al punto que ellas mismas representan [2].
Lo que viene a traducirse en una rejilla romboide, representando así el modelo tradicional (un estándar) de la relación entre viñetas. Piel puntual, óptica y liviana, que a diferencia del cielo nocturno, cuyo reparto estelar irregular permite percibir la profundidad sideral como el lugar tridimensional de las estrellas, aplana el espacio convirtiéndolo en superficie virtual, imaginaria. De ahí que la viñeta sea asterisco, una “estrella”.

* 3/ La Proposición 3 de Euclides dice: “existe una distancia más allá de la cual no puede percibirse una magnitud”. Distancia determinada por el intervalo entre el punto de vista y el punto de fuga, entendido como tal. Lo que nos permite ver el punto como un umbral de percepción además de forma mínima apreciable: extraño lugar sin dimensiones a partir del cual todas las figuras posibles aparecen y desaparecen. Como esas transiciones que vemos en pantalla cuando la imagen se reduce repentinamente al punto para reaparecer enseguida cambiada, o el destello luminoso que queda flotando cuando se prenden y apagan los televisores viejos.

Ahora, si pensamos la línea de horizonte como una frontera perceptiva, como el límite de esa “distancia más allá de la cual no puede percibirse una magnitud”, podemos también darnos cuenta que detrás del punto de vista (representado por el ojo) tampoco existe una imagen. Y no es cuestión de voltearse para mirar atrás pues el umbral que corresponde al punto de vista sigue existiendo sin importar que tipo de movimento uno haga. (Curiosamente, cuando se cierran los ojos la diferencia que pueda existir entre el espacio de enfrente y el limbo de atrás desaparece, sumergiéndose ambos en una totalidad “acústica”[3], envolvente).

Mach_Die Innenperspektive, 1886
Dado que una imagen que dé cuenta de la totalidad del campo visual no es fácilmente obtenible, la viñeta sería la 'parte' por medio de la cual el 'todo' se representa. Si identificamos entonces la viñeta con la totalidad del campo visual, no como una de las cosas que uno ve sino como la totalidad que uno ve, el diámetro de esta imagen total sigue siendo la línea tendida entre el ojo y el horizonte, entre el punto de vista y el punto de fuga. Lo que vendría a implicar una profundidad o perspectiva “umbilical” de la viñeta, particularidad que desarrollaré en el siguiente asterisco.

Una vez asimilada la viñeta a la totalidad percibida, podemos darnos cuenta que el espacio imaginario en que se encuentra “suspendida” ya no depende de las determinantes naturales del mundo exterior tales como gravedad, continuidad, etc. Lo que quiere decir que el espacio en que aparece representada (en este caso sobre el papel de colgadura) no es el mismo tipo de espacio que pueda encontrarse eventualmente en su imagen: la escena pastoril puede tener un cielo con nubes, pero la viñeta no es una nube que flota en el mismo lugar.

* 4/ Imágenes (in situ) que posibilitadas por una gracia aleatoria despliegan sus correspondencias sobre un hondo motivo detrás del horizonte [4].

Si entendemos la línea ‘paisajísticamente’, como aparece en el fondo de los cuadros actuando de horizonte (cortina de boca en un teatro de apariciones y desapariciones), la distribución de cualquier tipo de elementos, figuras, o puntos sobre este horizonte, da algo así como un fraseo o escritura que se lee a lo largo. La magnitud de esa línea sería entonces la unidad espacial ocupada por estas figuras alternando espacios o intervalos entre ellas; especie de ‘ábaco’ sobre el que escriben sus respectivas posiciones: punto(espacio)figura(espacio)objeto(espacio), etc.

En la viñeta, en cambio, la línea de horizonte se traduce hacia el punto como quien observa el horizonte de perfil. Los espacios se encuentran ahora comprimidos sobre un mismo sitio haciendo que se agolpen los elementos contenidos en la línea en una Imagen Puntual Unificada (IPU). En este “horizonte de perfil”, gracias al “ombligo” o perspectiva interior que le corresponde, el ángulo visual coincide con el centro de la viñeta, y al no haber ya elementos colaterales que se relacionen espacialmente con ella -ya que todas las figuras se encuentran superpuestas- el movimiento queda concentrado en ese punto-eje.

Picasso, Still life with chair caning, 1911/12
La imagen rectangularmente enmarcada que asociamos con el “cuadro”, se transforma entonces en una figura globular -como esos formatos ovalados que adoptó el cubismo sobre los que se pegaron los primeros collages. Superficies despojadas de toda perspectiva lineal incluyendo (por un curioso y significativo magnetismo) patrones decorativos tomados de papeles de colgadura.

De manera similar al cubismo, y a diferencia de la perpectiva tradicional en donde se reducen las diferentes figuras a un único punto de fuga, el sistema de perspectiva ‘umbilical’ que supone la IPU posee su propio eje de analogías proyectadas a partir de su misma figura.

* 5/ En su propio punto van y vienen, intermitentes, prendiéndose y apagándose frente a un observador que las asume en movimiento [5].

Ya sea que se desplace lateralmente o que lo haga in situ, el movimiento es una especie de escritura espacio-temporal; la ocupación de espacio sería externa en el primer caso e interna en el segundo. En la linea-de-frente, los dos puntos extremos que determinan su magnitud coinciden espacial y temporalmente: espacialmente en el punto, temporalmente en el instante. De ahí que su movimiento pueda verse como una intermitencia entre aparición y desaparición [6] -a la manera de las instalaciones eléctricas, en los avisos y en los árboles de navidad. El movimiento instantáneo sería algo como un chasquido de dedos: prendido/apagado, presente/ausente, esto/aquello, rosas/cráneos ..., traduciéndose en una transformación repentina sobre la imagen precedente.

* 6/ Gracias a la desnudez reveladora que produce su contemplación, cada figura se hace objeto para el tránsito de sus sentidos posibles. Esta particularidad, en lugar de la habitual opacidad de los cuerpos, les da una capacidad de transparencia convirtiéndolas en instrumentos de una óptica cuyo principio, más que en ver la imagen, consiste en ver con ella [7].

La Imagen Puntual Unificada (IPU) posee una densidad significativa que se explica por el hecho mismo de su conformación. La compactación figura/espacio/figura/espacio sobre un mismo lugar produce una imagen con propiedades de transparencia. Sandwich visual en donde intervalos de espacio disuelven la opacidad de las figuras mientras éstas “enturbian” el espacio con su materialidad. Imágenes fantasmagóricas o instrumentos de una óptica cuyo principio consiste más en mover una visión que en ver un movimiento.

* 7/ A la puntualización de espacio y tiempo corresponde la “puntualidad” o precisión de un lenguaje poético; lenguaje que reside en la analogía como comportamiento perspectivista.

Mural anamórfico, Santissima Trinitá dei Monti, Roma [8]
De acuerdo con el principio de las anamorfosis [9], “[t]oda forma es la proyección de otra forma según un cierto punto de fuga y una cierta distancia” (Niceron y Maignan) [10]. Como decir que toda figura trae y esconde siempre otra figura. Y como la viñeta es una Imagen Puntual Unificada, entonces, “a una cierta distancia” o intervalo entre su punto de vista y su punto de fuga, a un cierto momento entre su aparición/desaparición, cada imagen conjura o evoca instantáneamente otras imágenes. De esta manera -gracias a un juego espontáneo de pertinencias e impertinencias difícil de discernir- una perspectiva interior reuniría en su ‘cordón umbilical’ las familiaridades posibles en una figura total o cuerpo poético de la imagen. Conjugándose todo el proceso en una plasticidad asociativa propia de la anamorfosis o, porqué no, del sueño.

* 8/ Entre lo dado y lo evocado debe existir necesariamente un tercer elemento que sea común a ambos términos. Esta identidad subyacente estaría dada por una figura básica, estructural. Algo así como un ideograma que representa sintética y simbólicamente objetos, situaciones o imágenes paisajísticas. Dicho ideograma vendría a ser en este caso el ‘esqueleto’ común a dos o más ‘cuerpos’ o investiduras formales diferentes.

“…pensar analógicamente, es decir, aprovechar la correspondencia o la similaridad parcial entre lo que se proyecta y lo que está oportunamente disponible. (…) La naturaleza pictográfica e ideográfica de los caracteres chinos lleva a pensar en imágenes, las cuales, a su vez, hacen el pensamiento chino, entre otras cosas, 1. analógico 2. no lineal 3. concreto 4. holístico 5. intuitivo 6. en armonía con la naturaleza.” [11]

En la viñeta, el “ideograma” estructural esquéletico es lo que permitiría ensartar en su impredecible hilo asociativo una serie de imágenes/perlas cuya pertinencia linguística sería la del sueño o la poesía.

* 9/ El estado general de las imágenes es de duerme-vela o presencia latente, como si estuvieran dormidas en el aire; y su movimiento, un delirarse a sí mismas a partir de la presencia estimulante (ineludible) de un observador [12].

Esta somnolencia, o trance, de la actividad asociativa es también una manera de referirse a esa “estética nocturna” que mencionaba anteriormente. Mientras que el ‘movimiento’ sería la posibilidad ofrecida -bajo un rasgo de inocencia- por las propiedades ambientales del papel de colgadura. “(C)omo en esos juegos en donde hay que encontrar la figura uniendo puntos en una secuencia de números”.
...
Resumiendo, podría decirse que todo esta teoría sugiere un pensamiento, una dinámica mental inducida por una cierta gramática visual contenida en la viñeta. Uno de tantos sistemas que conforman la dimensión ornamental, en donde el ingrediente más extraño y evasivo, a mi modo de ver, es aquel que sostiene el comportamiento poético de las imágenes; (coherencia) especie de pegante mítico de la asociación.

Por el momento, me atengo a este principio elemental: si toda imagen es la proyección de otra, su sentido (literalmente) es esa proyección. Por algo el emparrado sostiene las uvas.


Bogotá 1980, Paris 1985, Cartagena 1987, New York 2001
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Notas:

1- Viñeta: Del francés vignette; “de vigne: viña - por los adornos de racimos y hojas de vid en la portada de los libros, o dibujadas al principio y fin de los capítulos.”
2- De un cuaderno de notas de 1980 donde consignaba por primera vez ideas al respecto.
3- Diferencia establecida por McLuhan entre el espacio visual (contínuo, secuencial, fragmentado y lineal) y el espacio acústico (integrado, simultáneo y envolvente).
4- Cuaderno de 1980.
5- Cuaderno de 1980.
6- Jugando con una idea de McLuhan, podríamos decir que “The interval is where the action is”.
7- Cuaderno de 1980.
8- Desde este ángulo, el mural del padre Niceron semeja una imagen abstracta; visto de frente lo que vemos es un paisaje marino con golfos y barcos; desde el fondo, en cambio, la imagen de San Francisco de Paula en Oración es lo que sorpresivamente aparece.
9- “Truco óptico que explota la extrema distorsión de las formas sobre el plano de la imagen en ángulos muy abiertos.” Grove Dictionary of Art. www.groveart.com
10- Sacerdotes jesuitas del siglo XVII que utilizaron estrategias perspectivistas en el contexto
de decoraciones religiosas en las que servían como forma de revelación milagrosa.
11- Ding Xinghua, Cognitive Power of Chinese Characters and their Influence on Ancient Chinese Science and Technology. www.chass.utoronto.ca/mcluhanstudies/mstudies.htm
12- Cuaderno de 1980.

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Anexo: The Grape-peel affair

Días después de haber publicado este asunto en Valdez, recibo un sobre con el membrete de una compañía radicada en San Francisco [USA] con el curioso nombre de Grape-peel Wallpaper en el que se me comunica lo siguiente:

Dear Mauricio Cruz,

At Grape Peel wallpaper, we are well aware of your important artistic views on wallpaper, therefore we’ve made it a point to honor the artist’s point of view when developing our products.

Grape-peel has been known for decades to offer the most exciting assortment of motives and patterns to make any home feel like the most puzzling inner-subconscious corner of a complex artist’s mind. The way we do it: to string reality in a way that it is reduced perspectively to a frontal synthetical view making the pattern in your wall a flattened second of an eternal all-encompassing landscape.

That’s why we believe that you’ll find in Grape-peel wallpaper the company to trust when it comes to home-wall furnishing solutions.

Yours truly,

Roberto Arango
Executive Manager

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Y mi respuesta:

Sat. 30 Nov 2002

Don Roberto, quedé muy agradablemente sorprendido de ver que ustedes hayan entendido y asimilado la dimensión metafísica que se oculta en la superficialidad cotidiana de un simple papel de colgadura.

Si es del caso, podemos llegar a un acuerdo en el cual yo diseñaria para ustedes (con el objeto de distribuir y vender estos papeles a todo lo largo y todo lo ancho de las precarias y acartonadas paredes de esta nación) una serie de motivos que actuarian subliminalmente sobre la dura coraza del espíritu práctico que gobierna a sus inhabitantes. De paso, podria hacerme millonario como corresponde al sueño colectivo, para retirarme posteriormente a la Florida, no sin antes haber puesto en el mercado un último motivo: verdes y domesticados campos de golf con la imagen repetida de Tiger Woods alternando con cruces incendiadas en el más puro espíritu de Louisiana.

Mi esposa, al recibir la carta que ustedes me enviaron, entró en vértigo imaginativo pensando velozmente que se trataba de un negocio redondo (yo diria mas bien romboide) en el que ella saldria, a la larga, beneficiada. El sueño dorado de un automóvil de lujo, comprado obviamente con las ganancias de la operación, estuvo a punto de materializarse en el andén de nuestra humilde residencia.

Reciba entonces nuestra confirmación de que sí, que aceptamos el generoso ofrecimiento de Grape Peel Wallpaper y que desde este momento estamos más que dispuestos a empapelar de arriba a abajo este pais hasta que no quede ni una sola bandera que pueda competir con nuestras virtudes emblemáticas.

Atentamente,
Archibald Poindexter.
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*Desafortunadamente no he vuelto a saber de Don Roberto. Hasta el momento, es el único que parece haber intuido el alcance revolucionario que pudiera llegar a tener (en la mente) la cantidad de puntos de vista que aparecerían repentínamente flotando sobre el fondo contínuo de lo que podriamos llamar "nuestra pared".
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13 de mayo de 2006

un Díptico (dos sueños)

Publicado en el Magazin Dominical de El Espectador #729 (04.05.97)

I
"Hay que tomarla del brazo!"
(sueño del 26 de mayo de 1990)

En una ocasión le pido a mi madre, como recuerdo, un sobreviviente juego de porcelana: dos platos, una jarra y una taza decorados con rosas pequeñas de una vajilla que pertenecía a mi abuela en la que solíamos tomar chocolate cuando llegábamos del colegio.

Años más tarde, el día anterior a la noche que corresponde a este sueño, le había quitado el mango de madera a una brocha normal de 3 pulgadas, de esas para “pintor de brocha gorda” con cerdas negras de nylon -nada más por comodidad, para poder tomarla directamente desde la base de lata.

[en principio, no parece existir ninguna relación entre estos dos eventos]

El sueño:

Me veo viajando en el Metro. La atmósfera me recuerda a Paris. Una escena muy cargada, concentrada en sí misma; una especie de viñeta que se cierra sobre sus bordes oscuros y difusos. Estoy sentado sobre uno de los asientos plegables al lado de la puerta corrediza. Desde ahí veo como la puerta de enfrente se abre y se cierra ritualmente al pasar por cada estación. Curiosamente no recuerdo haber visto entrar o salir a ninguna persona; sólo siento el tren correr en medio de un estrépito sordo, sin detalles.

Al frente, interceptando visualmente la puerta, veo a una mujer de espaldas vestida con una gabardina beige y el cinturón entallado. Parece como si hubiera estado ahí todo el tiempo. Con la mano izquierda, firme y delicada, se sostiene del tubo reluciente y vertical en medio del vagón. No percibo a nadie más. Después de una cierta tensión ambiental, oigo una voz interior que me dice: "Hay que tomarla del brazo!". Obedeciendo, me levanto y tomo su brazo izquierdo con mi mano derecha. Acto seguido, la imagen se cierra sobre sí misma como en las películas mudas dejando en su lugar una oscuridad muy compacta, como de terciopelo. Luego de un intervalo de aproximadamente cinco segundos aparece el siguiente objeto destacándose significativamente sobre el fondo negro:

Un plato mediano decorado con motivos de rosas sostenido en su base por el mango de madera de una brocha de 3" pulgadas -como quien porta una antorcha... En su extraña y económica elaboración el sueño terminó por reunir en un objeto nuevo, uno de los platos de la vajilla y el mango de madera!

Naturalmente, siguiendo las peculiares y precisas "instrucciones" dictadas en el sueño, lo primero que hice al despertar fue encontrar la manera de pegar el mango al plato para dar cumplimiento a una voluntad que, en toda evidencia, me sobrepasa. El caso es que la brocha ya no "pinta" mostrándose ahora receptiva y dispuesta, en actitud de radar. Una brocha atenta.
...

Anexo:
Tiempo después, la disponibilidad ofrecida naturalmente por el plato termina por acoger un objeto adecuado: una pelota de letras fundida en porcelana que se deposita como un “alimento” u objeto de lengua(je).


II
El plato de la momia

El 12 de febrero de 1937, Edgar Cayce, "el hombre más misterioso de América", telépata y vidente médico reconocido por sus extraordinarios poderes curativos, tuvo un sueño en el cual "se descubrían en Egipto unos escritos antiquísimos y que una momia volvía a la vida y ayudaba a traducirlos". Lo curioso es que en medio de su labor traductora, la momia pedía le fuese preparado un alimento que según ella necesitaba.

Cayce, siguiendo siempre su particular método que consistía en caer en un profundo trance durante el cual auscultaba a sus pacientes (generalmente a distancia, e incluso, en otras ciudades), dictaba un diagnóstico preciso así como una receta adecuada al tipo de organismo o "cuerpo" en cuestión. En varias ocasiones, a través de estas llamadas "lecturas" dadas a personas concretas, Cayce recomendó la misma receta solicitada por la momia:
Media taza de dátiles deshuesados y picados
Media taza de higos secos (brevas) picados
Una y media taza de agua
Una cucharada sopera colmada de harina de maiz (Maizena)

Cocer a fuego lento removiendo con frecuencia durante diez minutos o más. Servir con leche o nata. Para 2-4 platos.
Las vendas son de rigor.

8 de mayo de 2006

Un Oficio Estallado

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #755 (02.11.97)










Algunas consideraciones sobre educación artística


*Nous sommes venus, nous autres, trop tôt et trop tard. Nous aurons fait ce qu’il y a de plus difficile et de moins glorieux : la transition. -Flaubert

Nosotros hemos venido muy pronto y muy tarde. Habremos hecho lo que es más difícil y menos glorioso: la transición
.

En los últimos doscientos años el artista moderno ha venido asumiendo un estatus bastante más complejo y autónomo. En consecuencia, esta aventura interior a nombre de las posibilidades del individuo lo ha distanciado significativamente de la sociedad, como si sus descubrimientos y principios, resultado de esa misma autonomía, no pudieran ser ya compartidos con la inmediatez y eficacia del lenguaje común, del consenso otorgado anteriormente por la mitología y los temas religiosos.

Y es en ese punto, una vez evidenciado el hermetismo que identifica el arte moderno, que la electricidad ofrecería el tipo de mediación tecnológica que ahora corresponde. Potencia instalada entre la dualidad de los lugares comunes propiciados por el periodismo y los modos ‘poéticos’ del pensamiento intuitivo.

I
Matisse, por Cartier-Bresson
Al interpretar estas generalidades conviene tener en cuenta un contexto histórico suficientemente amplio y preciso. En este sentido, el modelo utilizado por Richard Shiff [1] puede resultar apropiado.

Utilizando la figura de la Perspectiva a través de la historia como una anamorfosis ("imagen que aparece distorsionada a menos que se perciba desde un cierto ángulo o con un instrumento especial"), Shiff supone tres períodos diferenciados de la siguiente manera:

1. Anamorfosis clásica, vigente hasta el siglo XVIII, caracterizada principalmente por el humanismo del Renacimiento con sus principios de interés universal, privilegiando un solo punto de vista a partir de su perspectiva del espacio unificado.

2. Anamorfosis moderna, propia del Romanticismo, vigente hasta la primera mitad del siglo XX, en donde el nivel de autonomía personal favorece todo punto de vista, haciendo de este principio un fenómeno interno, autocrático, original.

3. Anamorfosis postmoderna, proyectada desde la segunda mitad del siglo XX, caracterizado por la presencia de nuevos medios tecnológicos e informáticos, sin puntos de vista, enfatizando en cambio procesos.

Este último periodo -a diferencia del primero, que enfatiza el objeto, y del segundo, que atiende al sujeto-, privilegia los medios descentrando, por así decir, los puntos de vista hacia una extensión más comunicativa, en simultaneidad.

Como puede verse, las alteraciones profundas en la actividad artística de este último siglo evidencian un cambio constante, una transición vertiginosa en donde la referencialidad anterior ya no sirve y la que se requiere no existe todavía. Situación de contraste -entre lo dado y lo posible- que oscila entre el fantasma vanguardista con sus innovaciones a ultranza, y el lastre de un aseguramiento académico nostálgico. En estas tensiones, la decisión entre aquello que ha de ser conservado y lo que se debe abandonar, entre lo que se modifica y lo que se proyecta, depende de lo que caracteriza el momento presente. Es ahí donde el esquema ‘anamórfico’ utilizado por Schiff resulta aplicable para explorar las transformaciones del oficio y el arte.

II
Anteriormente, y aunque el término no fuera todavía de uso corriente, el ‘artista’ se hacía a partir de la incorporación del oficio. Pintura, escultura, y artes gráficas otorgaban la implementación suficiente; de modo que ser 'pintor' o 'escultor' suponían al artista. Este tipo de educación, orientada sobre todo a la transmisión de un conocimiento técnico altamente codificado, procedía en gran parte de los gremios artesanales del Medioevo convirtiéndose en el Renacimiento en un tipo de actividad 'superior' al verse enriquecida por la formación humanística (el Ut pictura poesis y la teoría del pintor erudito) que le otorgaban al artista-artesano un nuevo estatus derivado de su capacidad de interlocución. Sin embargo, la enseñanza continuó siendo esencialmente normativa, cargada de preceptos temáticos, formales y técnicos, que garantizaban la continuidad y coherencia de una cultura: la occidental europea.

Luego, con la aparición del Arte Moderno a mediados del siglo pasado, la necesidad de liberarse del precepto académico y su lastre memorioso condujo a una estrategia perceptiva en apariencia sencilla: si debía haber un modelo a seguir este no podía ubicarse más allá del presente inmediato. La captación experimental, sensible y directa, el "aislar la sensación" promovido entre otros por Manet, se constituyó como nuevo objetivo “realista” con las consecuencias de autonomía y afirmación personal que hicieron de cada artista un mundo válido.

Del modelo como figura referencial, como unidad de medida positiva característica del clacisismo -común a todos y con respecto al cual podía medirse algún grado de aproximación o retroceso- se pasa por así decirlo al molde, a la figura en reserva, en negativo (interior y probable) propia del Romanticismo. De modo que el acto creativo no pueda ya evaluarse al modo exterior normativo, sino a partir de sí mismo, y la educación artística no pueda seguir apoyándose en la transmisión de un canon cultural sino en la confrontación con un orden de experiencia inmediata.

El artista, en una actitud más abierta, necesariamente autodidacta, impone su visión y su técnica, y los ismos, los movimientos, y las diferentes escuelas se disparan. El oficio, paradójicamente, se afirmaba en una crítica del mismo, de modo que "oficio" y "abandono del oficio" terminaban significando lo mismo.

Como si fuera poco, a comienzos del siglo XX, en el breve período llamado "la época heróica del arte moderno" aparecieron las propuestas creativas tal vez más radicales de toda la historia del arte. En ese momento se introdujo uno de los gestos que habrían de replantear integralmente la naturaleza de la actividad artística como las condiciones de su enseñanza: el COLLAGE, un acto de apariencia simple -como suele ocurrir con las ideas realmente determinantes- que consiste en pegar algo, un elemento u objeto cualquiera, desapercibido y anodino, a la superficie de la pintura. Gesto que modificaría significativamente los valores y modos consignados en los oficios pictórico y escultórico hasta el momento intocados en su función paradigmática.

De ahí en adelante el artista podía utilizar cualquier cosa, cualquier material o ‘lenguaje’ como vehículo expresivo; en otras palabras, cualquier medio. Por así decirlo, el oficio "estalla" diversificándose a partir de la aproximación experimental, asumiendo finalmente el riesgo y las consecuencias implicadas en una estética posible en donde el arte mismo -la discusión ya típica entre "esto es arte/esto no es arte"- podría verse abocado a desaparecer gracias a la disipasión de sus límites y del inevitable camuflaje con otras disciplinas.

III
De todos modos, es importante notar que la actividad continúa llamándose ARTE. Y si nombrar es pactar, "si la existencia del nombre prueba la existencia del pacto", entonces, como Thierry de Duve puntualiza, "la innovación artística no asumirá el sentido de una nueva cualidad hasta que sea evaluada a posteriori por medio de los criterios mismos que ella habrá instituido". [2]

Times Square (PZalamea)
El hecho de que el artista contemporáneo no tenga que aprender a “hacer arte” para ser artista sino que comience por reconocerse como tal para poder hacerlo, hace que esta transición, pedagógicamente posea un punto crítico. Si ya se había hecho difícil transmitir un arte, un 'saber hacer', un oficio que obedecía secretamente a contenidos culturales que la modernidad rechazaba, ¿cómo transmitir en su lugar un oficio posible, un arte por-venir ?

Sencillamente, como dijo Duchamp, "arte es lo que hace el artista". Lo personal se dimensiona sobre lo cultural y las historias (las del arte y las otras) hacen las veces de un territorio sobre el cual extiende y confronta su personalidad. En este caso, la formación del artista no produciría una identidad "profesional", una función social agregada, como viene insistiéndose, sino más bien un refinamiento específico en relación con cada uno de los medios al alcance, identificando el oficio posible con el pensamiento artístico inherente al proceso creativo.

En ese sentido el espacio Postmoderno hace suponer una extensión insólita de los medios disponibles y la diversidad de referencias y lenguajes que incorpora. La imagen, propia de la pintura y la escultura, se ve complementada por palabra, sonido y expresión corporal en una integración multimedia propia de las artes de 'cuarta dimensión' donde el factor temporal, con su movimiento y duración, incorpora dinámicamente el objeto "plástico" tradicional convirtiéndolo en un proceso abierto, en vector de información. Proceso que supone una voluntad y una capacidad de transmisión mucho más enfática y directa permitiéndole al artista replantear su relación con el espectador. Ofreciendo a partir de la incorporación de medios electricos, instantáneos, la posibilidad de que “el mundo del arte” (diferente al "mercado del arte") pueda replantear sus modelos y estrategias comunicativas bajo una actitud que compense su conocida auto-referencialidad y aislamiento. Una cartografía compleja que apenas comienza a dibujarse.

Generalizando a su modo preciso, McLuhan decía que el rol del artista en cuanto “mediador cultural” consiste en “mantener a la comunidad en relación conciente con el fondo cambiante y oculto de sus objetivos preferidos." Y también, paradójicamente (entre otras porque la mutación del oficio dado en oficio posible asi lo propone) que “la nueva educación no tendrá ningún tipo de objetivo”.

Por eso ahora más que nunca, como dijo Leonardo a propósito de la pintura, el nuevo oficio es ante todo "cosa mentale". Lo que nos deja frente a un campo de posibilidades con puntos suspensivos en todas direcciones.


Notas


1- Richard Shift, Anamorphosis: Jasper Johns, in Foirades/Fizzles: Echo and Allusion in the Art of Jasper Johns. Los Angeles: The Grunwald Center for the Graphic Arts, ed. James Cuno, 1987, 147-66.

2- Thierry de Duve, Nominalisme Pictural: Marcel Duchamp, la peinture et la modernité. Minuit,1984.

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Anexo: (mayo 8, 2006)

De Duve's Three Paradigms
CIRCA 89 Art Education Supplement

Two models, even though in reality they contaminate each other, divide up the teaching of art. On the one hand, there is the academic model; on the other, there is the Bauhaus model. The former believes in talent, the latter in creativity. The former classifies the arts according to techniques, what I would call metier; the latter according to medium. The former fosters imitation; the latter invention. Both models are obsolete. [1]

Thierry de Duve thus introduces his interrogation of the dominant paradigms in art education in Europe and North America. His full analysis, as laid out at a conference at the University of Southampton in 1993, is succinct, direct and persuasive. This analysis leads him to postulate a further paradigm of art education. De Duve now sees "the most advanced art schools" organised according to "the disenchanted, perhaps nihilistic, after-image of the old Bauhaus paradigm." In place of the models of "talent-metier-imitation" (academic) and "creativity-medium-invention" (modernist) De Duve posits a "new triad of notions: attitude-practice-deconstruction." He reserves his most scathing critique for this, as he terms it, "imploded paradigm." Describing the development of art education in the 1970s, he points to the prior emergence of conceptual art, with special mention for the When Attitude Becomes Form exhibition of 1969 (Bern/London) and claims:

Linguistics, semiotics, anthropology, psychoanalysis, Marxism, feminism, structuralism and post-structuralism, in short 'theory' (or so-called 'French theory') entered art schools and succeeded in displacing-sometimes replacing-studio practice while renewing the critical vocabulary and intellectual tools with which to approach the making and appreciating of art.

De Duve acknowledges that this shift in emphasis from creativity to attitude occurred "with considerable differences depending on national and local circumstances." He concludes that in general, however, "with or without the conscious or unconscious complicity of their teachers, what had started as an ideological alternative to both talent and creativity, called 'critical attitude', became just that, an attitude, a stance, a pose, a contrivance."

The tendency toward a reorganisation of Fine Art courses which plays down the separation of traditional studio disciplines and mediums (the familiar trio of painting, print, and sculpture) may be seen to be part of this foregrounding of critical attitude or critical process. The much-vaunted interdisciplinarity of contemporary educational initiatives may do service for a great number of conflicting agendas, and can in itself become just a stance or a pose. Whatever the case, it is clearly exemplary of De Duve's third paradigm of art education.

De Duve's analysis more thoroughly questions the dominant paradigms of art education than most available accounts, which tend by and large to privilege a theory-practice dichotomy. I cite it here because it underlines a profound sense of crisis when it comes to the formulation of a definitive core philosophy to the teaching agenda. I also cite it here in order to take license in questioning art education along other lines: along the lines of a performance script I rehearse quietly between classes.
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26 de abril de 2006

The Postcard & The Clew

Un par de contribuciones "ready-made" *





















I. Readymade Postcard of Readymade Art


Post-card is the result of joining 3 'readymades' by analogy: Duchamp's Bottle Dryer, the Coca-Cola bottle, and a postcard of "Christ Enthroned" by Jan Van Eyck (also objects produced in series, although with different aesthetic intentions). In this way, the juxtaposition of 3 powerful icons (one of them invisible, only referred to in the postcard) activates their corresponding connotations: industrial, cultural, and religious. The stamp, another readymade, is a spiraling galaxy that sends the postcard to a more 'scientific' dynamic level (optic disks, View, etc).

Postal es el resultado de unir 3 readymades por analogía: El Secabotellas de Duchamp, la botella de Coca-Cola, y una postal con la imagen del Cristo Entronizado de Jan van Eyck (igualmente objetos producidos en serie, aunque con intenciones estéticas diferentes). De este modo, la yuxtaposición de 3 íconos poderosos (uno de ellos invisible, referido en el título de la postal original) activa sus connotaciones respectivas: industrial, cultural y religiosa. La estampilla, en sí misma otro readymade, representa una galaxia en espiral que 'envía' la postal a regiones más dinámicas y 'científicas' (espirales, discos ópticos, carátula de la revista View diseñada por Duchamp, etc.).
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II. The Clew


A visual interpretation of Marcel Duchamp, A Bruit Secret [With Hidden Noise] 1916, in a sequence of seven images.

Una interpretación visual del readymade Con Ruido Secreto (1916) de Marcel Duchamp, en una secuencia de 7 imágenes.

*Publicado en Toutfait



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Anexo
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En (DDS p49), se lee:






Hacer un readymade con una caja que encierre algo irreconocible al sonido y soldar la caja.
Hecho ya en el semi Readymade de placas de cobre y pelota de cuerda.

Como si las particularidades formales y gráficas del dibujo -suponiendo que ilustró la primera ocurrencia, la caja ‘transparente’ con el objeto "enrollado" adentro- lo hubieran llevado a la segunda, a la pelota de cuerda entre las placas de cobre.

¿Cuál sería finalmente el semi Readymade: el objeto irreconocible al sonido oculto en la pelota de cuerda por las placas de cobre, o la pelota de cuerda sostenida entre las placas de cobre?

Ahora, dado que fue Harold Arensberg (a solicitud de Duchamp) quien seleccionó y encerró el objeto entre las placas con el propósito de que jamás lo revelara ¿escogió un readymade?
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25 de abril de 2006

DADÁ, Historia de una subversión

Henry Béhar - Michel Carassou
Ediciones Peninsula, Barcelona

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #741 (27.07.97)

Reseña / *frases tomadas del libro y editadas, al modo dadaista, como un comentario del mismo.

“Dadá nació en Zurich el 8 de febrero de 1916, bautizado con ayuda de un abrecartas metido al azar entre las páginas de un diccionario Larousse. "Dadá", nombre de una entidad sin contenido, insignificante absoluto (crisis de conciencia europea). Empresa de demolición que ataca en primer lugar el edificio del lenguaje (la verdad no existe y el mundo permanece incognocible). Una red internacional que toca todos los aspectos de la estética y la vida: ambivalencia, negatividad; barrer, limpiar; juego con miserables residuos. Tabula rasa, "guerra del fuego" contra el sentido común. Carácter anarquizante, quijotesco. Trabajaron por la fusión del arte con la vida jugando con los fragmentos de lo que habían roto, (cuando lo hayan derribado todo ¿quizá reconstruirán algún momumento de pureza y solidez?)... La experiencia humana es siempre más compleja de lo que pretenden las ideologías.

La utopía Dadá exigía un mundo donde cada hombre fuera creador y dueño de sí mismo. Conquistar un terreno propio para llevar a cabo una acción inédita (nueva misión del arte en la sociedad), regresión a la infancia. "Nosotros lo vemos todo, no nos gusta nada, somos indiferentes, in-di-fe-ren-tes", (al atacar el concepto de belleza Dadá se aplicaba a hacer desaparecer la separación entre el arte y la vida). Explosión del lenguaje: "orden = desorden; yo = no yo; afirmación = negación". Dadá es la versión americana del budismo: ninguna teoría sino una tonalidad dinámica... Poesía: Arte; no Poesía: Arte. Las palabras como juego: Arte. Las frases puras: Arte. Sólo sentido: Arte. Sin sentido: Arte. Palabras escogidas al azar: Arte. La Gioconda con bigotes: Arte. Un anuncio del periódico: Arte. ¿Cómo escaparse? Dadá es el único movimiento que ha creado arte a partir de la nada.

Manifiestos... El gesto más incongruente adquiere el valor de un manifiesto. "El pensamiento se crea en la boca" (Tzara), no podía existir fuera de su formulación, fuera de las palabras. No hay pues realidad -salvo esta palabra (el lenguaje crea la cosa). Una nueva Babel: virtudes primitivas, que no se limitan a la comunicación inmediata entre los seres. "Monólogo interior" (Joyce), la gran noche de las palabras... Rompiendo los tabúes que prohibían atacar la estructura propia del lenguaje y la finalidad de los medios de comunicación utilizados, Dadá hacía posible lo impensable: la apertura de un nuevo campo de creación artística y literaria. Simultaneidad, coexistencia, un valor idéntico a todas las cosas, materiales más heterogéneos. Desplazamiento o desviación: el pintor hace una elección, después imita su elección cuya deformación constituye el Arte; ¿porqué no se podría simplemente firmar la elección, en vez de hacer el tonto delante de ella?... Acepta colaborar con el tiempo y su agente principal, que se llama azar (palabras en un sombrero: lo ilegible)... y aquí tenemos un escritor infinitamente original y de una encantadora sensibilidad, aunque incomprendida por el vulgo (lo que deja al lector toda la libertad). ¿No podríamos concebir la posibilidad de escapar de una vez por todas a lo relativo y, con la ayuda de la poesía, es decir, del lenguaje, tener acceso al ámbito misterioso de las Madres?

Dadá afirma la primacía del sujeto, su centralidad en el discurso. Dudando, el ser parlante está en el centro de toda palabra. La forma de decir (lexis) es más importante que lo que se dice (logos). Cualquiera que deje libres sus propias tendencias es Dadá. Dadá no teme a la contradicción, que asume con orgullo gracias al humor, que es el mejor testimonio del espíritu: El humor /es el agua del más allá / mezclada con el vino de aquí abajo (Arp). Hay una sinceridad nueva, lo mismo que hay geometrías no euclidianas (Rimbaud, Lautremont, Jarry). Dadá sólo es un gesto: metafísica de la banalidad. Objetivo final: restaurar la esencia del arte... "cretinizar al lector". Curación forzada por la histeria provocadora. Contra-institución: tantos centros como participantes. A fuerza de practicar la incoherencia, Dadá ha abierto las puertas del inconciente ("la hija nacida sin madre", polvo y mosca). El espíritu dadá sólo existió de verdad entre 1913 y 1918. Luchaba contra todos los valores y, ante todo, contra todos los valores estéticos, los valores del arte. Pero creaba valores antiarte. Así pues, creaba un arte. Ésa fue su principal contradicción interna. Artistas y literatos, los dadaistas impugnaron los fundamentos de la civilización occidental. Toda negación se acompaña de una afirmación simultánea. Probablemente estamos viviendo un nuevo Renacimiento.”
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22 de abril de 2006

Cuando el objeto es-cultura

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #701 (20.10.96)















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Giorgio de Chirico, pintor metafísico, 1914: una gran plaza italiana dispone escénicamente los elementos silenciosos de la tragedia... La cabeza de un yeso romano proyecta su mirada sobre el espacio nostálgico de su memoria mientras a su lado, como una mano sin cuerpo, un guante de caucho rojo cuelga a la altura de su oreja izquierda. Más abajo, sobre el piso (en un lugar que correspondería al pecho de la escultura) una pelota verde cierra el triángulo enigmático en cuyo centro, casi desapercibida, una puntilla proyecta su línea de sombra como un prosáico reloj de sol vertical. Canción de Amor es el nombre del cuadro.
Se trata de un desmembramiento que por sutil no resulta menos inquietante: tradicionalmente, el personaje tendría en su mano derecha la pelota, el globo, la figura orbital de una totalidad integrada (al modo de reyes y emperadores) o el disco del atleta.

De Chirico, en momentos del más intenso frenesí vanguardista, optó críticamente por la detención reflexiva, por el distanciamiento irónico y poético. Su obra es el testimonio de un quiebre histórico, de un punto de no retorno en donde todo aquello que había sido rescatado por el humanismo renacentista encuentra su claudicación. Después de cuatro siglos la pintura y la escultura no podían seguir siendo los mismos. El objeto, tal y como lo muestra su pintura, hace irrupción. La obra se convierte en una adivinanza de fragmentos, de piezas errantes que terminan por encontrarse alrededor de un ente enigmático: la obra misma. Sólo que el guante ya no es un guante, ni la pelota una pelota. Como dice Magritte en su conocida pintura (representando una pipa) La Traición de las Imágenes, Esto no es una Pipa.

Las cosas son siempre otras cosas. Su rastro y conformación poseen una memoria simbólica dispersa que desborda y trasciende el uso inmediato. Su objetualidad recupera de modo inesperado la dimensión jeroglífica como “escritura sagrada”; como si el arte reaccionara intuitivamente a la noción realista (más tactil que mental) del materialismo imperante. La realidad minuciosa -esas Enormes Minucias del libro de Chesterton- se ofrece como un enigma dispuesto a ser descifrado, a ser delirado en conciencia -como siempre. De ahí que el surrealismo se halla convertido en uno de los laboratorios favoritos de la exploración detectivesca.

El famoso Objeto de Meret Oppenheim (taza, plato y cuchara forrados en piel, 1936) hace que el material impuesto introduzca con su poder primitivo la hibridación entre las “buenas maneras” de una cultura conciente, civilizada, y el “salvajismo” de su contenido latente. El objeto se comporta como vehículo de mensajes reprimidos. Su marginalidad e insignificancia como mero utensilio son tan sólo aparentes. Annette, por ejemplo, la mujer representada en la dramática escultura de Giacometti (1962-63) a pesar de su pose hierática enfrentando la distancia (análoga al yeso de De Chirico) percibe frente al “juego de té” de Oppenheim toda la implícita violencia del acto inocente. Su piel lacerada no es otra cosa que la cicatriz psicológica resultado del enfrentamiento con los objetos de su propia interioridad. Consecuencia necesaria, paso obligado de una cultura llevada al extremo de su misma exterioridad y eficacia. Lo largamente negado toma la revancha. El objeto deja de ser manipulado para rebelarse y revelar.

Beethoven por su parte, héroe y genio romántico por excelencia del romanticismo en momentos en donde otra modernidad se inaugura, aparece en la escultura de Bourdelle Gran Máscara Trágica de 1901 con el rictus de esa individualidad sacudida por los síntomas de su propio aislamiento. Al “descubrimiento del hombre y del mundo” representados por el Renacimiento -según Michelet- se agrega la sorpresa psicológica escondida en los artefactos de la Revolución Industrial. Es así como unos cien años más tarde el Regalo de Man Ray en toda su inhóspita tibieza (una plancha de hierro con una hilera de tachuelas pegadas sobre su superficie) será recibido como el objeto mágico indeseado, como el fetiche que reposa en medio de todas las contradicciones aparentes. De las somnolientas Planchadoras de Degas y Picasso a la superficie quebrada del lienzo cubista, la "piel" ha sido ya rasgada en su interacción con el mundo.

La imagen del hombre, el arquetípico Apolo de Belvedere, orgulloso prototipo de la civilización occidental grecolatina, ya no brota de la piedra como un dios dormido (tal y como describe Miguel Angel el surgimiento del milagro escultórico), ahora contempla, sorprendido, la piedra misma reincorporada a su lecho materno. La escultura de M. Heizer Masa Desplazada y Reemplazada de 1969 escoge el espacio abierto del desierto de Silver Springs en Nevada como “inculta” escenografía para una declaración artística notable por su amplia y modesta ironía: las representaciones narcisistas de la civilización, con todo su poder afirmativo desplegándose sobre el espacio circundante, terminan por no encontrar una mejor inscripción que ese reconocimiento, que ese retorno a la materia elemental de sus primeros comienzos.

La escultura moderna, entonces, al tiempo que recupera el valor expresivo de los nuevos materiales, encuentra en el objeto un aliado simbólico para revelar un discurso diverso. El tipo de presencia, la expresión despojada de los cuerpos así como el elocuente residuo arqueológico de sus órganos-objetos están diciéndonos en su lenguaje artístico inmediato qué es lo que hay en el fondo de todo aquello que hasta ahora hemos venido llamando "La Historia".

(Actualización, abril 22 de 2006)
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16 de abril de 2006

Sermón desde el púlpito

Publicado en el MAGAZIN DOMINICAL de El Espectador #706 (24.11.96)















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figura 1 -M.D. Cheque Tzanck, 1919
En diciembre de 1919, Marcel Duchamp paga a su dentista con un cheque minuciosamente falsificado. Después volverá, esta vez para comprarlo… El dibujo del boceto preparatorio pertenece igualmente a la Galería Schwarz de Milán.
(...)
figura 2 -M.D. Readymade, 1919 (*Serum Physiologique)
EL CONTENIDO DEL CHEQUE SE ESFUMA DESLIZANDOSE LUEGO HACIA UN VALOR ARTISTICO INTANGIBLE... AIRE
“Queriendo llevarle un regalo a mis amigos los Arensberg, le pedí a un farmaceuta que vaciara un recipiente de vidrio lleno de suero y que lo sellara enseguida. Esta es la preciosa ampolleta de 50cc de AIRE DE PARIS que les llevé a los Arensberg en 1919.”
(...)
figura 3 -Casa de subasta (rematan una pintura de Cézanne)
figura 4 -Cézanne. Autoretrato, 1879-82
Cézanne insistía: “El aislamiento, he ahí de lo cual soy digno. Así nadie, al menos, se apoderará de mí.”
(...)
figura 5 -El Greco. Jesús expulsando a los mercaderes del templo, 1570-75
figura 6 -Galería Durand-Ruel, 1845
En esta esquina: Miguel Angel, Tiziano, Rafael, Clovio (mecenas)… En qué estarán pensando?
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12 de abril de 2006

El valor de una pintura

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -mayo 15 de 1995.














VENDIDA EN 17.5 MILLONES DE DÓLARES (Sotheby's Nueva York. Noviembre 1988) ESTA PINTURA CONSTITUYÓ UN RECORD PARA UN ARTISTA VIVO. LA RELACIÓN ENTRE LA OBRA Y EL PRECIO OBTENIDO ES ALGO QUE DESAFÍA LA COMPRENSIÓN LÓGICA EN CUANTO NO HAY UN VÍNCULO FÁCILMENTE DISCERNIBLE ENTRE EL VALOR ARTÍSTICO Y EL VALOR COMERCIAL.

Jasper Johns, False Start, 1959
(170.8 x 137.2 cms.)

Generalmente un alto precio está representado de algún modo en el asunto al cual corresponde. Una mansión de US 17 millones puede ser imaginada con relativa facilidad: uno aumenta extensiva y ostentosamente la idea de una casa hasta cubrir la cifra con canchas de tennis, piscinas, garages, invernaderos y los metros cuadrados de construcción que sean necesarios en los materiales más sofisticados. De cuaquier modo, el aspecto cuantitativo termina por encontrar equivalente en un castillo, una joya o un dispositivo de alta tecnología. En este caso -no importa que se trate de un Rembrandt o de un Van Gogh- la adjudicación de altas sumas a una obra de arte que no sea una catedral, resulta, por decir lo menos, enigmática.

El intervalo misterioso que une la cantidad al objeto, enfrenta dos lenguajes cuyos modos de valoración no tienen mucho que ver: el precio es una manifestación, en lenguaje monetario, de un proceso invisible manifestado artísticamente. Esta traducción de un lenguaje a otro sólo se produce si la obra pertenece a un medio artístico incorporado al mercado, al mercado del arte. De lo contrario, resulta tan ajena a este sistema de valoración como el dinero para Robinson Crusoe cuando encontró monedas entre los restos del barco naufragado.

McLuhan dice que “al igual que las palabras de un lenguaje, la moneda es una acuñación de trabajo, habilidad y experiencia lograda comunalmente... y en la misma forma que el reloj separa visualmente el tiempo del espacio, también la moneda separa el trabajo de otras funciones sociales... En una sociedad altamente letrada y fragmentada el tiempo es dinero y el dinero es acumulación de tiempo y esfuerzo de otras personas.” Y si estamos hablando del valor de una pintura, cómo representar esa acumulación de tiempo y esfuerzo en 17 millones de dólares?

Sir Alfred J. Munnigs,
The Start of a Horse Race, 1952

Johns: “En mis primeras pinturas, los gestos (pictóricos) debían atenerse a los límites, permanecer entre líneas . Pero, en las pinturas posteriores, había un intento por encontrar un modo en el cual los gestos se encargaran de la imagen: los gestos determinarían los límites.” Lo que el pintor nos dice de False Start (“Partida en falso”: título sugerido por un afiche de hípica en donde un caballo desborda ansiosamente el espacio demarcado por el partidor -de ahí lo de “permanecer entre líneas”), posee el mismo nivel de implicación que Keynes (el economista) cuando dice que “el oro había dejado de ser una pieza de moneda, un tesoro, una reivindicación tangible de la riqueza cuyo valor no podía desvanecerse mientras la mano del individuo asiera la cosa material. Se ha convertido en algo mucho más abstracto; sólo una medida de valor.” En ambos casos, las consecuencias de un gesto aparentemente simple es lo que importa.

Jasper Johns, Jubilee, 1959
En palabras de los críticos, False Start -la pintura por la cual el editor S.I. Newhouse, Jr. pagó los 17 millones- es "un cuadro explosivo ... una especie de despliegue pirotécnico ... Su composición no aparece determinada por una imaginería mundana ... False Start no parece usar color; es acerca del color; una sospecha confirmada por la presencia de Jubilee, su negativo en un sombrío blanco y negro.” (...) “Un cuadro agitado... (el cual) implica una disolución inminente.” (...) “Los nombres de los colores llaman la atención, ya que a menudo son erróneos -la palabra gris está pintada en letras rojas sobre una mancha amarilla, y así por estilo ... Muchos observadores hallan un conflicto o un contrapunto entre los nombres de los colores y las manchas de color con los cuales no se identifican ... Johns pudo lógicamente moverse de las imágenes al color -uno de los componentes de las imágenes- y así logró negociar con el color del mismo modo abstracto impecable.”, etcétera.

Para quien esté familiarizado con percibir y atribuir valor a objetos materiales, este fondo especulativo alrededor de manchas y nombres de color puede parecerle incongruente con respecto a su idea de lo que le parece una “buena pintura”. La apreciación materialista del oficio en una pintura digamos de Rubens o Vermeer, le demuestra la calidad de trabajo, habilidad y experiencia que la convierten -independientemente del tema y las ideas- en un objeto valioso.

Una profana objeción a la mayoría de las obras de arte del siglo XX tiene el popular argumento de que “eso lo hace cualquiera”… El espectador no suele tener en cuenta que todo trabajo ejercido sobre la materia “aunque sólo haya sido el acarrearla desde alguna distancia, acumula trabajo e información o conocimiento técnico en el mismo grado en que algo se le ha hecho”. De modo que por un lado hay información (nueva forma de capital), y por otro, la idea, sorprendente, de que “el cazador y el pescador primitivo no trabajan, del mismo modo que tampoco trabaja el poeta, el pintor o el pensador de hoy. Pues en aquello en que interviene la totalidad del hombre no hay trabajo. El trabajo comienza con la división de valores y la especialización de funciones y tareas que se da en las comunidades sedentarias agrícolas.”; tal y como termina de puntualizar McLuhan recuperando la idea del trabajo como actividad integrada.

En qué sentido, entonces, la 'información' contenida en los nombres y las manchas de colores del cuadro de Johns se corresponde con la cantidad del valor económico?

Evidentemente se trata de un gesto alterno, de una jugada especulativa de naturaleza extra-artística que entra a modificar un campo político, económico (Newhouse posee otros Johns) o simplemente afectivo. La cifra no está traduciendo un “trabajo” en el sentido convencional, sino que a partir del reconocimiento internacional alcanzado por Johns replantea estratégicamente ciertas posiciones sobre el tablero. Es sabido que Newhouse se propone donar su valiosa colección al MAM de Nueva York. En ese caso, False Start se incorporaría a dicha institución como “valor consignado” de la cultura norteamericana haciendo que la cotización histórica de dicha cultura, en cuanto imagen de identidad, aumente en la pugna característica frente a la cultura europea y su sistema museal; es decir, como “banco de moneda artística” o forma de poder psicológico representado en Memoria. Un “capital” que los norteamericanos están siempre dispuestos a confrontar con poder económico y que los japoneses, a juzgar por lo que dejan ver las recientes subastas, están entendiendo muy bien.

De todas maneras, la pintura en cuestión (vendida en US$3.150 en 1960) continúa ofreciéndose, artística y económicamente, como un acertijo.

(actualización: abril 12 de 2006)

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*Para una lectura en detalle del comportamiento del mercado del arte en los últimos años recomiendo el artículo Sold! de Robert Hughes, ex-crítico de la revista TIME, publicado el 27 de noviembre de 1989:

“The problem is that although art has always been a commodity, it loses its inherent value when it is treated only as such. To lock it into a market circus is to lock people out of contemplating it. This inexorable process tends to collapse the nuances of meaning and visual experience under the brute weight of price. It is not a compliment to the work. If there were only one copy of each book in the world, fought over by multimillionaires and investment trusts, what would happen to one's sense of literature -- the tissue of its meanings that sustain a common discourse? What strip mining is to nature, the art market has become to culture.” -R. Hughes

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Anexo: (en preparación...)

Donde se interpretan, en cambio, algunas variables relacionadas con el Valor Estético de ésta y otras pinturas. Una reconstrucción a partir de caballos, lenguaje y fuegos de artificio.

4 de abril de 2006

Banderas y relojes

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -mayo 31 de 1995















Intro

Entrevista en forma de bandera
PAUL TAYLOR: IT HAS BEEN SAID THAT THE AMERICAN FLAG IN YOUR PAINTINGS IS A STAND-IN FOR YOURSELF. JASPER JOHNS: HM ? PT: PEOPLE HAVE SAID THAT THE FLAG, IN YOUR EARLY PAINTINGS, REPRESENTS YOU. IS THAT TRUE ? IS THAT HOW YOU USED THE FLAG ? JJ: I HAVEN’T SAID THAT. IS THAT WHAT YOU’RE SAYING ? PT: NO, BUT IT HAS BEEN SAID ABOUT YOU. JJ: WELL, A LOT OF THINGS HAVE BEEN SAID ABOUT ME. PT: NEVERTHELESS, I WONDER IF YOU THINK IT’S TRUE. JJ: DO WE HAVE TO GO THROUGH THIS ABOUT EVERYTHING THAT’S BEEN SAID ? DO YOU THINK SOMETHING’S TRUE JUST BECAUSE IT’S BEEN SAID ? PT: NO, BUT I WOULD WONDER WHETHER THIS THING IS TRUE EVEN IF IT HAD NEVER BEEN SAID. JJ: THAT THE FLAG IS A STAND-IN FOR ME ? PT: YES. JJ: WHERE ? PT: IN YOUR PAINTINGS. JJ: IN MY PAINTINGS ? I DON’T BELIEVE SO. THE ONLY THING I CAN THINK IS THAT IN SAVANNAH, GEORGIA, IN A PARK, THERE IS A STATUE OF SERGEANT WILLIAM JASPER. ONCE I WAS WALKING THROUGH THIS PARK WITH MY FATHER, AND HE SAID THAT WE WERE NAMED FOR HIM. WHETHER THAT IS IN FACT TRUE OR NOT, I DON’T KNOW. SERGEANT JASPER LOST HIS LIFE RAISING THE AMERICAN FLAG OVER A FORT. BUT ACCORDING TO THIS STORY, THE FLAG COULD JUST AS WELL BE A STAND-IN FOR MY FATHER AS FOR ME.


I
Jasper Johns recomienza su carrera artística luego de haber destruido gran parte de su primera obra. Más precisamente, pintando su famosa bandera de 1.955 al día siguiente de haber tenido un sueño en el que se veía a sí mismo pintando la bandera norteamericana.

Los sueños, por simples que sean, son complejos ya que trabajan a muchos niveles. Con la obra de arte sucede lo mismo, y como dice Johns, “muchos de esos niveles no son públicamente reconocidos”. Esta dificultad de reconocimiento se refiere no sólo a una falta de información específica sino sobretodo a la presencia de un lenguaje oculto (inconciente) que habla más allá de lo que el autor, el espectador o el sueño parecen suponer.

Cuando Jasper Johns recomienza pintando la bandera se convierte, instintivamente, en el porta-estandarte de la pintura norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. De este modo la cuestión territorial incide sobre dos campos: el de la nacionalidad y el del espacio pictórico. Pintar una bandera, y no me refiero a la presencia ondulante sobre un cielo azul ni tampoco al fetiche heróico en manos de un soldado sino precisamente la bandera pintada por Johns, es un acto de múltiples registros:

a) El espacio de la pintura coincide uno a uno con el objeto representado; el espacio del objeto y el espacio de la pintura son el mismo espacio.
b) Los dos son objetos planos cubiertos por zonas diferenciadas de color.
c) Ambos son objetos eminentemente visuales que se ocupan de señalar simultáneamente un territorio físico y uno mental: la bandera es un mapa abstracto de un territorio y la pintura el territorio plástico de una “abstracción”. La primera, con un sentido unívoco, predeterminado; mientras que la pintura es otra cosa: una superficie “pintada”, un espacio cubierto por una voluntad expresiva cuyo significado resulta difícil de definir.

Y es precisamente en esa dificultad pública de reconocimiento donde radica su valor. Y no por “subjetiva”, sino por la potencialidad significativa que subyace en su particular precisión. Algo que tiene probablemente que ver con que Johns haya pintado “tiros al blanco” (dianas) inmediatamente después de sus primeras banderas -actitud que indicaría una posición meditativa frente a la imagen asumiendo, en su sencillez aparente, un evidente poder metafórico. Una capacidad de significar más allá de su primera evidencia.

II
En 1950, Jacques Lacan, conocido psicoanalista francés, propuso el concepto de una “carencia subjetiva” en una cultura, factor que designaba con una c minúscula. Según Lacan, no se trata de un “factor visible de identificación, a modo de un emblema o de una marca sino que por el contrario se trata de una falta, de un vacío, de algo que a modo de punto ciego dirige todas las miradas.” Lacan propone como factor c de los Estados Unidos “la condición del anhistorismo, en el cual todo el mundo esta de acuerdo en reconocer el rasgo máximo de la communication en los Estados Unidos.”

Ese rasgo norteamericano (del cual participamos otros países en diversa medida) genera un impulso particular de legitimación, de pertenencia. Por lo general, el problema de la “identidad” busca resolverse en el principio fundador que posee el acto heróico: Neil Armstrong, un norteamericano corriente, planta la imagen de las barras y las estrellas en el polvoriento suelo lunar.

En Pulp Fiction, la película de Quentin Tarantino (traducida Tiempos Violentos -1994), la escena del reloj heredado en donde un desconocido entrega al muchacho un reloj que había sido de su padre, el cual lo había recibido del abuelo en medio de circunstancias todavía más grotescas y cómicas es un momento cultural altamente significativo. La transmisión del reloj a través del tiempo es sencillamente una redundancia, una caricatura y una metáfora de la Historia. En esta ocasión el reloj significaría muy bien la “carencia subjetiva” así como el credo pragmático del "Time is Gold" en donde lo dorado representaría el aura de la identidad recuperada a través del reloj (tradicional regalo de padres a hijos), el brillo del reconocimiento irradiando desde su mismo punto ciego.

III
Treinta y dos años después de haber pintado su primera bandera, Johns realiza unos cuadros de aspecto extrañamente infantil. En ellos vemos un reloj de tira cómica ocupando el centro, el interés de toda la composición. La aparición algo incongruente de estos relojes hacia 1986 (la misma época de Las Estaciones, serie que lo consagró en la Bienal de Venecia con el “León de Oro”, claro reconocimiento internacional a su trayectoria) revelaría apenas la reflexión sobre el tiempo en un hombre de 56 años en la cúspide de su carrera a no ser por una historia de padres e hijos que tuvo lugar cuando era adolescente:

En una ocasión, en uno de esos encuentros esporádicos con su padre (ya que no vivía con él, ni con su madre), Johns cuenta que, admirando su reloj, su padre le dijo que cuando tuviera la “edad suficiente” sería de él. Tiempo después, pensando que ya tenía la edad suficiente, fue a reclamarlo, pero como su padre no pensaba lo mismo, no se lo entregó...

Si a esto le agregamos otra historia, la referida por Johns (en la "entrevista en forma de bandera" que introduce este artículo), la del heróico sargento JASPER quien perdió su vida izando la bandera norteamericana sobre un fuerte, y del cual proviene el nombre del pintor, tal vez se comprenda mejor el sentido que subyace en algunas de sus imágenes.

Uno nunca sabe a dónde van a parar esas frustraciones. En todo caso, siguiendo con una de esas costumbres suyas de pintar banderas una vez cierra un ciclo temático, al año siguiente pintó Dos Banderas sobre Naranja. Un cuadro que retoma la idea envolvente de la imagen que se cierra sobre sí misma del mismo modo que una etiqueta envuelve un producto. En estas pinturas, el borde izquierdo se continúa imaginariamente en el borde derecho de modo que el artista o el espectador que la observan se convierte en la figura que “brilla por su ausencia” en la pintura que termina haciendo de fondo, resolviendo de este modo el problema tradicional de cuál es el referente en las pinturas abstractas.

En Dos Banderas sobre Naranja, el fondo naranja ("orange field", homenaje impresionista a cálidos naranjales en verano, según declaración del pintor) resulta ser un espacio interno, envolvente, afectivo, necesario. Tal y como queda manifiesto si, al invertir la relación figura/fondo, aparece una notoria y evidente letra I que termina por declarar un YO rotundo sobre el fondo ofrecido por la bandera nacional -lo que recuerda, sutil e irónicamente, la ceremonia de honores militares a los soldados muertos. De este modo, la figura de la letra, el "nombre" (originalmente vacío) se revela entonces como un autoretrato.

...

IV
(anexo de abril 3 de 2006)

Naturalmente el asunto del referente no es algo que preocupe tan sólo a los pintores abstractos. Edward Munch, el artista noruego del cual Jasper Johns ha realizado algunas citaciones pictóricas importantes, coincide tambien en la naturaleza y el sentido de esta representación necesaria.

En Between the Clock and the Bed (1940-42), una de las pinturas citadas (estructural y nominalmente) por Johns, Munch se retrata dramáticamente de pié en medio de estos dos objetos cotidianos cuyas connotaciones simbólicas no son difíciles de suponer: El reloj y la cama. Un paréntesis esencial a la condición humana representada por el autoretrato del artista, sustituyendo con eficacia la temática trascendente de la imaginería tradicional, religiosa.

En las versiones abstractas que Johns realiza del cuadro, los elementos mencionados se traducen en un tríptico cubierto de 'tensiones' o trazos esenciales (sus conocidas hachuras o tramas que citan, a su vez, las pinceladas de Van Gogh) diferenciadas entre sí de acuerdo a una lógica estrictamente cromática: a cada figura corresponde una pareja de complementarios (amarillo/violeta, azul/naranja, rojo/verde) de modo que el clima emotivo se encargue de realizar la traducción de lo figurativo a lo abstracto. Un proceso, si se quiere, de ‘universalización’ de la imagen, de elusión de los elementos personales, anecdóticos. Como es bien conocido en el caso de Johns, sobre todo en las pinturas anteriores al final de los años 80 en donde, según sus propias palabras, “deja caer la reserva”.

De acuerdo a este principio, Munch acude en muchos otros cuadros (como el característico Sueño de una Noche de Verano- La Voz) a un elemento obsesivamente presente, un eje alrededor del cual se constituye el sentido fundamental de la imagen: el reflejo lunar sobre el espejo de agua -generalmente el mar- sobre el cual se destaca como una columna luminosa el “espectro” vertical que participa de la escena, especie de personaje ultraterreno que viene proyectado desde el horizonte distante.

Pero lo que quiero destacar en este “objeto” -a propósito de Johns- es la similitud, la analogía formal, iconográfica, del signo utilizado: es decir, también una letra, la I, que se yergue antropomórfica, contundentemente, en medio de las figuras del cuadro como un signo de exclamación invertido declarando abiertamente su capacidad significativa. Ese YO diferenciado, abstraido, y sin embargo concreto, que termina por absorber (como un Logos traducido en imagen) la totalidad (re)presentacional del acto pictórico.

JJ: DO YOU THINK SOMETHING’S TRUE JUST BECAUSE IT’S BEEN SAID? PT: NO, BUT I WOULD WONDER WHETHER THIS THING IS TRUE EVEN IF IT HAD NEVER BEEN SAID.
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V (anexo de mayo 13 de 2006)

Lacan : “Psychoanalysis is different from anything else which was elaborated so far about discourse insofar as it articulates what is the bone of my teaching, that I speak without knowing it. I speak with my body, and I don't know it. Therefore I always say more than I know about it. It is here that I reach the meaning of the word subject in the analytic discourse. What speaks without knowing makes me I, subject of the verb. That is not enough to be....The I is not a being, it is a supposition to that which speaks."

... La VOZ de Munch en Sueño de una Noche de Verano? La VOICE2, de Johns, en una serie de pinturas y litografías?












Y como David Sylvester refiere: "When recording an interview with Johns in 1965 I kept trying to attribute certain precise intentions and purposes to him and he wouldn't have it. 'Intention involves such a small fragment of our consciousness and of our mind and of our life. I think a painting should include more experience than simply intended statement. I personally would like to keep the painting in a state of shunning statement, so that one is left with the fact that one can experience individually as one pleases; that is, not to focus the attention in one way, but to leave the situation as a kind of actual thing, so that the experience of it is variable.' I responded with yet another effort to make something stick: 'In other words, if your painting says something that could be pinned down, what it says is that nothing can be pinned down, that nothing is pure, that nothing is simple.' This false move did have the merit of inviting checkmate: 'I don't like saying that it says that. I would like it to be that.'
...

VI (anexo de febrero 15 2007)

En otra entrevista con David Sylvester (en abril de ese mismo año, 1965) Barnett Newman, uno de los pintores más representativos y radicales del movimiento abstraccionista, desarrolla el asunto central en su pintura Onement (un neologismo a partir de la idea de unidad personal implicada en la palabra One):

Onement, 1948
“…But the painting where I had only the one symmetrical line in the center of the canvas –with no atmosphere- I did in 1948 on my birthday. Later I gave it the title Onement. (...) I think that in Euclidean Abyss and Onement I removed myself from nature. But I did not remove myself from life. And I think I got myself involved in what I began to realize was the true thing in relation to life for me, which in a sense was my life, and it became more personal. (...) I don’t think of it as a line, I think of it as a colour area that activates and gives life to the entire area of painting. It’s not a stylistic device, it’s something that for me is more real. It permited me to see myself and have a sense of my own reality. And that sense brings me to a deeper relation to the problem of nature. (...) a metaphysical act (...) To verbalize and articulate what I think the line did to me, what Onement made me realize, is that I was confronted by the first time, I suppose, really with the thing that I did, whereas up until that moment I was able to remove myself from the act of painting, or from the painting itself. The painting was something that I was making, whereas somehow for the first time with this painting, the painting itself had a life of its own in a way that I don’t think the others did, as much.”

El interés declarado por el asunto de la identidad personal y sus modos de confrontación o aseguramiento confiere, a mi modo de ver, un orden de continuidad que puede detectarse en las pinturas de Johns. The Voice, pintura realizada por Newman en 1950, sirve también de antecedente a ese significativo “lugar de emisión” señalado con anterioridad en las pinturas de Munch. Es así como Voice, título también empleado por Johns, recupera y establece un sistema de citaciones necesarias transmitido obstinadamente de generación en generación a la manera de la historia del reloj en Pulp Fiction. Y no sólo en lo que la palabra o el título señala sino, sobre todo, en el aspecto, en la forma misma de esta presencia; es decir en la referencia antropomorfa de la letra utilizada para designar el pronombre de la primera persona del singular; en la verticalidad metafísicamente luminosa e uniforme de la I.

Fotografía de una página en Flicker
Algo que de alguna manera, como Newman sugiere, cualquiera podría percibir o sentir frente a una pintura como Onement colgada simplemente sobre una pared. De lo contrario, qué es lo que esta persona nos dice, enfáticamente, sin tener que utilizar la “Voz”?
...
continuará.

30 de marzo de 2006

R. A. F.

(borradores para El Octavo Color)

Publicado en la revista VALDEZ #2 (pg. 092), 1999













Donde se presenta la relación de la aviación con las artes y algunas ocupaciones de tipo "espiritual"


"No puedes imaginarte la calma, la soledad que uno encuentra a 4.000 mts de altura, a solas con el motor."
-Saint-Exupéry, en carta a su madre.
Una vez mostrada la trilogía R.A.F (R.eligión, A.rte, F.ilosofía) con un trazo esquemático sobre el tablero, comenzamos a jugar con las siglas de esta ' Royal Air Force ' trilogísticamente revelada y ver que siempre se había ocupado de sobrevolar regiones enrarecidamente elevadas del espíritu, y no de "surcar" como podría decirse fácilmente en un desliz agrario. De modo que la idea de aviación (conC.iencia hablando) a todas les cabe. Lo que nos deja contemplando al implícito aeroplano volar por todas partes hurgando libremente en un espacio que, como dije, no tiene porqué llamarse 'territorio' gracias a lo elevado de su desprendimiento y a su casi falta de mugre. Y uno acá, en su uniforme tradicional manchado de artista, dándose cuenta de pertenecer a esa R.A.F del alma en un rapto lejano de inscripción (como pompas que flotan, alejadas de la espuma familiar) reubicando nuevamente la artística tarea entre las comillas corroidas de su modesta aunque siempre imperiosa disponibilidad. Uf !
...
En una ocasión, hablando sobre una teoría de Fuller sobre las corrientes de aire que envuelven el planeta, Daniel Charles le pregunta a John Cage:
"- ¿Qué es eso de movimiento por los aires? ¿La ascensión espiritual?
- ¡No, la invención del aeroplano!".
(...)


préstame tu mirada

Ante todas estas cosas, creo que la famosa Perspectiva ofrece el dispositivo adecuado para mostrarlas; al fin y al cabo punto-de-fuga y punto-de-vista siempre han servido para eso. Una manera de decir que gracias a una ingeniosa añadidura de vagones a sus líneas (aquella puesta en marcha histórica del tren) y en virtud de aquel desplazamiento que nos ha parecido desde entonces tan bonito divertido e intrigante, podamos decir con el filósofo Dilthey que "... del mismo modo que un viajero que avanza ágilmente, ve desaparecer detrás de él objetos que un momento antes estaban delante de él y junto a él, mientras se conserva siempre la totalidad del paisaje".

Estación ferroviaria en Nyon, Suiza
Pues lo que interesa en esta sencilla observación (aparte de que nos presta su sorpresa y nos devuelve la emoción) es un cambio notable en la orientación tradicional de la perspectiva: el dedóndeviene y el adondevá que resultan de un originalmente anterior y un posteriormente perdido en la transformación de sus distancias. Una cosa entre genética y posible irrumpiendo muy científica sobre los primerísimos planos del lugar arquitectónico en que siempre nos hallamos esperando bajo la hora exacta de ese sitio la declaración aparatosa, y muy didáctica, de una MÁQUINA en la encrucijada que siempre nos acoge con la pasión alegre y fatal de toda recepción y despedida.

En todo esto, perspectiva y carrilera vendrían a ser de la misma naturaleza en relación al espacio y al tiempo: la estación representa la posición del observador, ahí donde algo viene y algo va, pero la experiencia es diferente dependiendo de si uno se sube al tren (como el filósofo Dilthey) o se queda curioseando en el muelle.
(...)


the animal within us all
(el animal que todos llevamos dentro)

Phillip Guston, City Limits
Tanto o más que los exitosos caballos del arte (nervioso trono del héroe favorito) y el mucho menos pictórico automóvil (salvo en las pinturas urbanas de Guston y en los desapacibles dibujos de Crumb), el tren también ha sido cuerpo agregado a cuerpo de jinete. En su extático y rítmico transporte asimilado al organismo participa de las cosas que discurren, pues, "El placer que el ojo del artista deriva de ello radica, a lo que parece, en la serie de figuras geométricas que ese objeto, ya de por sí tan complicado, navío o carruaje, describe sucesiva y rápidamente en el espacio", como dijo Baudelaire anticipando el efecto historieta del animado dibujo futurista. Secuencia enmarcada en el airoso rectángulo de las ventanillas entregadas a la velocidad inaugural del vértigo moderno (con sus primeros 39 km/h de mística popular) en el más claro espíritu deportivo que hayan conocido jamás los emblemáticos torneos medievales.
"Un viaje de seis dias atado a una máquina de vapor que es una especie de puchero de hojalata." -Oscar Wilde, Impresiones de Yanquilandia.

Sólo que pasar de la tibieza y el sudor equinos al rechinante calor de las calderas -con su carbón quemado y sus ijares de lata- traduce la experiencia en pura vanidad mecánica. Aparte de que estar contenido en vagones no pueda compararse con la idea de galopar en vientre de yegua preñada de turista, envolviendo así -primitiva, amnióticamente- al caballero y la doncella raptada en su oscuridad de pesadilla. Tal y como en los cuadros de algunos pintores románticos como Ary Scheffer en Lénore (Los muertos van rápido) de 1830, o en Delacroix y sus acuarelas de caballos asustados por relámpagos, estableciendo una precisa y mágica ecuación entre la descarga eléctrica y la oscuridad visceral de la bestia. Y cómo no, Géricault, aunque con mayor intensidad: pienso en ese león turbio tomado de Stubbs, de sus difundidas láminas ecuestres, mordiéndole el cuello a un caballo blanco, atacándolo inesperadamente 'por detrás' en gráfica premonición de un 'inconciente'. Situación que más tarde el diván atendería.
(...)


viñeta de fondo
(estudio para una xilografía)
San Jorge y el Dragón es una imagen asociada tradicionalmente con los británicos, así como también ha sido la imagen distintiva de los productores franceses del queso Camembert... Imaginemos entonces la lechera recostada bajo un árbol con sus cantinas al lado contemplando perezosamente, sobre el horizonte incendiado, a un San Jorge entregado religiosamente al combate cotidiano.
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civilización y oficio

La primera locomotora andando sobre rieles fue puesta en operación en el PEN-y-DAREN IRON WORKS, en el sur de Gales (1804) para un trabajo de minas -como un subway. Luego, atravezando el paisaje, inclinando a su paso las verticales agujas de las catedrales, el tren asumió el encarrilamiento horizontal del comercio, invirtiendo de este modo el sentido de 'lo comunicable' que siempre ha tenido la verticalidad de la lluvia cuando cae y el humo que asciende en la oración. Imponiendo, a manera de rasguño, su ruidosa línea férrea sobre el sagrado territorio de los indios y los para nada históricos búfalos. ¿Quién no ha visto la chillona persecución de locomotoras a caballo y el exaltado y paradójico intercambio de plumas y de plomo?

Sin embargo, ya que el humo se inclina o acuesta mientras la locomotora camina, en las huellas extendidas que de esto resultaron el tren recuperó la red (el instrumento cultural más antiguo según dijeron los Chinos, y el más actual según dicen los 'americanos') agrandando así, franca y telegráficamente, el gesto radiante del pescador sobre las aguas ecuménicas.
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Sorpresas materiales de una llegada en perspectiva, o del punto convertido en chatarra

Otra escena prestigiosa es aquella première llegada a la estación de La Çiotat filmada por los hermanos Lumière en 1895, en la que ofrecían, sin saberlo, una situación ejemplar del recogimiento del espacio perspectivista sobre el plano (ya sin fondo) de lo que podríamos llamar la estación pictórica cubista. La llegada (vapores, chirridos, detalles y siluetas dispuestas sobre un primerísimo plano), desidealiza el espacio inmaculado de los cuadros antíguos barriendo literalmente el tradicional lugar imaginario del infinito hacia los pies. De donde suponemos una delicada y perturbadora dialéctica instalándose entre la cosa imaginada (dulces ojos) y su aparición prosaica y literal (sobre un plato); como si el fantasma bajo la sábana nos tendiera su mano en el momento pánico de tener que compartir el laberinto rugoso de sus huellas dactilares, recibiendo así, al modo súbito, los nítidos regalos de un impalpable más allá.

Otro ejemplo de este ejemplo sería imaginar en la distancia -como en cualquier Anunciación- el viejo horizonte de los cuadros acercándose veloz bajo el aspecto inaudito de un punto de fuga asumido como tren. Porque entre más cerca, menos Euclides y más máquina, más se transforma en chatarra el infinito de modo que los ángeles, como decía Courbet, no puedan ya pintarse. Lo que nos llega, en cambio (viajero de Wells en su Máquina del tiempo), es una exótica flor advenediza, un collage de periodismo imprimiendo sus noticias inmediatas sobre la nueva cartelera: extraño y anodino índice objetual. Una 'cosa' venida de más lejos a más cerca, dispuesta a inscribirse (plena y planamente) sobre la superficie inaugural del tablero magnético cubista, rompiéndola y manchándola, llenándola de gracia y vaciándola de Grecia... Basura maculada en un indicio ¿de qué?
"Infinitas capas de ideas, imágenes y sentimientos cayeron sucesivamente sobre vuestro cerebro, tan dulcemente como la luz. Pareció que cada una sepultaba la anterior, pero en realidad, ninguna había desaparecido." -Baudelaire

verónica

La superficie del lienzo (una 'estación' en el doble sentido de viacrucis y trenes), antes registro, epifanía dolorosa donde se detuvo algunas veces la huella del milagro, es ahora una sábana de corista templada en los Saloones de los polvorientos y rústicos pueblos del Oeste. Cuatro puntillas sosteniendo el carácter precario, pero suficiente, de una improvisada pantalla temblorosa dispuesta a recibir con virginal caricia proyecciones cinemáticas en donde lo doméstico, con todo su jolgorio, encuentra feliz ocasión de saltar al suprafísico escenario del Oeste y dar sus tres pasos -tap! tap! tap!- de ruidosa celebración bajo el muy aplaudido chorro de las luces y las sombras. Todo, claro está, patrocinado muy secretamente por el sagrado Lienzo de Turín, la soda burbujeante, y todas esas telas coloridas y plegadas que tanto aparecen en los cuadros.
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figuras en paisaje

a)
estética de un naufragio

Ante esto, la temática cubista resulta áltamente singular en cuanto propone algo así como un rebus, un jeroglífico compuesto de indicios fragmentados a la manera moderna del caso policial. Su dispersión, su vértigo, hace pensar en el tipo de utilería utilizada en el final de Un descenso en el Maelstrom de Poe.

Allí, naufragio pasado a licuadora de la imaginería romántica, un marinero entre escombros lunares, héroe moderno del artista en solitario (tal vez con camiseta a rayas como le gustaban a Picasso) flota a la deriva circular del remolino pavoroso mientras analiza, con "frialdad" científica asombrosa, su opción de aferrarse a algún objeto que logre sacarlo del prodigioso agujero:

"... [e]mpecé a fijarme con el mayor interés en las numerosas cosas que flotaban cerca de nosotros (...) vi restos de buques, grandes masas de madera en construcción, troncos de árboles y otros objetos más pequeños, como pedazos de muebles, calas rotas (parte más baja del interior de un buque), barriles y duelas (cada una de las tablas que forman las paredes curvas de los toneles, cubas, barriles, etc.). (...) un reloj holandés estropeado"... Y luego, analizando los restos: "Hice también tres observaciones importantes: la primera era la de que cuanto mayores eran los cuerpos flotantes, más rápido era el descenso; la segunda, que entre dos masas de una misma extensión, una esférica y la otra de forma distinta, cualquiera que fuese, descendía con mayor rapidez la esfera, y, tercera, que entre dos masas de igual tamaño, una cilíndrica y la otra de forma diferente, el cilindro era absorbido con mayor lentitud"...

La parafernalia cubista no está, para nada, lejos de tener ese carácter fragmentario, "intelectual", extrañamente depurado. Además tenemos el cilindro, el cono (el remolino), y la esfera. ¿No son estos, acaso, los 'sólidos' argumentos que escoge Cézanne como raíces necesarias del fondo pictórico? Y si "pintar es cavar una superficie", ¿cómo hacer ver, entonces, que lo visible esconde lo veíble?", como dijo un historiador francés a propósito de algo semejante.

Y es que el detritus pictórico cubista incluye el siguiente abc de esotéricos y esforzados albañiles:

- Gruesas cuerdas marinas, ya sea pintadas sobre el lienzo o haciendo de marcos envolventes a sus significativos formatos ovalados.
- Tablas o calas de embalaje con vetas dibujadas "al peine", a la manera tradicional de los obreros franceses.
- Escuetas puntillas a lo Braque proyectando sus sombras clavadas sobre la chata superficie.
- Profusos arabescos y espirales de instrumentos músicos "a cuerda", flotando como bucles de afroditas ahogadas en remolinos diminutos de un falleciente "océano sub-atómico", a lo Dirac.
- Partituras disponibles acompañadas de residuos de palabras balbuceantes, tipográfica y seductoramente dislocadas.
- Dados, naipes y azares a la Mallarmé.
- Pipas genitales curiosamente intactas (ya que "el cilindro era absorbido con mayor lentitud")...

Todo un repertorio de afinamientos orquestales sinestésico-simbolistas-wagnerianos para pintores voluntariamente ciegos, aplicado sobre infantiles papeles decorativos mucho más que ornamentales. Todo, naturalmente dispuesto en intuición, bajo esa virtud compositiva que suelen tener los imanes con su indiferencia magnética y radiante a toda sintaxis de trencito-vagón-por-vagón, lineal, porconsiguienteencadenada. ¿No es acaso así como se inscribe la 'frase' concéntrica del Maelstrom, donde la secuencia corresponde a una lógica de impecable y científica inmersión? -el De incidentibus in fluido, lib.2 de Arquimedes, como indica un pié de página a propósito de las propiedades del cilindro redentor al cual logra atarse finalmente el marinero.

"Les referí mi historia -termina diciendo- pero no la creyeron. Ahora se la he contado a usted, aunque no espero que le de más crédito que los alegres pescadores de Lofoden. FIN"

A vista de helicóptero, la escena de Poe tiene la misma estructura, el mismo tema y el mismo desafío comunicativo que las pinturas cubistas y los naufragios premonitorios de Turner, Vernet, Isabey o Géricault. Lugar premonitorio donde se revela un asunto ya no tanto literario como literal: una pintura es una pintura es una pintura (jugando con el tartamudeo tautológico de Gertrude Stein). ¿No fue acaso allí, precisamente, cuando dejamos de 'entender' el arte moderno?, pues literalmente giran alrededor de una imagen, jugándose entera su capacidad de ser dicha. Como si el mar no fuese, entonces, el lienzo perforado hacia la sima fatal, introspectiva, de su arremolinado punto de fuga.

b)
ni en la tabla el agujero

La superficie (playa, muro, mar, pintura, piel) ha sido siempre la encrucijada de las dimensiones. Aquella Leonardesca pariete di vetro que salvaguardaba la imagen como un relicario o un portaretrato afectuoso quedó hecha añicos como un cristal que estalla con sus encapsulados reflejos.

Desde entonces, la mirada tuvo que darse de frente con la opacidad del cuerpo que la soporta: tabla sin agujero; guayabo metafísico; desilusión del vidente en marinero (pensando en las Mujeres Holandesas, el irónico cuadro de Johns donde la soltería del 'artista' en altamar no encuentra otro objeto para escamotear su deseo que un par de equívocas tablas perforadas).

Pues no es fácil saber si el objeto 'pegado' del collage es algo que emerge sobre la superficie del cuadro (como si flotara), o es algo puesto desde afuera (como en una apuesta) a ver qué sucede. En todo caso, fragmento y señal a la deriva permanente de dos o más mundos. Pedazo "a secas" en su mínima descripción de cosa entera que nos hace (como Sherlock) sabuesos del detalle miserable. Pues "no se trata ya -como dicen los psicólogos- de hacer hablar tan sólo al síntoma, sino de la construcción, para cada analizante, de su objeto fundamental, causa de su deseo."

Sí, el marinero pudo haber sido devorado por la madre tenebrosa. En cambio fue devuelto a la página de arena para que narrase su científica historia.
(...)


el punto de engarce y el Padre Gratry

"El alma encuentra en su fondo un contacto divino, y allí reside su fuerza (...) Dios hace vivir al hombre sosteniéndolo... el fundamento no es el mundo, que nos toca por la superficie, sino Dios, en el que se apoya nuestra raíz."
El padre Joseph Alphonse Gratry (1805-1872), aparte de su idea específica de dios, me parece que está también hablando de ese problema que conoce la pintura sobre todo a partir de Cézanne: "pintar es cavar una superficie" (y el pobre Van Gogh predicando amarillo en las soterradas minas de carbón). Como dice el hexagrama Li-Lo adherente, el fuego: "Todo lo que expende luz en el mundo, depende de algo a lo cual quedar adherido para poder alumbrar de modo duradero." Sin embargo, algunos filósofos actuales piensan que "cuando la perspectiva se prolonga hasta el infinito no se vislumbra la menor posibilidad de verificar si hay o no coincidencia entre el pensamiento y la realidad"... Lo que demuestra que las preocupaciones filosóficas por la metafísica son de la misma naturaleza que las preocupaciones artísticas por la perspectiva.
(...)


music is my aeroplane (rhcp)

En el Diario Secreto de Wittgenstein, más específicamente en el prólogo, se habla de su interés en un momento particularmente crítico de su vida por la aeronáutica. En 1908, prosiguiendo con sus estudios de ingeniería, experimenta con cometas en The Kite Flying Upper Atmosphere Station, y en 1910 diseña un motor a reacción.

Hacia 1912, cuando conoció a Roussell, le manifestó su lucha interna acerca de su decisión entre la investigación aeronaútica y la filosofía.
"...[a]hora me parece - dice luego, en una nota de 1930- que aparte de la tarea del artista, hay otra manera de apresar el mundo SUB SPECIE AETERNI. Creo que es el camino del pensamiento que, por así decirlo, vuela sobre el mundo y lo deja tal cual es -contemplándolo desde arriba, en el vuelo."
Tal vez porque el tipo de concreción práctica representada por un motor a reacción (o una simple hélice, como se verá más adelante) hace sentir un deslizamiento imaginario de lo teológico hacia lo tecnológico, dejando entender mejor aquella IDEA genérica encarnada en el bombillo de Edison. Idea que ilumina desde entonces, muy democráticamente, todas esas "noches oscuras del alma".
"Porqué la filosofía en la era de los aviones y los automóviles debería ser la misma que aquella cuando la gente viajaba en diligencia o a pie?"
Se preguntaba el antíguo ingeniero.
(...)


Amelia también volaba

Amelia Earhart, la famosa aviadora y diseñadora de ropa que concibió pequeñas hélices de plata en lugar de botones y que desapareció heroicamente sobre el Pacífico en 1937, dijo algo aún más sencillo:
"Amar el vuelo es amar la belleza. Estar allá arriba es lo más hermoso que he conocido.
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cuerdas, palos, tenedores y chicles

¿ Y de los pintores qué ? Dicen que Braque y Picasso tenían por esta época la cabeza llena de parejas intuiciones. 1912 fue también el año del primer collage: "dejando que el espectador decidiese por sí mismo acerca de la ilusión de la realidad que había asumido una falsa apariencia debido a la simulación pictórica de los objetos pintados a su alrededor." (!)

Mark Tansey, Picasso and Braque, 1992
Pero he aquí lo raro, lo verdaderamente significativo de sus divagaciones amistosas:

"Dando muestras de un rápido ingenio, Picasso no tardaría en referirse a Braque como mon chere Vilbure, una alusión al recientemente fallecido Wilbur Wright (...) los dos artistas habían comparado más de una vez sus esfuerzos en el ámbito pictórico (ya que inventaron el cubismo) con los de los diseñadores de los primeros aeroplanos (...) de ahí el empleo que Picasso hizo del gran titular Nôtre Avenir est dans l'air en algunas pinturas de 1912 (...) Si no bastaba con un aeroplano para despegar de la tierra -dijo Picasso- añadían otro y lo ataban con trozos de cuerda y madera, algo muy similar a lo que hacíamos nosotros".

Cuerdas y tablas. Material de salvamento. Que lo diga Johns. Cuando le preguntaron porqué había hecho pinturas donde había fijado un alambre a un tenedor, contestó: "Cuando era niño oí que un hombre había reparado un aeroplano con un chicle". Una pura confianza de gringo en las herramientas guardadas en sus garages caseros.
(...)


nuevos órganos

"Delicias de Hélice

Se acabó la pintura
Quién lo haría mejor
que esta hélice ?
Dí, tú podrías ? ”.
Marcel Duchamp,1912.

¿ Aprendices de brujo ? Euforia de inventores. Como dice Jean Clair, es mérito de Duchamp el haber asumido el problema de modo diferente: "esta nueva realidad tecnológica no es simplemente algo que se agrega al hombre natural, ella lo cambia radicalmente, creando formas inauditas. La máquina no es simplemente un utensilio que prolonga el cuerpo humano, sino algo que se convierte en un injerto destinado a dar nacimiento a órganos insólitos".
(...)


con la cabeza en la espuma

El pensamiento es un sobrevuelo. Principio hermético del casco alado en acuerdo perfecto con la pasión de Nadar fotografiando París desde su globo. Por eso es fácil entender al amigo Ludwig, tan preocupado y tan nítido (pensamiento en sobrevuelo en lugar de la turbina) dispuesto siempre a la aventura instantánea.
"Alguien podría idear un aeroplano sin meterse en los detalles precisos. Podría imaginarse un exterior muy semejante al de un aeroplano auténtico, y describir pictóricamente sus efectos (...) Quizá aguijonea a otros para realizar otro tipo de trabajo. - Sí; en tanto que estos se ajustan desde lejos a los requisitos para construir un aeroplano que vuele de veras, se ocupa aquel en soñar cómo debe verse este aeroplano y qué debe hacer. Pero con ello NADA se ha dicho sobre el valor de estas actividades. La del soñador PUEDE carecer de valor - y también la otra."
¿ Soñadores ? Gaston William Adam de Pawlowski (1874 -1933), autor del Viaje al país de la cuarta dimensión, decía que para ucupar ese lugar se necesitaba
"abrir las posibilidades sobre la nueva manera de pensar modificando el lugar del espectador relativamente a lo que observa. Pues, en el dominio de la Idea, quien dice posibilidad dice al mismo tiempo realización."
Bergson, por su parte, amarra, con algún alambre, el aliento de esta veloz exhalación. Él dice que "el espacio es un conjunto de puntos, de cualquiera de los cuales se puede pasar a otro cualquiera; el tiempo, en cambio, es irreversible, tiene una dirección y cada momento de él es insustituible, irremplazable, una verdadera creación, que no se puede repetir y a la que no se puede volver". Es lo que llama la DURACIÓN REAL (la durée réel), "el tiempo vivo, tal como se presenta en su realidad inmediata a la conciencia".

También dice que el espacio y el tiempo son entre sí como la materia y la memoria, como el cuerpo y el alma, para compararlos luego con el pensamiento y la intuición, pues "sólo la intuición es capaz de aprehender la duración real, el movimiento en su inmediatez verdadera, la vida, en suma."
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magia en los moldes

Retomemos entonces ese viaje a lo posible, ya que todas esas trayectorias (flechas o trenes) es eso lo que velozmente representan, el flujo de lo temporal en una inexorable y extraña dirección: la de aquello que todavía no ha sido. Pero lo que pasa, porque sucede, es que ese posible "es únicamente un mordiente físico (tipo vitriolo) que quema toda estética y calística" (MD, 1913). Como decir que, en el fondo (pálidos señores), hay una pura y divina di-sol-ven-cia...

Es por eso que la pérdida del SENTIDO de la perspectiva (si ella es la figura favorita del sentido, en cuanto "se nutre de orígen", a la piadosa manera del Padre Gratry), termina por compensarse en la intuición: "la vida, en suma."

El ángulo entonces, amigos amantes del billar, posibilita con cada movimiento el objeto innombrable, "causa de su deseo".

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28 de marzo de 2006

Voisins du Zero

Hermafroditismo y velocidad
(una interpretación del Monte Carlo Bond, 1924)

"El Monte Carlo Bond u Obligación para la Ruleta de Monte Carlo se define como un "readymade rectificado e imitado", una litografía que reproduce un documento verdadero, un bono emitido en 30 ejemplares numerados con un valor de 500 francos cada uno. Los bonos, obligaciones comerciales para cancelar una cierta suma en una fecha definida y con un determinado interés, fueron rediseñados y emitidos por Duchamp con el propósito de conseguir fondos para experimentar un sistema matemático en el juego del Trente-et-Quarante; una martingala que le permitiría ganar "lenta pero seguramente" con el propósito de "quebrar el banco de Monte Carlo" obligando a la ruleta, un juego de azar, a comportarse como un ajedrez."



Para leer el artículo:

Original > español

Traducción > english

Publicado en toutfait




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Summary

This essay proposes an interpretation of Duchamp´s Monte Carlo Bond, the 1924 lithography created and reproduced thirty times with the purpose of collecting funds that would allow Duchamp to experiment with a mathematical system with which to win slowly but surely over the Monte Carlo bank in the game of roulette. Often mentioned in passing, the Monte Carlo Bond is usually discussed as a financial document, but to my knowledge no serious attempt has been made to interpret this particular work and recognize its significance within Duchamp´s oeuvre. In my interpretation, this work is of great importance for its symbolic and psychological implications, in addition to its meaning as a financial operation.

Most importantly, Duchamp´s foamy head –as it appears in the photograph placed over the roulette— has been repeatedly identified as a faun-like or demoniac figure, but a more overt connection has not been sufficiently recognized. Rather than see the lathered protuberances as ‘horns’, these can be more readily identified (through their form: not pointed as a devil´s, but curved back) with Mercury´s winged attributes. Once one sees Duchamp in the guise of Mercury, or Hermes, the meaning of the work takes a new turn and opens fresh alleys for interpretation.

After introducing the main elements contained in the image itself and briefly summarizing some of the ways that this image has been described, the first part of the paper focuses on Duchamp´s self-representation as Mercury (whether this was a conscious choice or not on the artist´s part) and its implications. On the one hand, Mercury/Hermes is commonly associated with financial activities; on the other, the presence of foam (aphros) as the material that gives Duchamp the appearance of Mercury becomes an essential iconographic component. Taking into account the signatures of Rrose Sélavy and Marcel Duchamp, as they appear in the Monte Carlo Bond, the theme of duality and its eventual resolution in hermaphroditism (Hermes + Aphrodite) is explored. This androgynous combination may be interpreted as the mythological ‘correction’ obtained through the conjunction of Mercury´s communicative capacity (exemplified in the movement of the roulette) with the perfection of potential success in the ‘figure’ of gambling, which is indirectly represented through Aphrodite´s attributes (love, beauty, sexual passion), of two human entities in conflict: Rrose Sélavy, the ‘widow’ whose signature appears beneath the black diamond, and Marcel Duchamp, the ‘bachelor’ who signs as “administrator” under the red one. In this particular case, where the hermetic image of Duchamp is placed on the strategic axis of the roulette, the roulette´s circular movement has the ability to fuse opposites into one, and the Monte Carlo Bond literally becomes the tie or ‘bond’ between two conflicting entities.

The second part of the paper is dedicated to the significance of the mysterious and recurring text in the Bond´s background: moustiques domestiques demi-stock. When considered next to nearly identical phrases used by Duchamp on other occasions, as for example three years later on one of the discs of Anemic Cinema, where the complete phrase appears as “on demande des moustiques domestiques [demi-stock] pour la cure d´azote sur la côte d´azur,” the text acquires a new meaning, and may be interpreted in relation to the alchemical substance Azoth (a vital substance with the power to bond the three basic alchemical elements together: mercury, sulphur, and salt) and to the French Riviera as ‘airy’ and therapeutic location –concepts which may both be transferred to the Bond itself, where opposites meet and dissolve one another.

Simultaneously, I explore the relation between this work and Duchamp´s near-to-contemporary works, such as The Bride Stripped Bare by her Bachelors, Even. The Monte Carlo Bond thus reveals itself as an essential piece for understanding the next and enigmatic step in Duchamp´s process after his supposed abandonment of art.
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26 de marzo de 2006

La Carta de Adán

Publicado en la revista ESTRATEGIA Económica y Financiera -julio 15 de 1995















El arte de las imágenes muestra que la historia de Adán (recibiendo la condenada manzana) se transforma a mediados del siglo XX en un cartero que entrega un mensaje del cual podría depender nuestra posibilidad de paraíso.



I
El grabado en madera de Durero (1504) y el mural de Sally F. Haley en McConnesville, Ohio (1938), no parecen tener mucho en común si se los considera por separado. El mural, como dice su título: MAIL - The Connecting Link, es un homenaje al correo, al “vínculo que conecta” mientra que la imagen de Durero repite el enigma, con frecuencia olvidado, de nuestra condición humana: Adán y Eva. En una palabra, el destierro, la caída genética que dió pié a todas las historias.

Cuestión, entonces, de ponerse a observar, puesto que las imágenes son una forma de lenguaje. Por eso, si las colocamos una al lado de la otra, la estructura común se evidencia: al centro, un árbol, a la izquierda un hombre, y a la derecha una mujer. Además, algo sucede, algo pasa de una mano a otra: Adán recibe la manzana mientras que “Eva” (la mujer) recibe a su vez una carta, un mensaje.

En el grabado, la aparente sencillez del asunto se ve condimentada por la presencia de animales diversos dispuestos enigmáticamente como un jeroglífico: un ciervo oculto mimetizado en las ramas del árbol; un loro parado sobre una especie de pancarta con la firma y fecha del artista; la consabida serpiente enroscada; un buey como de pesebre que mira fijamente un conejo; un mullido gato acechando un ratón cuya cola aparece sostenida por el pie derecho de Adán (señal, tal vez, de una inminente y fatal diferencia); y al fondo, sobre un risco escarpado, una cabra solitaria contemplando el abismo.

La mera nomenclatura no alcanza a dar la clave completa de esta frase visual. El lenguaje de la imagen es un "decir" diferente. Un lenguaje condensado, expresado y dispuesto bajo el dictámen de un orden determinado por necesidades ocultas, como el de los sueños. Por eso no existe una interpretación que cancele el enigma resolviéndolo. Tan solo hay versiones, reflejos alrededor del que le da por mirarse en ese espejo. Sin embargo, para ver no basta con mirar. Ver no es un acto pasivo sino un acto que relaciona, figura sobre figura, gesto visto sobre gesto recordado. El cuadro, la imagen, está allí para magnetizar la atención, para recoger en la extensión de su superficie la posibilidad de un imaginario disperso.

El tema de Adán y Eva nos habla del legendario momento de la expulsión del Paraíso, del Edén, hacia el lugar de “la mancha”. Es una imagen vox populi, conocida por todos. En ella se representa el momento decisivo de un parto, de un desprendimiento; la diferencia introducida por una conciencia ensimismada, separada del todo. De ahí la idea del espejo como objeto que introduce el conocimiento. Con él, el Ego con todas sus consecuencias culturales, queda inaugurado. En medio del drama, la vergüenza del sexo (sectus) se percibe como un seccionamiento, como una separación. De ahí en adelante no habrá más que un buscarse el uno en el otro sobre un fondo temporal, inexorable.

Así y todo, esta caída posee su redención, su contrapeso liviano: el asunto de La Anunciación. En Fra Angelico se representan simultáneamente las dos situaciones: Al extremo superior izquierdo, un ángel (espada en mano) expulsa a los primeros padres mientras que al frente, como viniendo de ese lugar, el mismo ángel se acerca (esta vez, portador de la buena nueva) mientras la muchacha, la Virgen, espera en perfecta inocencia. En resúmen, una escena de amor -bastante recurrente en la mitología pagana- entre un dios y una virgen. La Anunciación es el gran tema fulminante del arte de occidente: ¿Quién se hubiera atrevido a pensar que un dios encarnaría a partir de una mujer ?

Expulsión y Redención son los dos grandes paréntesis que encierran el imaginario cristiano. Entre ellos, el problema de la comunicación es evidente.


II
En el intermedio de una obra de teatro, Marcel Duchamp y Brogna Perlmutter representaron en 1924 “un cuadro vivo”. La inmóvil pieza, reconstruye el Adán y Eva de Lucas Cranach (contemporáneo de Durero). En ella, Adán, como siempre a la izquierda, escruta a una Eva moderna que le devuelve la mirada cubriéndose “púbicamente” con su mano izquierda mientras extiende con la otra una manzana imaginaria. Hasta allí, todo coincide con la pintura de Cranach. Adán, extrañamente barbado y con el pubis rasurado, ostenta en su brazo izquierdo un reloj impertinente. Suponemos que lo único que se mueve en medio de esta escena detenida son las lancinantes manecillas: pequeño corazón atado a un pulso igualmente palpitante. Título de la obra: Relache. Descanso, relajamiento, distensión... Como dijimos, se trata de un paréntesis, de un intermedio, de unas vacaciones.

Woody Guthrie, legendario cantante americano, resume la historia diciendo:

Yo vi a Adán dejar el paraíso
con una manzana en la mano.
Le dije, ahora estás fuera,
qué vas a hacer ?

Plantar algo de grano, dijo;
rezar por un poco de lluvia, dijo.
No hay mucho tiempo.
Y estamos tan sólo de paso.


O Joyce, aún más crudamente:

¿Qué podrías pensar en la profundidad de tus pensamientos sino cómo empezó todo y cómo te debatirías con tus escrúpulos para asumir la imperfección?

La historia está en todas partes. Por eso siempre reaparece. Es una simple constatación el darse cuenta que las formas cambian y los contenidos permanecen -los cuales son necesariamente pocos y enigmáticos. Si no fuera así, se agotarían, se disolverían dejándonos sin ninguna referencia. Sin enigma central, sin misterios permanentes, no sería posible lo “común” de la comunicación ni podría elaborarse la cultura. Como si cada época colocara el ropaje de su circunstancia sobre el mismo esqueleto, y al hacerlo, terminara por revelar su particularidad destacándose sobre la urdimbre del mito.


III
Lo interesante del mural de Sally F. Haley, entre otras cosas, es que no se llame “Adán y Eva”. Las figuras, inconscientemente, son tan claras que no lo necesitan –probablemente, ni ella misma sabe que los está pintando. Es su inocente y lúcida intuición lo que la lleva a entregarnos esta moderna versión del mito. El título, un homenaje al correo, nos informa de un secreto vínculo más allá de lo meramente descriptivo: la relación amorosa.












Su escenografía (actualización del Paraíso) describe con exactitud aquello en lo que se ha transformado: En lugar del ciervo hay un tren (la estación detrás del árbol podría tranquilamente llamarse Eden Park); donde estaba el buey sedentario aparece un activo muelle con barcos y estibadores; vemos casas y fábricas; el loro, animal que reproduce el lenguaje, se convierte en un buzón de correo; todo se agita como gatos persiguiendo ratones... Tal parece que “Adán” está de viaje mientras su mujer aparece acompañada por el fruto de una hija saludable como una manzana. El ángel que anuncia, no es otro que el cartero que llega, raudo, en cumplimiento de su misión sobre la urgente velocidad de la vía férrea... Nos reconocemos en la actualidad de la imagen hasta el punto de casi olvidar de qué se trata.

Naturalmente, el mural resulta ingenuo. No sólo en su estilo, sereno e ilustrativo, sino por la confianza moderna expresada en el título. Hoy, años más tarde, percibimos con mayor claridad los síntomas del desequilibrio, la señal arrogante. Nuestro tiempo no ha logrado aún conciliar la fascinación por el vértigo adquirido y la reflexión que merece su impulso.

En el espejo Eva es Ave, las letras se invierten. El sobre que el cartero ha entregado responde así, simétricamente, al gesto de Eva entregando la famosa manzana. En cuanto al contenido del mismo, este podría reproducir lo expresado en el ingenioso y escueto palíndromo: ¡MADAM I’M ADAM!
(mientras la historia comienza de nuevo).
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25 de marzo de 2006

Entre Lógica y Experiencia

A partir de las Observaciones sobre los Colores de Ludwig Wittgenstein
(Bemerkungen über die farben, 1950-51)

Conferencia dictada en el seminario Color de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2000.
Publicada por la UJTL -Color, Reflexiones / Cuadernos Temáticos














1a. parte

(notas tomadas de Wittgenstein, biografía por David Pears. Grijalbo, Barcelona, 1973)

Algunos antecedentes

Kant, siglo XVIII.
Distinción entre filosofía metafísica y filosofía crítica.

“ Los grandes sistemas de metafísica especulativa venían apoyados en el vacío... De haber existido un punto de observación ideal y un conjunto adecuado de ideas, este sistema metafísico podría haber visto el mundo del pensamiento y la experiencia humanas desde afuera y hubiera podido escribir un libro que situara dicho mundo en un sistema más amplio. Pero, según Kant, nadie puede conseguir tal trascendencia, porque cuando la filosofía trata, a un tiempo, de ir más allá de toda experiencia posible y de retener la visión de la experiencia, se encuentra en un callejón sin salida. Así pues, la tarea específica de la filosofía no puede ser otra que la crítica sistemática del pensamiento humano de cara a demostrar la imposibilidad de la especulación metafísica. El pensamiento se vuelve verdaderamente filosófico cuando mira hacia atrás y se examina a sí mi